Revista | El Apuntador Nro 62

Un enemigo del pueblo, Pablo Aguirre. Foto Silvia Echevarria

PRIMERA LLAMADA|Genoveva Mora Toral

 

¿Cuándo el arte es político?

Genoveva Mora Toral

Todo arte es en sí mismo político, perogrullada…

El arte de la política, agudeza…

¿ Hasta dónde se distinguen esos dos tipos de representación?

Sucede que ser un director(a) o actriz implica años de estudio para llegar a ‘manejar’ la capacidad actoral y construir una dramaturgia corporal, o lo que Martín Peña denomina, un pensamiento corporal.

Ser político, en estricto, también lo demanda. De hecho, los políticos, aquellos que lo logran, se preparan, pero improvisados y estudiados, hacen de la escena pública su espacio y asumen un papel, se convierten en personajes que parecen ‘representar’ la realidad y los deseos de una sociedad por transformarse. Sin embargo y con mucha frecuencia ese discurso se vuelve un círculo cerrado, la palabra deviene vacía y las actuaciones una representación sin fin.

La pedagogía del teatro oriental pone énfasis en el hecho de la repetición como un mecanismo para lograr excelencia; así una obra de teatro puede alcanzar niveles de perfección si sus actores trabajan para ese fin. En su filosofía no está la improvisación, ni la posibilidad de agregar nada en escena; repetirla tal y como su maestro ha enseñado es el objetivo final. En la política, en la nuestra, vemos aplicado este principio en el deseo de arribar tod@s a la obra perfecta, solo hace falta escuchar los discursos oficiales para confirmar ese ejercicio.

Afortunadamente el teatro, nuestro teatro y nuestra danza, salen de ese juego para arriesgarse en discursos y voces distintas, que dan cuenta de lo que realmente somos: diversos; ahí está la riqueza del arte y la pobreza de unos polític@s que se entrenan para perder libertad.

Pero, política y arte están en el escenario y se afectan una a otro. La políticas culturales – a ratos emergentes- son ese extra-escena que incide en la puesta artística, porque los gremios del teatro tienen años trabajando tras bastidores para lograr ‘algo’ que no termina de concretarse. Hoy tenemos en la ante-escena la Ley de Cultura, una especie de entelequia que viene llegando y no termina de arribar.

¿Será que llega. Y lo hace con dignidad, con la capacidad y la apertura para construir esa segunda etapa reglamentaria, donde ciertamente se volverá tangible la política cultural, esa frase tan manida y deseada?

Porque si la ley no sirve para cambiar condiciones de trabajo, y los bailarines y actores tiene que seguir en su dieta de privaciones (reales), de carencia de una seguridad social mínima, de limitación de espacios para crear; la ley seguirá ocupando ese andarivel que no corresponde a este escenario concreto.

Seguirán siendo los fondos concursables (que innegable, aunque desordenadamente y sin una visión determinada, han constituido aporte para quienes lo han logrado), las buenas relaciones, las palancas, el medio para conseguir lo que legalmente debería llegar.

Seguirán sufriendo quienes llevan adelante ciertos festivales, porque no hay nada constituido, y el trabajo de años no cuenta como aval para sostenerlos. Aparecerán en la palestra proyectos como ese ‘gran festival’ promovido por el Estado, que dependiendo cómo terminen de organizarlo, podría ser, o no, ‘el festival nacional’ que de modo democrático incluya propuestas locales, no por el puro hecho de ser ecuatorianas, sino porque merecen ser parte. Y podría ser ese un festival que, cada dos años por ejemplo, suceda en distintas ciudades, como una mecanismo para difundir el arte e ir mejorando la infraestructura y, sobre todo, como oficialmente se dice una herramienta para ‘socializar’ el teatro y la danza, esto es dar paso a una presencia política y democrática del arte y sus hacedores.

Y, claro está seguiremos bregando por sostener espacios como El Apuntador que transita ya por su doceavo año de ejercicio crítico, y aunque nos habíamos propuesto y confiado en la palabra, para sacar la revista impresa anual, nos vemos obligados a conformarnos con la versión digital. HE aquí un testimonio de la ausencia de políticas culturales.

Feliz año a nuestros imprescindibles lectores!

Enero 2016-01-25

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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