PULCINELLA, el migrante
Por Genoveva Mora | enero 31, 2012
Luego de un largo, larguísimo periplo, Pulcinella viene a parar en Ecuador, gracias a la creatividad de Fiore Zuly, el director de Teatro Simurgh, investigador y actor que hoy nos deleita con un magnífico personaje.
En esta propuesta se las juega entero como actor, bufón de la Comedia del Arte, que tal pareciera haber llegado a este tiempo en cuerpo y alma.
Un unipersonal que se sostiene, principalmente, en un lenguaje corporal exquisito, preciso en su gesto. Fiore pone en escena su propia pedagogía centrada en la búsqueda del actor antiguo. Trabaja desde la apropiación, su cuerpo y su voz están poseídos del legendario personaje, quien por magia del teatro lo tenemos frente a nosotros respondiendo a nuestro imaginario: ágil, espontáneo de gesto y palabra.
Ciertamente da mucha satisfacción enfrentarse a trabajos tan cuidados, profesionales en todo sentido: una dramaturgia textual, escénica y corporal que dibuja al histórico Pulcinella, un cuerpo que habla tanto como la palabra y un espacio que se transforma con la presencia del actor.
foto. Silvia Echevarría
Fiore Zuly, como Pulcinella
¿SOMOS LO QUE MIRAMOS?
Por Santiago Rivadeneira | enero 22, 2012
Hace unos días el diario The Herald-News comunicaba la noticia de que en Illinois “un estadounidense joven ha sido acusado de arrancarle los ojos a su tío en una disputa por la tenencia del control remoto de televisión”. Y agregaba el escueto informe: “Los agentes de la policía del condado de Will dijeron que fueron llamados (…) a una residencia de Joliet Township, donde descubrieron a un hombre de 62 años con los ojos ensangrentados”.
¿Qué tendría de sorprendente esta noticia más allá de la inmediata reseña como posible acto criminal o de simple violencia doméstica? Hay que reconocer algunas consideraciones pasmosas que pueden llevarnos a un análisis cabal, si ubicamos antes el acontecimiento en una traza distinta. Por ejemplo, que la agresión del sobrino fue, en rigor, una “acción política” aunque haya sido cometida al calor de un altercado. Y está enseguida, el signo de lo abyecto, de lo trágico, de su negativa espectacularidad y trascendencia que ilustra el “ojocentrismo” (o el ocularcentrismo) en que ahora vive la humanidad. (M. Garcés)
La autoridad del ojo casi resulta irrefutable. Porque en nuestra calidad de espectadores contumaces, solo fraguamos como posibilidad de visión, lo que alcanzamos a percibir del mundo y la realidad dolorosamente hípermediatizados. El acto de ver tiene predispuesta una monstruosa jerarquía, en relación con los otros sentidos. Julia Kristeva decía que la desarreglada o descompuesta cultura de la imagen, solo puede provocar seducción, rapidez, brutalidad y ligereza. Dentro de este totalitarismo visual, lo único que se comparte es el juego en el que “nadie juega y todos miran”. (Citado por Marina Garcés. Visión periférica. Ojos para un mundo común en el libro Arquitectura de la Mirada)
Este exceso de visión concentradora empuja al individualismo extremo en el que somos, por desgracia, autores y público de nuestra propia imagen. Somos dioses al revés: estamos hechos a imagen y semejanza del mundo. Por lo tanto, el mundo-imagen también es nuestra ceguera virtual, como desarrolló y planteó el escritor portugués Saramago en su novela sobre la ceguera.
En el caso de los dos sujetos que menciona la noticia hay que añadir su estado de pasividad y aislamiento, cuya parsimonia aceptativa les convierte, como a muchos otros, en receptores incondicionales de imágenes producidas al granel. Ver o mirar tiene efectos políticos y sociales contundentes, que repercuten en las relaciones, en las formas de convivencia y en la “ubicación centrada que reclama el mundo contemporáneo”. ¿Somos lo que miramos? –como sentenció en su momento el filósofo Plotino. ¿O somos lo que queremos ver? -como dice Garcés.
LOS AÑOS VIEJOS
Por Santiago Rivadeneira | enero 2, 2012
La irreverencia y el cuestionamiento al poder, marcan las fiestas populares con las cuales se pretende despedir al año que termina y dar la bienvenida al nuevo ciclo de un tiempo distinto y fecundo. Hay una “dramaturgia social”, una teatralidad muy ligada a lo carnavalesco, en el sentido de que la euforia colectiva intenta, por algunas horas, invertir el orden del mundo.
Es un sueño recíproco, compartido, de deseos mutuos porque el estado de cosas cambie. Esa percepción del tiempo se escribe como una trama de paradojas de orden lógico y metafísico, frágil, de decisiva duración, que reclama la sugerida amenaza de un tiempo suspendido que siempre se cuenta al revés: doce, once, diez, nueve, ocho, siete, cinco… hasta el momento en que se arriba a un espacio fronterizo en el que la aventura de la imaginación estalla, exorcizada por la figura melancólica de una “monigote” rellenado con aserrín o papel al que vamos a incinerar.
Los Años Viejos son parte de nuestra frívola mitología personal, que en medio del linde del año que termina y del que se inicia, finalmente corresponde a todos los presentes que alientan el fuego para consumar los malos pensamientos. Por eso mismo la racionalidad ya no existe; tampoco el tiempo de la cotidianidad. Incluso el lenguaje sufre espectaculares transformaciones.
Sexualidad y sensualidad burlescas sirven para caricaturizar a propios y extraños. Y los seres humanos de todas las condiciones sociales, cambian de máscaras para improvisar roles distintos, porque ahora, en ese tiempo detenido de la cuenta regresiva, la voluntad estética manda a la apariencia sociológica. Y no existe nada de comparable con esos roles virtuales: la viuda que lamenta a gritos la muerte de su consorte, los espectadores y transeúntes que se suman al cortejo funerario, los payasos y los mirones de a pie que esperan la lectura del legado. Esa especie de sonambulismo social choca, sin embargo, con obstáculos insuperables, porque después de la última campanada hay que restaurar el tiempo de a de veras y devolverle al mundo sus particularidades esenciales.
Los demás recuperamos el sentido de la realidad sobre las cenizas aún chirriantes del Año Viejo, la condición de seres tangibles ya en la vigilia, ya en el sueño y el comercio recíproco del orbe cotidiano porque tiempo, espacio y casualidad son solo “metáforas del conocimiento” con las que intentamos explicarnos las cosas.
Todo lenguaje es parcial, una forma de expresión hecha a la medida de los seres humanos. El lenguaje no nace de la “verdad” sino de la memoria, de la escucha y del presentimiento. En cambio olvidar es desaprender y en ese sentido, los Años Viejos nos muestran, a fin de cuentas, que representar también es recordar. Y la fiesta popular del 31 de diciembre de cada año, siempre será una maravillosa y a veces impúdica representación.
FOTO FIJA DEL TEATRO ECUATORIANO
Por Santiago Rivadeneira | noviembre 19, 2011
La mañana de aquel día debe haber sido muy tibia, propia de Quito, de afluencia afortunada porque estuvieron “casi” todos. Ahora los recuerdos parecen huir pero hacia algún sitio absurdamente asignado a una felicidad secreta y simple.
La mañana quiteña no obstante, debe haber estado fatalmente tibia. Este asomo de tibieza indefinible y probablemente soñado, vincula la mañana de aquel día a aquellas demás mañanas y noches vividas ayer, hoy mismo.
Foto de familia o foto fija, es un concepto que tiene sus complejidades semánticas y ontológicas, además de visuales. Puede estar determinado por la aparente inmovilidad, por el estatismo. Esa fijeza gráfica es propia del tiempo.
¿Quién tomó la fotografía? No fueron muchos los fotógrafos que dedicaron parte de su tiempo al registro de los espectáculos de danza y teatro. ¿Cuántos teatreros (¿O teatristas? Siempre fue una discusión insustancial, pero que demandó de los allegados muchas horas de sesudas reuniones. Había tiempo hasta para eso) están en esta “foto de familia”?
El teatro ecuatoriano ha tenido sus canículas particulares y también sus “auges y caídas” como todo cuerpo colegiado. Pero los ramalazos y los regodeos tienen la misma equivalencia en el teatro. Eso lo dijo Pancho Aguirre en Cuenca y mostró a los presentes del coloquio la “foto de familia”, en una conversación que se gestó en el reciente evento, Escenarios del Mundo.
Para quienes estuvimos en ese proyecto y en ese momento histórico que se llamó Primer Congreso de Trabajadores de Teatro (Organizado por la ATTE y auspiciado por el Departamento Cultural del Banco Central del Ecuador) que se realizó en 1987, la generosidad de la vida solo apunta hacia la alegría. Es mejor contemplar esa vida en su templanza: fuente de regocijo, dispensadora de cuerpos alegres, de horas omnipotentes, en cualquier estación.
¿Quiénes están en la imagen? El “Pelado Villareal”; la Claudia Monsalve; el José Vacas, con barba luenga; El Pancho Olmedo; la Adriana Oña; el “Enano” Villalba; el Diego Pérez; Carlos Villalba, el “Chamburo”; la Charo Francés, recién llegada de España al lado del Fernando Moncayo; el Ángel Vélez; el “Enano” César Santacruz; al fondo a la derecha y con sombrero, el Carlos Michelena; el José Morán, entre otros que ustedes podrán localizar: una cincuentena de actores y actrices muchos de los cuales están en fecunda actividad.
Agüita de viejas
Por Genoveva Mora | noviembre 12, 2011
Agüita de Viejas
Y está muy buena…
(Como dice la canción)
He de reconocer que, aunque mis preferencias teatrales no van por ese rubro, me divertí mucho con la refrescante agüita brindada por doña Tomasa y su amiga la Miche (ningún parentesco con el Miche porque estita es del Austro).
No sabemos si están en el hospital, en un ancianato o en la casa de una de ellas, lo cierto es que se están dando un tintecito a los cabello que quedad. El par de amigas comparten cuarto, suero y medicina; y claro está, la charla de cada día, que es precisamente la sustancia de este texto de María Beatriz Vergara.
Lo coloquial y cotidiano se aborda de manera muy humana, en clave de humor. Lo grotesco, irremediablemente presente en la vejez, se lo retrata con mucha humanidad, sin caer en el ridículo ni solazarse con la precariedad física que es el más evidente peso de la edad.
Muy ocurridas, diría mi madre, y es que una ocurrencia lleva a otra y en esta cadena de vicisitudes mentales a causa de la desmemoria, se sustenta el diálogo de las ancianas que se quieren y detestan, se conocen y soportan como los años mandan.
-… ¿Oyes y no será de lavarnos la cabeza? ya estamos 5 días con este tinte, nos vamos a quedar calvas
-¿Más de lo que estás? ¡imposible! Además en la caja dice 30
-¿Meses o días?
-Como va a ser meses Miche, no seas exagerada
-No es exageración hijita, pides una cita ahora y te la dan para después de tres meses, hasta eso el guagua ya tiene dientes
-¿De qué hablas?
-Del Seguro social pues, que será muy social pero no es tan seguro…
Dos personajes muy bien concebidos, física y espiritualmente, hacen de este retrato, “de una clase e viejas”, como dirían en cubano, que dan cuenta de un modo de ser y de estar en la vida. Entre lo que dicen y lo que callan, nos volvemos confidentes de sus pensamientos y sus picardías.
Juana Estrella –la Miche- es la vieja menos vieja, bajo su capa de simplona, de rato en rato le suelta la plena “a la de abolengo” la que recita sus ancestros que, además, se van refinando cada vez que los repasa.
foto cortesía de María Beatriz Vergara
PRESENTE Y FUTURO DE LA REVISTA CULTURAL
Por Santiago Rivadeneira | octubre 29, 2011
Bajo la premisa de que pueden ser consideradas como textos colectivos o vehículos y herramientas para la formación de demandas culturales que pudieran favorecer a hipotéticos o reales lectores, ávidos de aproximarse críticamente al hecho artístico, se convocó al Encuentro Internacional de Revistas Culturales que se realizó en Quito y Guayaquil del 26 al 28 de octubre.
La revista Anaconda fue la promotora del evento que congregó a representantes de México, Colombia, España, Perú, Chile, Brasil, Argentina y, por supuesto, Ecuador. Álvaro Sobrino de España, diseñador, editor de la revista Visual, abrió el encuentro con una “Conferencia magistral” sobre el presente y el futuro de las revistas culturales.
Y, entre esas dos instancias temporales –presente y futuro- transcurrieron las advertencias de los expositores, que se empeñaron en demostrar que las revistas culturales pueden ser objetos diligentes y transgresores, de alcances estéticos y éticos limitados pero de incidencias inciertas. Los editores y directores hablaron de influjos y de preponderancias, así como de creatividad, estrategias, augurios y desconfianzas conceptuales, porque las revistas culturales solo pueden vivir de su propia negación, “preguntándose sobre sí mismas, sobre la función, sobre la necesidad de su existencia, su especificidad y diferencia”, según una cita de Manuel Ortuño, leída por Sobrino.
¿Qué es una revista cultural? Es un albur, una chiripa, un destino en primer lugar. Y, después, un desacierto epistemológico y cultural necesario, al que se le atribuyen designios ilusorios, que actúan como correctoras de la arrogancia y el etnocentrismo de la “cultura”. Porque también se intentó definir lo que es cultura, considerando los eternos giros idiomáticos, semánticos, filosóficos e históricos. De hecho, la cita culminó con una somera aproximación a la “Ley de culturas” y a la “Ley de comunicación” que se tramitan en la Asamblea Nacional.
Las revistas culturales son un “cuerpo” morrocotudo, sentido y percibido en la experiencia, que intentan actuar como si fueran, realmente, organismos habitados por la conciencia del lector y como quicio de nuestra propia inserción en el mundo. Y, sin embargo, las revistas culturales, son también un cuerpo que nunca podrá ser objetivado del todo, porque sucede con ellas, de alguna manera, lo mismo que sucede con el sujeto-lector: constituyen la “forma contingente que tiene necesidad de mi contingencia”.
En el listado de revistas participantes estuvieron Visual de España, Arcadia y El Malpensante de Colombia, La Tempestad de México, Sudestada de Argentina, Etiqueta Negra de Perú, Clavel del Viento de Chile, El Apuntador y Anaconda de Ecuador. Expositores provenientes de la cátedra universitaria, críticos de arte y la asambleísta María Augusta Calle.
EL TEATRO POLITICO HOY
Por Santiago Rivadeneira | octubre 23, 2011
Reflexionar sobre la contemporaneidad del teatro ¿implica también pensar si hay una relación –directa o indirecta- entre teatralidad y política? Conforme transcurría el festival Alas Tablas y Compromiso Social de Riobamba, lo evidente fue encontrar que lo político impregnaba cada una de las puestas en escena y la discusión se avivaba alrededor del compromiso, la denuncia o las “variaciones de la sensibilidad social”.
¿Cómo definir o reconocer “lo político” en el teatro contemporáneo? A qué se liga esa teatralidad, se preguntaron con insistencia directores, actrices y actores de los grupos que participaron en el encuentro. Lo concreto es que la imagen de la escena actual ya no hace referencia a las viejas categorías de revolución, proletariado o lucha de clases.
Y, sin embargo, se dijo, están los temas de la injusticia, de la guerra, de las iniquidades. Incluso en Entretelones y otras vicisitudes del grupo Epidauro de la Universidad Técnica Estatal de Quevedo, el texto es un alegato a favor del “teatro que construye verdades”, pero que reclama una actitud frontal a favor “el teatro de calidad” y en contraposición con aquellas “posturas radicales” que agreden al público con chistes grotescos y superficiales.
Se dio cabida a la discusión sobre la actuación, el personaje, el texto, el arte del actor o la autorreflexión y auto tematización del teatro. Porque el asunto fue que no podía quedar fuera del análisis, el hecho fundamental de cómo representar la relación entre el actor, el personaje y la propia realidad que se pone en cuestión a través de un texto y de una puesta en escena.
¿Cuáles fueron esos elementos con los cuales se intentó la construcción de una teatralidad que se junta de manera inexorable a lo político? Los elementos populares –se dijo- como en la obra Azul, naranja, verde y espuma, adaptación y dirección de América Paz y Miño, del grupo Teatro de Oro de Machala. El uso de objetos con enorme carga simbólica que vimos en La flor de la Chukirawa de Contraelviento o el negocio de la guerra que el grupo Pacari de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo puso en evidencia en la obra La nueva inquisición (texto de Inés Zapata y dirección de Marco Murillo) que también están expuestos en Alquimia de Entretelones o el “adentro y el afuera” y la alteridad de la Vitrina de maniquíes que el teatro La huella de la Universidad Tecnológica Equinoccial mostró la última noche.
Y fue político el festival, sobre todo porque los jóvenes integrantes de los grupos universitarios de teatro, pudieron juntarse con integrantes y directores de grupos profesionales e independientes del país, para exponer sus puntos de vista más allá de la perentoria participación en sus respectivos colectivos.
El asalto del siglo
Por Genoveva Mora | octubre 21, 2011
Foto. Silvia Echevarría

Cacho Gallegos sigue dando de qué hablar, esta vez, dirigiendo a Geovanny Pangol en una obra de clown, El asalto del siglo, cuya dramaturgia pertenece a los dos.
Con un teatro lleno, no solamente de público sino de muy buena energía, a pesar del calor que siempre agobia en esa salita de la Alianza Francesa de Quito, el protagonista de esta propuesta en clave de clown, asalta fuertemente a nuestras emociones. Este texto de silencio y humor ácido resuena muy fuertemente en nuestro cerebro y en nuestro corazón.
Por momentos tuve la sensación de que aquel policía gordo y cínico de la película de Segura había regresado, reducido en tamaño pero no desfachatez, en esta ocasión para descargar todo su humor negro y desparpajo ya no con su anciano padre sino con una víctima mucho más pequeña, un bebé. Pero no, es Pangol quien sostiene este humor con bastante pulso, a pesar de que hay momentos en que ciertos recursos, puntualmente el del llanto del bebé, se torna muy repetitivo y en un tono, que si bien se impone, saca al espectador del pacto establecido con el personaje, porque incluso eso de quitar al bebé de la cuna y evidenciar el artificio, se anota como un acierto, que, sin embargo, pierde peso cuando se insiste el llanto y la risa a todo volumen.
Ayer fue el estreno, por tanto hay mucho para afinar, tanto desde la escena como desde la mirada espectadora.
El trabajo corporal está muy cuidado, el gesto harto preciso, la fábula está bien llevada; por ello, según mi punto de vista, no haría falta ese mecanismo de interacción con el público, que a veces se usa como para asegurar una condescendencia, que en este caso no hace falta. Entregar el pañal sucio a una espectadora no le agrega nada a la dramaturgia, al contrario cae en el descuido, porque formalmente hablando, ese objeto no puede quedar olvidado en el pasillo de la sala.
Finalmente diré que asaltos de este tipo son saludables para cuestionar, desde un humor inteligente, temas como la moral, la ausencia de escrúpulos y pensar también que en medio de tamaño cinismo hay espacio para la ternura.
EL ACTOR, LA MIRADA, EL PUBLICO…
Por Santiago Rivadeneira | octubre 19, 2011
El Festival de Teatro Alas Tablas y Compromiso social, tiene sus particularidades conceptuales y estéticas. Es un espacio para que los grupos universitarios de teatro puedan mostrar sus trabajos. Está destinado a los habitantes de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo. Se acogen las distintas propuestas del teatro independiente del país. Y, se intenta, con rigor y profundidad, una “evaluación, análisis y crítica de la realidad actual del teatro ecuatoriano” en lo concerniente a la dramaturgia o respecto de las nuevas tendencias que se reconocen en las puestas en escena.
¿Cómo se combinan y se exponen estos elementos? Se diseñó una metodología simple: los trabajos, tanto de los grupos universitarios como del teatro independiente, son analizados en sendas conversaciones que se cumplen después de cada jornada diaria. Afloran, por supuesto, las pasiones, los sentimientos, las premisas –cumplidas o no- y la preocupación compartida en relación con el teatro, sus exigencias y rupturas.
Se habla del texto escrito o espectacular tanto como de la puesta en escena, o de la dirección, la formación de actores y de los cambios, visibles o no, que ha sufrido el teatro ecuatoriano. Es el intercambio de opiniones y puntos de vista, los que dinamizan las discusiones y el debate de los protagonistas, jóvenes y “consagrados”. Las tesis se sustentan con argumentos plenos. Se citan autores y teóricos importantes, mientras las miradas se concentran en la salud del teatro como el lugar que propicia múltiples encuentros.
Los estudiantes del grupo Epiduaro de la Universidad Técnica Estatal de Quevedo refieren sus entretelones y otras vicisitudes teatrales (así se llama la obra), las situaciones de crisis que obliga a definiciones urgentes, la auto tematización del teatro, las experiencias compartidas, los avatares porque el tiempo no alcanza para nada cuando hay que compartir con sus otras obligaciones académicas, etc. Y los integrantes del grupo de teatro Cabuya de la Universidad Autónoma de Quito, cruzan ideas y preguntas con los directores e integrantes de Contraelviento, Tilintintero, Entretelones y descubren que también hay una historia del teatro, con hacedores y creadores que a estas alturas, algunos están celebrando sus “primeros veinte años” de actividad ininterrumpida. La pasión y el deseo se confunden en una atmósfera que a veces se repleta de anécdotas, de recuerdos y de detalles significativos.
Está el público estudiantil que asiste al Auditorio Politécnico de la Universidad, cargado de expectativas, de franca curiosidad, tal vez sin referencias previas y descubre un mundo de especiales connotaciones porque son historias cercanas como La leyenda de los roles del grupo Cabuya, que cuenta cómo funciona la sociedad cuando determina el acérrimo cumplimiento de roles a mujeres y hombres; y después el grupo Contraelviento les muestra la historia de una madre campesina en la obra La flor de la Chukirawa, que se enfrenta a la realidad de haber perdido a su hijo en una guerra extraña, lejana y estúpida. Y esa confesión se extiende en un espacio que construye una secuela de teatralidad autónoma a través de superficies de lenguajes antinómicos. Es decir, el lenguaje no aparece como discurso entre personajes o entre voces, sino que la puesta en escena funda principios de narración y de figuración, siguiendo una disposición espacial que pone en evidencia la superficie material de la imagen y su realidad, con otra lógica de sentido.
En fin, que en estos días de encuentro y de confrontación también se hacen evidentes “los secretos del oficio” y de los oficiantes.
1er ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MIMO
Por Genoveva Mora | octubre 19, 2011
Empezaré diciendo, como anota la popular sabiduría, “para curarme en sano” , que respeto mucho el trabajo de Luis Cáceres, que celebro esta iniciativa de propiciar un encuentro para mimo y auguro que lo que sigue, desde hoy, cumpla su objetivo, de hecho está el respaldo de agrupaciones nacionales como Teatrovando, Arista, La Buena Compañía, a quienes he visto en escena y doy fe de su profesionalismo.
Estuve ayer en la inauguración en la Demetrio Aguilera, donde se abrió el telón con los estudiantes de mimo de la UCE, cinco estudiantes (4 varones y una mujer) quienes dieron cuenta de su aprendizaje y esfuerzo y pusieron frente al público un ejercicio escénico honesto.
No obstante, no puedo manifestar el mismo respeto al trabajo del mimo colombiano Luis Clavijo, cuya información profesional es ciertamente admirable y crea una expectativa que , cuando Mimo Chuin sube en escena, se desmorona estrepitosamente, por la pobreza de un trabajo que, a mi manera de ver, agrede al espectador, yo lo sentí como una tomadura de pelo. Aunque, tristemente, debo reconocer que el público estaba disfrutando mucho de este simulacro, en el que para colofón, tomó a dos personas del público para reírse y hacer reír. Encuentro muy poco ético llevar a un niño al escenario y convertirlo en bufón. Ya lo dije, la gente reía muchísimo. Todos sabemos cómo funciona este mecanismo, pero para no equivocarme, tomo prestadas las palabras del maestro, Freud señala “ la esencia del humor consiste en que uno se ahorra los afectos, eludiendo mediante un chiste la posibilidad de semejante despliegue emocional. De esta manera el Yo rehúsa dejarse ofender y elude el sufrimiento mediante el humor, triunfando así el principio de placer” . (por favor traducirlo a la escena).
Por otro lado, se acepta cierta informalidad en estos eventos, pero, mi estimado Luis, quien hace de maestro de ceremonia debe manejar, por lo menos, una mínima información acerca de los participantes, obras, etc. más aún si ya se ha cumplido cuarenta y tantos y se sabe que la vista no ayuda por más que estires la mano…











