Revista | El Apuntador Nro 58

Gerson Eguiguren, El Abrazo. Foto Silvia Echevarría

PRIMERA LLAMADA

PRIMERA LLAMADA

“- Por favor, dice Alica al gato de Chesire, – ¿podría decirme qué camino debo tomar a partir de aquí? – Eso depende mucho del lugar a donde uno se dirija, dice el gato. – No me importa mucho adónde sea, dice Alicia. – Entonces tampoco importa mucho qué camino tomo, dice el gato. – …con tal que llegue a alguna parte, agrega Alicia a modo de explicación. – Oh, seguramente llegará allí, dice el gato, si camina durante bastante tiempo”  Lewis Carroll

Genoveva Mora Toral

La cultura por tradición ha sido ese lugar indeterminado, esa entelequia a la que todos acuden para ‘enaltecer’ los distintos emprendimientos, la pluriculturalidad, la diversidad, etc. etc. Sin embargo, delimitando y ubicándonos en el campo que, desde esta instancia nos ocupa, puedo confirmar que es un espacio vivo y dinámico a pesar de la ausencia de señales y direcciones políticas y todo ese engranaje que no termina de ensamblarse en este país.

Aspiramos que la llegada de un ‘nuevo ministro’ tan celebrada por tod@s constituya ¿un avance? ¿de qué? No lo sé, no se sabe a ciencia cierta qué mismo sucede ‘ahí adentro’. Esperamos que se abra el telón y se anuncie -con acciones concretas-  la decisión de tomar en serio el imperativo, pues nacido está, de darle identidad, construir este ministerio que ha sido espacio de experimentos y cuota política.

Aunque en estos días, a propósito de la salida de la ministra de defensa, se han esgrimido varias y malintencionadas arengas acerca de la ‘cultura’ donde se banaliza y se hace chiste de las pretensiones que María Fernanda Espinosa tuvo de sensibilizar al gremio uniformado; sospechando que la anécdota de los libros es una mala broma, importa entender que solamente la posibilidad de leer, de pensar, nos transforma en ciudadan@s críticos, por tanto, libres.

El arte es la instancia, debería serlo, para expresarse con libertad. ¿Cómo lograrlo? Ahí entra en escena la creatividad y la ética; no siempre se alcanza, de hecho constatamos que varias producciones, ¿será que tiene que ver con los fondos otorgados? acomodan telones de fondo políticamente convenientes, que no logran insertarse en la fábula (llámese guión, texto o dramaturgia) y aparecen como añadido, como la quinta pata que se ve a leguas.

No obstante y a pesar de los peros, la escena y la pantalla son el gran texto donde día a día se escribe la historia no oficial, se plasman los innumerables puntos de vista, se lo hace a través del cuerpo y la palabra. Por eso tiene sentido, mucho sentido esto de recoger, documentar, leer y reflexionar en este espacio llamado El Apuntador.

Solamente hay que detenerse y leer lo que cada uno de estos trabajos representa, simboliza e interpreta: pueblos que huyen de tanta ‘normalidad’, lazarillos que increpan la tan aludida protección de los pequeños; la mirada nostálgica de una generación, la lectura irónica del amor, la soledad de las señoritas, la pregunta a la fantasía, la poesía que atraviesa el cuerpo y nos permite sentirnos más vivos y confirmar, de una vez por todas, que para hacer arte no se necesitan leyes, que ese es otro universo necesario y formal que, cómo no,  aportaría para el prometido buenvivir.

Mientras tanto la imaginación no se detiene, como tampoco la obligación de ir reflexionando y pensando en eso de ‘obras son amores y no buenas razones’

 

 

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