Revista | El Apuntador Nro 61

Foto:Silvia Echevarria

¿Qué decir? (SR)

¡QUÉ NOS INTERESA DECIR…!

‘¡Se puede pensar desde el sur!’. Es un axioma y una premisa al mismo tiempo, muchas veces invocada a la hora de ‘vernos a nosotros mismos’. ¿Cómo hablar de procesos y de fracturas para entender las direcciones del teatro y la danza ecuatorianos, que no fueran aquellos quiebres cuyos rasgos semánticos y estéticos, solo sirven para crearnos falsas (o confusas) ilustraciones?

También están ciertas lógicas que buscan fraguar un horizonte crítico que reflejaría el inconformismo permanente (y recurrente), que nos exime de otros ángulos de comprensión.

Y está la lógica de la indagación (como una forma de esclarecimiento) que ha llevado a muchos grupos y colectivos, a destacar ciertas ‘estrategias de simbolización’ (Magaly Muguercia) para ‘problematizar’ el conjunto de prácticas artísticas. Pero lo fundamental está en el hecho sobresaliente de vivenciar una ética (‘qué decir…’) y una estética para tratar de entender la realidad. De ahí la pregunta o la afirmación de Josie Cáceres (La movibilidad de los cuerpos) -dependiendo de dónde se pone el acento-: “Parto de la idea que hagamos lo que hagamos somos ecuatorianos, cuerpos andinos (Y de las demás regiones del país. El subrayado es nuestro) y latinoamericanos en tanto contexto y cultura que intentan identificar las particularidades en la práctica cinética y conceptual de la danza para participar con propuestas entendidas como “contemporáneas”.

Y la pregunta (política) que la danza y el teatro deben hacerse ahora, para arribar a una ‘práctica que se piensa y se hace con y desde el cuerpo’ se refiere al cauce de una mirada ontológica que resignifica una práctica escénica más abierta y más libre: ¿Qué nos interesa decir? (J. C.) ¿Por eso se apela a una ‘lógica epistemológica’ para ubicar al teatro y la danza en el territorio del arrebato, que no está en el discurso o en la simple lógica de las formas, sino ‘debajo de la significación’, en un nuevo modo de estar del teatro y la danza y de una ‘subjetividad transgresora y subversiva’? (M.M.) La lógica ‘conservadora’ (que también coexiste con las otras lógicas) puede ser también el resultado de una serie de lógicas de ruptura, que cuando se radicalizan, terminan después formalizándose y formalizando los mismos elementos de los cuales partió.

Está, en definitiva, la lógica de lo peculiar que significa que las prácticas artísticas también son capaces de definirse, no solo en relación con el aparecimiento de formas nuevas, sino en el cuestionamiento permanente de las ‘precariedades’ epistemológicas, que podrían ser más bien ‘el signo conservador’ de una pregunta mal planteada.

Y lo que nos interesa decir está en el tema central de este número: el cuerpo de la danza; el cuerpo del teatro. Simone de Beauvoir en su estudio sobre El segundo sexo (mencionado por Judith Butlher) decía que el cuerpo es una ‘situación histórica’. Y ese cuerpo histórico se construye desde un gerundio integral e integrador, que deslinda un camino y un proceso: ‘es una manera de ir haciendo, dramatizando, reproduciendo una situación histórica’, siempre como una materialidad fáctica’.

El cuerpo desde las artes escénicas, se pregunta entonces: qué debemos decir en nuestro presente. Y las respuestas y reflexiones están en las críticas y los ensayos de cada una de las secciones. En el sentido simbólico de las obras, en las estrategias de los grupos y en las formas culturales que les han dado sentido y vitalidad a las prácticas artísticas.

El cuerpo -dice Renato Ferracine- debe ser visto (en el teatro y la danza contemporáneos) como el lugar propio de la política. (El subrayado es nuestro) Santiago Rivadeneira Aguirre (Director Encargado)

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