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Intensa. Esa es la palabra que mejor define a la obra “Venus atrapamoscas”, dirigida por Mabel Petroff e interpretada por María Belén Ochoa, quien sola en el escenario, y valiéndose de dos marionetas, logra una suerte de desdoblamiento múltiple a través del cual llega a ser hombre, mujer, intérprete y testigo de una serie de acciones y reacciones que nada tienen que ver con el amor, como se esperaría por el título de la obra, sino más bien con remarcar el modo en que las formas más tóxicas del relacionamiento entre los géneros se han normalizado, de manera que pueden ser percibidas como clichés. Y posiblemente en esto radica el éxito – y la trampa – de la obra: en la develación de mecanismos violentos y perversos, que pueden llegar a confundirse con amor.

Venus atrapamoscas es un trabajo donde los juegos de seducción están íntimamente conectados con una concepción intercambiable de los roles masculino y femenino, que recrean el romance y la violencia de acuerdo a una mirada lúdica. La fuerza dramática viene no solo por parte del uso del cuerpo de la actriz, que casi no utiliza el lenguaje verbal, sino del control que María Belén ha logrado para que los espectadores puedan interpretar a dos parapetos como sus pares, co-protagonistas e incluso seres llenos de sensualidad.

Para la obra, María ha viajado por distintas ciudades del Ecuador, presentándola en Machala, Salinas, Galápagos, Cuenca, Quito y próximamente lo hará en Orellana y Pastaza. Su trabajo es el resultado de cinco meses de intensa preparación y, en palabras de la propia actriz, “una vez que la obra fue lanzada, dejó de pertenecerle para ahora ser del público”.

Venus atrapamoscas