EL NUEVO CHARLY VS. EL VIEJO GARCÍA
“ ¡Ahora soy libre!” Así abrió su presentación Charly García en la ciudad de Quito, como si se hubiera liberado de un alter ego a quien año tras año alimentó con la santísima trinidad del show business: sexo, drogas y rock & roll.
A Charly de niño alguna vez lo llamaron pequeño Mozart, de viejo alguna vez escuché que lo llamaban hijo de puta, y es que ese es Charly; o bien un tipo amado o bien un tipo odiado y fue este mismo juego de amor y odio el que durante años sobrepasó su música.
Pos–concierto pululaban variados comentarios, de aquellos que preferían al Charly drogadicto, conflictivo y rockstar, en lugar del renovado “viejo de a terno”. Pocos tomaron en cuenta que fue la primera vez que en Quito, Charly termina un recital sin insultar a su público y dando una presentación musicalmente impecable, aunque debo reconocer que un tanto corta.
¿Pero qué más le pueden exigir sus seguidores a esta leyenda viviente? ¿Acaso él les debe algo? ¿Acaso les debe años de presentaciones malogradas? Al parecer no debe nada a nadie, ni siquiera se debe a su público. Charly se debe a sí mismo y a una larga cuenta que ya le empezó a cobrar factura y que a mediados del año pasado le dio un ultimátum del tipo judicial, pues la jueza bonaerense, María Rosa Bosio, determinó que García debía entrar a un sanatorio lo más pronto posible por presentar un grave cuadro de salud y por su tan conocida adicción a las drogas.
Mucho del crédito de su cambio habrá que dárselo al músico Palito Ortega, quien durante semanas lo mantuvo en cautiverio en su quinta de Luján y bajo un riguroso régimen de… no sabemos qué, lo poco que sabemos es el resultado y que durante ese tiempo compuso nuevo material del que se conoce el tema Deberías saber por qué, balada escrita de manera más bien sencilla, con una letra que invita más a la reflexión que a la tragedia o a la desolación.
¿Pero, es este nuevo material el reflejo de lo que ahora en adelante vendrá para la música del ícono argentino? Ya desde 2007 Charly realizó una serie de grabaciones junto a Palito Ortega y Andrew Oldham, ex manager de los Rolling Stones, para sacar lo que sería su nuevo disco de estudio Kill Gil, material hasta hoy inédito aunque…, por razones aún desconocidas, se filtró por el Internet. Estas grabaciones ocasionaron fuertes debates entre sus fanáticos.
De Sui Generis, pasando por La Máquina de Hacer Pájaros a Serú Girán, Charly siempre buscó, encontró y caló una profunda huella musical en estas formaciones que poco a poco fueron determinando el sonido del rock clásico latinoamericano. Parte de su éxito tal vez se deba a que este compositor y cantante, fanático de los Beatles y los Stones, posea un oído absoluto (capacidad auditiva para reconocer o reproducir cualquier acorde, armonía o nota musical) lo que, según él mismo, le permitía saber qué efecto tendría su música en las personas antes de publicarla.
Es que Charly para la música es como Maradona para el fútbol, un referente, el mismo que partió de un folk armónico con letras adolescentes a mediados de los sesentas, hacia un rock de experimentación y acordes complejos pero con fórmulas melódicas que nunca pasaron por alto.
El semblante esquelético de Charly quedó en algún lugar del pasado. Y bueno, el mundo del espectáculo es así; o sobrevives para seguir ganando y disfrutando de toda la plata que puedas acumular o mueres prematuramente para dejar a un séquito de fanáticos que se alimentarán de un mito.
Jean Baudrillard sugirió alguna vez que el destino de todo ícono de la cultura pop que quiera trascender debe ser la muerte, Charly parece resistirse a seguir la fórmula de la inmortalidad posmortem. Muchos han sido sus escapes a un final anticipado, como cuando saltó de su cuarto de hotel a una piscina. Al final Charlie ha sobrepasado la edad en la que falleció Cobain o Lennon, tal vez quiera sobrevivir al fatal destino del ícono rockstar y hacer caso omiso al famoso epitafio: “Es preferible quemarse que apagarse lentamente”1.
NOTA
1 Neil Young “Hey Hey, My My (Into the Black)”, Reprise Records, Agosto 1979