09 de Septiembre del 2010 05:35:49  
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El Apuntador Nº42 - Enero 2010

UN CINE DE NO-FICCIÓN Y ETNOGRAFÍA VISUAL

A lexandra Cuesta luego de terminar su carrera como fotógrafa decidió completar su formación en el cine, un deseo que venía gestándose desde siempre. Accedió y se graduó en California Institute of the Arts, calarts. Hoy vive en Los Ángeles y trabaja en el moca (Museo de Arte Contemporáneo de los Ángeles). Varios de sus proyectos de cine experimental y documental la han llevado a Cuba, Francia, Líbano, Israel, Palestina y México. Asimismo sus filmes: Piensa en mí, Beirut 2.14.05 y Recordando el Ayer han sido seleccionados para The Viennale Film Festival por tres años consecutivos y al New York Film Festival, en dos ocasiones. En el dos mil diez participará con Piensa en mí en Yebisu International Festival for art and alternative vision, en Japón.
Conversamos con ella sobre este género cinematográfico en el que actualmente trabaja.
 
¿Podrías explicarnos en qué consiste o que subtítulo tiene este tipo de documental en el que tú trabajas?
Alexandra Cuesta (AC): Creo que lo mas importante es que está situado en el contexto de cine como arte. Viene de una larga trayectoria de gente que trabaja en cine y video y crea productos que no encajan con los paradigmas del cine comercial, ni siquiera del “cine independiente”, en cuanto a formas de producción, estructura, exhibición, etc. Nace de la trayectoria de artistas que utilizan medios visuales y exploran sus posibilidades buscando nuevos lenguajes cinematográficos. Por esto es imposible que sea distribuido o exhibido en las salas de cine comerciales, entonces, existen fuera de éstas en el mundo de los festivales, en las pocas salas de cine dedicadas a estos géneros, en universidades, museos y en galerías. Específicamente, alineo a mis documentales en una tradición de cine de no -ficción y etnografía visual. Me interesa la subjetividad en las imágenes documentales y su re-contextualización bajo una estructura propia. También veo una trayectoria con el pasado en cuanto a cine de cuidad, (Hombre con la Cámara de Vertov, Berlín sinfonía de una gran cuidad, de Ruttman y En la Calle, de Levitt) y al mismo tiempo dentro del cine experimental –en los Estados Unidos conocido como American Avant Garde– por lo general gente que trabaja en película de 16 mm y/ o digital, y han establecido su importancia dentro de la historia del cine. 
 
¿Cómo así optaste por este tipo de cine?
AC: Mi formación es en fotografía fija y la transición al cine se me hacia muy natural, me interesaba desarrollar lo estático en movimiento, manteniendo la preocupación por lo estético. Llegué a este cine porque nunca me convencía la idea de tener que separar roles, director, cámara, editor, etc. Además, por ahora, no me interesaba mucho la ficción a pesar de que había trabajado solamente en ese tipo de cine. Decidí hacer una maestría en arte en los Estados Unidos y fue ahí donde tuve la oportunidad de conocer y estudiar con cineastas que utilizan película de 16mm con cámara Bolex, que es una cámara pequeña y liviana y no requiere baterías. Trabajar con 16 y con esta cámara, tiene varias limitaciones- por ejemplo: duración, porque cada rollo dura 2 minutos y medio, y cada toma puede ser de 28 segundos, porque funciona a cuerda; también limitaciones económicas y de exhibición. Para mí fue revelador entender que era posible hacer cine de esta manera, trabajando sola, detrás de la cámara y con película, este método me daba la libertad de explorar nuevas formas de producción. Hacer este cine es un trabajo intenso porque no solo es filmar sino es editar, saber que las imágenes capturadas se las puede esculpir y crear nuevas formas nacidas de ellas, todo esto sin un guión previo, sí con una idea y un concepto. Dada la mecánica de esta cámara, el tiempo se vuelve esencial, reclama una mirada segura, no es aplastar el botón solamente; lo mismo ocurre con la edición: pasar un largo tiempo con el material, es un trabajo orgánico; la película decide lo que quiere ser si tenemos la paciencia de esperar. Y eso es lo que me interesa, el proceso entero. La forma de ver, con cine (celuloide), no es solamente una preferencia estética, va más allá, porque su manera única de reaccionar con la luz revela algo diferente a lo que nuestros ojos ven. Para mí esto es clave, porque me interesa marcar conexiones entre imágenes que no necesariamente tienen una razón intelectual pero cargan un impacto emocional. Como audiencia nos han entrenado para entender un lenguaje ‘común’ de cine, y es difícil aceptar otros, pero existen tantas posibilidades fuera de este modelo que creo que es importante fomentarlas y exigir más.
Tampoco pienso que este es el único género en que voy a trabajar, estoy segura que más adelante me van a dar ganas de hacer algo totalmente diferente, quizá ficción, o una mezcla de los dos.
 
¿Quiénes son tus referentes?
AC: Me identifico con artistas que han transitado de la fotografía a cine como Paul Strand, y Helen Levitt, los dos fotógrafos de calle, que retratan la vida de forma poética y que en algún momento de sus carreras hicieron lo mismo con imágenes en movimiento (Manhatta, In the Street). También con Johan Van Der Keuken , cineasta holandés y Robert Frank, artista suizo. Frank trabaja actualmente con video casero pero empezó como fotógrafo documentando por todos los Estados Unidos y es muy conocido por su trabajo The Americans. Van Der Kueken, fotógrafo pero sobre todo cineasta que trabajó en 16mm con una Aaton, una cámara que tiene la posibilidad de hacer sonido en sync; los dos tienen en común el mismo rigor al editar y la capacidad de crear imágenes que transcienden lo literal. 
Artistas relacionados directamente a mi trabajo son el cineasta Robert Fenz y Peter Hutton, los dos trabajan en 16mm en blanco y negro y crean retratos con una mirada increíblemente sensible.
Y entre otros, por razones diferentes pero igualmente importantes, Glauber Rocha, Santiago Álvarez, Jonas Mekas y Chantal Ackerman. 
 
¿Cómo se hace para sobrevivir con este tipo de producciones que no son comerciales? Es decir, tú haces un documental, entra a un festival, etc., pero eso no te garantiza la exhibición en salas dentro de un calendario comercial.
AC: Es difícil vivir del arte. Creo que lo importante es perseverar, construir, al final eso es lo que cuenta. No es sencillo conseguir apoyo y respaldo institucional, tampoco imposible. Par mí lo ideal sería entrar al espacio de una galería que promueva este tipo de trabajo a pesar de que no es objeto que se venda. En cuanto a la exhibición como dije antes, la existencia de este género ocurre en festivales, galerías, museos, y a veces se logra distribución a través de entidades independientes. Pero no a la escala de una producción comercial. El cine que se exhibe en las grandes salas es un monstruo aparte. La mayoría del cine que vale la pena, en mi opinión, no llega a ser distribuido bajo esos parámetros, y hablo de cine de ficción, experimental documental, etc. que no está dirigido a la masa.
 
¿Piensas regresar a Ecuador, qué posibilidades tienes aquí con este género cinematográfico? 
 AC: No lo sé. He pasado la mayor parte de mi vida en transición y es difícil estar conforme en un solo lugar. Hay partes de mi identidad que me atan a diferentes lugares, creo que es la naturaleza de migrar. Escoger un lugar es también sacrificar lo que otro espacio te da y que es igualmente importante. Es un conflicto diario. Pero claro, el Ecuador es de donde vengo y me encantaría regresar; tendría que ser con u proyecto en mente y en el momento preciso. Creo que es muy posible, especialmente ahora porque veo que están pasando cosas nuevas, propuestas diferentes y me parece que se están abriendo posibilidades en cuanto a la valoración y producción de un cine más amplio. EA 
NOTAS
www.alexandracuesta.com
http://www.filmlinc.com/views/
http://www.viennale.at/en/programm/
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