Santiago Rivadeneira Aguirre
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El nuevo estreno de Jorge Alcolea con la Compañía Nacional de Danza -al que se le ha denominado La ilusión- es el (a) tributo de la aprehensión, la singularidad de un entre-lugar (o una metateatralidad) que se emplaza en medio de la representación originaria -la de la imagen- que ha sido capaz de hacer un esbozo de la presencia, como si todo pudiera pertenecer al espacio escénico.

Ahí es cuando surge el discurso (la arquitectura de la ilusión) que se alimenta de la ambivalencia, de los múltiples sentidos, del ‘juego de lo otro y de lo mismo’, de la ausencia y de la presencia al mismo tiempo. Las historias que la obra describe, deambulan muy sueltas de cuerpo y su circulación (escénica) es un comienzo relativo, propio de la finitud que les acosa. Alcolea es un coreógrafo que se las ‘arregla’ para copar el vacío -en los múltiples sentidos- trabajando la espectacularidad de la ‘alienación ilusoria’, para construir un camino que nos lleva al gesto, a la palabra, a la referencia corporal de una temporalidad que está perimida o ausente de antemano.

Así se construyen las historias de La ilusión en las que aparentemente todo está dicho; y sin embargo, también están las desiguales distancias (entre las historias, el espectador y la percepción) que son los recursos para la aproximación y el punto de vista desde el cual hay que ver o mirar y entender las propuestas de lectura de la obra de Alcolea. Como si la ilusión tuviera su propia contextura.

Jorge Alcolea también es el coreógrafo de la las externalidades, entendidas como forma de (re) presentación y de verbalización; que se adueña de la palabra, de los temas simples y cotidianos, de la imagen, del gesto, del tiempo suspendido, y que apela a las emociones, a la significación errante, alegórica como en Un puerta, ‘La condición’ y ‘La gran nostalgia’. La danza contemporánea ‘cuenta’: había una vez… y opera la ficción y el movimiento, los cuerpos que copan el espacio y lo reiventan.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS ILUSIONES DE JORGE ALCOLEA |Santiago Rivadeneira Aguirre