Revista | El Apuntador Nro 57

Las marujas entre memorias y efemérides, Juana Guarderas - Marta Ormaza. Foto Silvia Echevarria

PRIMERA LLAMADA

PRIMERA LLAMADA

Genoveva Mora Toral

¿QUÉ VIENE PRIMERO LA LEY O LA POLÍTICA?

En el mes de marzo en ‘asamblea pública’ en la tradicional Plaza del Teatro, alrededor de 15 colectivos de artes escénicas realizaron un acto de visibilización de uno de sus objetivos, y creo también que como acto público, tuvo además la intención de poner a la ciudad como testigo y enunciar en voz alta la decisión, por parte de Asoescena y la Asociación Nacional de Artes Escénicas de entregar su propuesta al jefe de Estado.

Según información recibida desde Asoescena, sabemos que los gremios siguen trabajando en este documento, a través de una comisión encargada y esperan tenerlo listo para mediados del mes de julio, que es cuando convocarán a una nueva reunión a los representantes de varias organizaciones para discutirlo y efectuar los ajustes necesarios y avanzar en la elaboración de la propuesta de ley. Así también constituir la federación  de artes escénicas, organismo que se encargará de gestionar la ley a partir de su constitución. Esperamos que esta gestión llegué a concluirse.

Mientras tanto y como siempre, la actividad y las carencias del gremio escénico continúan, tal como la espera de mejores días.

Me pregunto, al margen de toda esta legalidad, si se precisa grandes estudios, leyes, etc. para, desde el ministerio correspondiente, actuar e instituir ciertas políticas. Hasta donde conozco se han realizado una serie de diagnósticos, asesorías, censos, entrevistas, etc. etc., que con seguridad son insumo suficiente para implementar cuestiones básicas que brinden un apoyo sistemático a los artistas de la escena.

¿Se puede hacer políticas sin que exista la ley? La experiencia da cuenta de que es posible, porque aunque sea a la vieja y vigente manera de decidir por tal o cual evento, para tal o cual celebración de la ciudad, festival, etc. ha sido un modo de hacer política, por inestable o cambiante que hay sido. A saber, si hemos vivido a la sombra de ausentes o equivocadas políticas culturales, ¿por qué no dar un giro a la mala costumbre y convertirla en bien común?

Por ello pongo a consideración de la autoridad (es) competente algunas preguntas, reflexiones y , por qué no, sugerencias básicas, con el derecho de ciudadana que me asiste, interesada en este ámbito:

  • Si ya se conoce en el país el número de grupos de teatro y danza, se sabe de la circunstancia de la mayoría de agrupaciones que no cuenta con un espacio de trabajo, ¿por qué no gestionar la adjudicación de alguno de tantos edificios que se han incautado para convertir en un Centro de Artes Escénicas o Centros de Arte, en general.
  • El uso de estos espacios debería concederse, obviamente, a aquellos que no lo tienen, gente con proyectos, trayectoria, etc.
  • Llegar a acuerdos acerca de cómo mantener el espacio para que se establezca un compromiso mutuo entre Estado y Artista. Mediante convenios que exijan obligaciones y responsabilidades de lado y lado. Como mantener un número de clases (no gratuitas ),talleres, proyectos y más.
  • Pensar en una  persona o grupo que administre y a la vez convierta estos lugares en salones de exhibición de obras, trabajos en proceso, etc.
  • Es obligación urgente, crear una Archivo de las Artes Escénicas. No es posible no registrar de manera sistemática la memoria del Teatro y la Danza en Ecuador. Nosotros desde esta Revista El Apuntador, hemos ido construyendo de manera básica un mínimo archivo que ponemos (ya lo habíamos hecho cuando se inició el Ministerio de Cultura) a disposición de un proyecto mayor y garantizado.
  • Y en la línea de fondos concursables, tema largo para analizar, debería pensarse, dada la mediocridad de gran parte de las propuestas, en brindar acceso a pasantías, residencias artísticas, y varios etcéteras que incluya investigación y aprendizaje. Es vital ampliar los campos de conocimiento y acción.

Estoy segura de que estos puntos son apenas el esbozo de todo lo pendiente. Ojalá y cupieran en la preocupación de las autoridades pertinentes, así también en la de los artista escénicos para agrandar las ideas, propuestas y la posibilidad de ir construyendo este deseo siempre pospuesto, no por ello menos vital.