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El Apuntador Nº39 - Mayo 2009
En esta edición de la revista:

Primera llamada

Freud pensó que la más manejable de las tres “amenazas” de la humanidad era aquella originada en la vida social, pues las otras estaban fuera del control humano. Claro que él mismo  concluyó que la cultura, supuestamente organizada para “felicidad” de sus integrantes, tenía la misma ferocidad de una epidemia o catástrofe natural.
Reduciendo este “malestar” al gremio de la escena, no hay manera de negar aquella sentencia freudiana que en un momento la calificaron de excesivamente pesimista. No se trata de hacer una crónica de los sucesos puestos en la escena social.  El interés, la propuesta, es empezar a pensar en el origen de estos desencuentros. Siguiendo la estructura freudiana, resultaría ser que ese Súper Yo Cultural no ha logrado ordenar y regular la relaciones sociales porque nació de la improvisación y de motivaciones particulares de poder y de gloria, es decir nacimos de un padre que no ha conseguido alcanzar el principio de realidad. Históricamente, en nuestro país, han sido estos padres y no las instituciones los que han puesto las reglas: no existe la institucionalidad. Para muestra más de un botón:  el Teatro Sucre convoca en el dos mil ocho a concursar en sus Proyectos Escénicos. Resulta ganador, por decisión de un jurado en el que me incluyo, un texto que por el estilo sospechábamos era de Peki Andino, quien ya antes había participado y ganado; por tanto no podía volver a participar. Como es conocido, el jurado no conoce al concursante y no puede apelar a los estatutos y descalificarlo. De manera que en el acta de resolución aclaramos que: de resultar ganador cualquier persona que ya hubiere concursado y ganado, estaría automáticamente descalificado. ¡Oh sorpresa! El texto triunfador es de la Sra. María Beatriz Vergara pero la segunda sorpresa llega cuando la obra La Santísima se estrena en el mismo Teatro Sucre con autoría del Sr. Andino. Ante nuestra sorpresa nos indican que él había renunciado al premio. ¿Cómo renuncia a un premio que nunca ganó? Las respuesta la exigimos a la institucionalidad de la Fundación Teatro Nacional Sucre, a los autores y a la reflexión de ustedes estimados lectores.
Siguiendo con la institucionalidad, entro en el terreno delicado y riesgoso de hablar del Ministerio de Cultura, recientemente creado y recibido como respuesta a un deseo largamente esperado por parte de la comunidad. Un ministerio que arrancó con tropiezos y miopía, quizá obnubilados por tan grande expectativa. Vino luego la gestión de Galo Mora en donde se trazó una estructura más clara, perfectible por cierto. Hoy está Ramiro Noriega, partícipe y constructor de la anterior propuesta e innovador de la misma. No se puede desconocer los avances ni ser ciegos con los errores. Los fondos concursables, mecanismo que hay que repensarlo y pulirlo en diversos aspectos, han brindado la posibilidad a un grupo importante de creadores. Sin embargo, la institucionalidad se ha empantanado, se ha engordado la burocracia y el castillo ha empezado a construirse. No priman, en muchos casos, los criterios culturales sino una mecánica burocrática carente incluso de sentido común. Se confunde apoyo institucional-estatal con publicidad para el ministerio, por ejemplo. Qué pena para quienes estamos peleando, sí peleando para sostener un medio que, lo hemos dicho antes, es un documento histórico, no un producto comercial. Por eso en su momento se entendió  que debía tener el aval del estado. Pero hoy tenemos que hacer el discurso de la necesidad de su importancia cultural, el mismo con el que argumentamos en la empresa privada ¡al ministerio de cultura!
A la sombra de este Súper Yo, o como consecuencia de su errada paternidad, viven también los actores del gremio y en estos tiempos de “cultura” es cuando se ha desatado la tormenta. Originada en una denuncia de Valentina Pacheco contra Rossana Iturralde que da pauta a un editorial de Santiago Roldós que, desde mi punto de vista, fue la gota que derramó la ira contenida de una rencilla personal pero, sobre todo, una respuesta a este malestar provocado por esta corrupción disfrazada de gestión que se venía cocinando, por decirlo menos, desde hace cerca de una década cuando arrancan los festivales y con ellos las cuotas de poder. Dichos eventos nacen , además de la innegable a capacidad de quienes los dirigen, de la  “gestión”, de la habilidad para moverse en el ámbito político de la cual muchos carecemos y, a ratos, renegamos de no tenerla porque aquí todo se resuelve con amigos y pocos méritos. Entonces entramos de nuevo al campo frágil de la institucionalidad. Concebidos los grandes eventos de esta manera, ¿quién pone las reglas? ¿Desde dónde la exigencia? ¿A quién se da cuenta? Y no estoy hablando de dinero sino de ética profesional, que por cierto deriva en rectitud en todo sentido.
¿Cómo se entiende situaciones como la de la recién nacida federación de bailarines? No hay que apelar a la ironía para imaginar que UNIDANZA es lo más atomizado del momento. Su Presidenta ha sido cuestionada y ella por su parte también reclama. En fin, que el dimeydirete no interesa, preocupa sí, sinceramente, que organismos que están naciendo para “felicidad” de sus integrantes nazcan pervertidos.
¿Cuál es la diferencia entre un político que levanta la voz y se descompone y un agremiado del teatro y la danza que con derecho, pero equivocado, hace también esta política? ¿En dónde se queda el discurso de la honradez y la equidad si la política ministerial sigue siendo excluyente? ¿Están todos los premiados, elegidos y demás ¨ados ¨ en capacidad de responder con honestidad y franqueza de un dinero otorgado por sus conciudadanos?

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