Santiago Rivadeneira Aguirre
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Ha sido como el cuento del lobo… Porque durante muchos años -desde que se planteó el primer borrador en el 2007/2008 apenas se creó el Ministerio de Cultura- el país y sus diferentes instancias culturales y sociales, han reclamado la aprobación de una ley de cultura cuyos debates y discusiones en la Asamblea, sufrieron incomprensibles aplazamientos. Hasta que la propuesta/demanda casi desapareció del imaginario ciudadano.

Por eso el último anuncio de que la Ley entraría a su segundo debate, fue como un sonido sin forma precisa, algo que pudo haberse dicho al desgaire, sin convencimiento, desde un simple retumbo cuando las coyunturas más bien obligan a los ciudadanos a hablar de cosas ‘políticamente correctas’, como la ‘crisis económica’ o las enmiendas constitucionales.

Aunque la noticia más importante, formulada en el mismo contexto, haya sido que además se prepara un proyecto para reformar la seguridad social, y acoger a los artistas y gestores culturales mediante un régimen laboral y de seguridad social justo.

Tal vez por eso las reacciones han tardado en aparecer. Y los artistas y actores culturales, estarán procesando el anuncio en el marco del más absoluto de los descreimientos, las dudas y las incertezas. Porque el problema no solo son las resonancias, sino el contenido de la Ley y sus implicancias. También hay que decir que las demandas de los artistas y gestores culturales, fueron hechas inicialmente, más desde la retórica, contagiadas muchas veces de vehemencia.

En lo sustancial, la proclama presidencial dice que la Ley intenta “consolidar un verdadero sistema de cultura”. En el enlace ciudadano 448, emitido desde Lomas de Sargentillo en el Guayas, el Presidente de la República dijo que el actual sistema no cuenta con un modelo institucional coherente, sino que son múltiples instituciones cada una con sus propias normas y reglamentaciones, incluyendo la Casa de la Cultura y sus núcleos a nivel nacional. Esa dispersión provoca ineficiencia y superposición de funciones, se argumentó.

El nuevo Sistema Nacional de Cultura está estructurado con varios subsistemas: Memoria y Patrimonio, de Artes e Innovación, por ejemplo. “Estos subsistemas -dijo el Jefe de Estado- incluyen al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), al Instituto de Memoria Social (IMS), al Instituto para el Fomento de las Artes, Innovación y Creatividad (IFAIC), al Consejo Nacional del Cine (CNCine), y por supuesto, a la Casa de la Cultura, en coordinación con los Gobiernos Autónomos Descentralizados”.

 

LEY DE CULTURA ¿UNA REALIDAD? | Santiago Rivadeneira Aguirre