El tiempo transcurre más de prisa de lo que sentimos, la vida la medimos en acontecimientos. Cada nueva edición señala que han transcurrido dos meses, que se han llenado no sé cuántas páginas y que ,siempre, nos queda la sensación de incompletitud.
Cada reflexión, cada lectura será inevitablemente inacabada. De igual manera que las propuesta en la escena. Pero hay un expectativa latente, una espera constante, preguntas que no se responden: cuándo, cómo y quién dará un giro, ensayará una propuesta que haga tambalear lo establecido. ¿Anhelos del oficio? Quién sabe.
En estos momentos los gremios de la danza y el teatro están empeñados, legítimamente, en constituir sus respectivos Consejos Nacionales. Se ha convocado a dos congresos, uno por la danza y otro por el teatro; a varias reuniones, como paso previo a la estructuración de la mencionadas instancias. Esperamos que estos procesos concluyan en su objetivo. Que la tan deseada ley de danza y teatro avance. Todo esto es, o debería ser, motivo de cierta tranquilidad para los actores e involucrados en el oficio. Sin embargo, sabemos de antemano que una ley no hace la unión ni garantiza eficiencia; sentirse y constituirse como gremio demanda cualidades, decisiones y, sobre todo, una mística. La leyes y el funcionamiento de los consejos, deberán tener prioridades claras. La políticas culturales tienen que fungir de tales. El apoyo esporádico, puntual; medidos casi siempre en el impacto y la promoción, no son política. En el teatro y la danza el fin no es, no ha sido nunca, no debería ser, solamente la obra. Hay todo un mundo que la precede y es ahí donde se necesita el apoyo con políticas eficientes. Lo que vivimos ahora en el ámbito de las artes escénicas es una suerte de trampa perversa en la que todos nos incluimos, por eso hablamos de lo inacabado, de lo incompleto; solamente subsistimos, logramos sobrevivir con los proyectos en lo coyuntural, y esa no es la intención final. Por tal razón los resultados son mínimos, el avance apenas perceptible. Si no hay investigación no evolucionaremos. La famosa frase: el gasto en cultura es inversión, todavía no ha sido entendida.
Y desde “arriba”, quienes estén en la cúspide de estas pirámides organizativas, deberán recordar que el peor pecado será convertir el ejercicio de la ley en burocracia ineficiente.
En la vida y en la escena hay un grande, inmenso, irremediable problema: el SER. Llegar a la meta, sea cual fuere, es cuestión de esfuerzo, voluntad y preparación. Sin embargo, sostenerse, SER en la vida o en el escenario es tremendamente difícil, muy difícil. Con frecuencia ocurre que queremos ESTAR en la escena, en la política, en la crítica, pero olvidamos SER. Seamos pues actores de
verdad, entremos en acción.
Invitamos a todos los creadores a “ser” parte del Portal Escénico de la página web www.elapuntador.net. Este es un espacio creado para ustedes, un espacio para comunicar, opinar y encontrar a todos los artistas, trabajadores, gestores escénicos de
nuestro país.
Genoveva Mora Toral