Santiago Rivadeneira Aguirre
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Cuando Darío Fo y Franca Rame estrenaron Pareja abierta en 1983 jamás podrían haber imaginado que ese texto se enfrentaría a un sin número de puestas en escena, (y de cuestionamientos) así como versiones y acomodos, dependiendo del ‘humor’ y la orientación que cada director quería darle. Y ese puede ser, en el extremo de las consideraciones, la mejor virtualidad de la obra. Que es dúctil, maleable, acomodable y manejable. Todos los sinónimos caben, repetidos, combinados o yuxtapuestos, no importa.

El colectivo Agon Teatro nos entrega una versión reciente de Pareja abierta, dirigida por Jorge Alberto G. Fernández, en la que intervienen Manolo Morales y Valentina Pacheco, estrenada en el Cine Ocho y Medio y que extenderá su temporada todo el mes de mayo en distintos escenarios.

Esta vez hay un giro que pretende ser distinto (o diferente) para actualizar el tema del machismo, la liberalidad de las relaciones de pareja y el compromiso que se subvierte cuando las contingencias arrecian: hablarlas desde la ‘tragedia’. Así dice al menos el epígrafe del programa de mano, que está planteado como un elemento cercano a la ironía antes que como una inversión sugestiva del significado original.

Por supuesto que hay una firma del director (y de los actores debemos suponer) para proponernos un drama conyugal que mantiene el humor, el sarcasmo y el desparpajo, elementos de la dramaturgia fobiana que dibujan los acentos de la conveniencia de quienes sostienen una verdad con mentiras. En ese juego lo prioritario son las sucesivas lecciones que se transmiten y que el público recibe como es debido porque la lectura no permite muchas sorpresas, ya que el juego es seguirles el juego a los personajes.

En un matrimonio ‘tipo’, el marido es el único (in) fiel de la pareja, bajo la vieja y gastada premisa de que todo depende del punto de vista y de la ubicación semántica y de estrategia del lenguaje y del concepto. Por eso cuando el marido -adúltero y cínico- le propone a la esposa (Antonia) acogerse a la propuesta de manejar la infidelidad como premisa compartida, la noción de ‘pareja abierta’ concede a ambos las mismas prerrogativas, hasta que el tiempo invierte las circunstancias y es la esposa quien consigue un amante. Entonces las mentiras se convierten en los mejores momentos de una verdad dolorosa y sin matices, solo para nivelar las mismas oportunidades del marido infiel que al final se siente ‘traicionado’.

El discurso se impone como resguardo del axioma fobiano: la aventura de hacer reír sobre la base de la inversión del efecto pero como causa que ha sostenido a la obra de Fo, sin que sea Pareja abierta la más afortunada de sus creaciones, sí la más representada en el mundo entero, con cambios más de forma que de fondo.

 

 

 

 

 

LA ‘TRAGEDIA’ DE UNA PAREJA ABIERTA|Santiago Rivadeneira Aguirre