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Medea viste un collar de lágrimas / Paulina Soto. Festival Internacional de Artes Vivas Loja

Medea llama por cobrar. Foto Cortesía

Medea viste un collar de lágrimas / Paulina Soto. Festival Internacional de Artes Vivas Loja

La imagen icónica de una virgen de madera que nos habla desde su calidad de emigrante ecuatoriana residente en Nueva York. Secretamente, ella es la hechicera Medea que ha roto relaciones con su amante y esposo Jasón, tanto por la incomprensión y abandono de éste, como por el hecho de estar separados en hemisferios opuestos. La obra está estructurada como un monólogo de largo aliento, una llamada por cobrar que Medea, concepto femenino, doliente y amargo, rebosante de ferviente ecuatorianidad, le hace a Jasón, representación de nuestro país, Ecuador, ente intolerante y consumido por la corrupción.

A través de este extenso reproche a Jasón, Medea nos relata sus peripecias desde su nacimiento como escultura, a la que se le exige una magia que no posee, pasando por su vida elevada en un altar donde fue adorada por sus poderes milagrosos y sobre todo por ser un símbolo de una esperanza que es ancla e idiosincrasia de los humildes. Medea sabe que se le exige demasiado, y no puede hacer más que sufrir interminablemente la misma suerte que sus hijos migrantes ecuatorianos que llegan en oleadas al nuevo país.

Una poética llena de relaciones metafóricas y de imágenes desconsoladas que evocan el calvario de los viajeros y la negación de su identidad como una manera de sobrevivencia. Cada palabra es un lamento que al final forma un prolongado collar de lágrimas que Medea invoca y que nos define y nos ha definido desde siempre como ecuatorianos.

María Beatriz Vergara: magnífica. A pesar de su inmovilidad, pues casi toda la obra permanece sentada, conmueve, estremece, expresa una gama de emociones profundas desde una narración desgarradora a distintas voces. Una actuación impecable que potencia el texto de Peky Andino quien nos entrega figuras mentales ingeniosas que nos permiten situarnos en el ámbito del medioevo, como las moscas de plata por aviones, las pirámides de los faraones por los rascacielos y que luego evocan elementos étnicos como los yaravíes, el cuy y el cóndor.

El escenario es un solo universo oscuro que procura contrastar con el juego de luces que varía de acuerdo a las emociones expresadas por la actriz, el amarillo de una alegría precaria, el azul de la circunspección, el rojo de la furia. La psicodelia brillante de los alcaloides. El vestido es el propio de las vírgenes de retablos, y bajo la pesadez de las telas, están las alpargatas, un indigenismo que se esconde. El sonido y musicalización, si bien emocionan y nos sumergen en la historia, hubiesen estado mejor fuera de la vista del público.

Una obra que habla de nuestra identidad y conflictos desde una abstracción femenina, vapuleada, omnisciente y a la vez idealizada. Quizá algo difícil de digerir, al igual que es difícil mirarse en el espejo después de sufrir un accidente. Una obra de arte de la palabra para aquellos que puedan, como hacemos los ecuatorianos, encontrar gozo en la tragedia.

FICHA ARTÍSTICA:

Obra: Medea llama por cobrar

Autoría y Dirección: Peky Andino

Actuación: María Beatriz Vergara

Música: Paul Segovia

Técnico de sonido: Joaquín Andino

Vestuario: Pepe Rosales

Iluminación: Zero no Zero

Lugar: Patio La Casona, Loja, Tercer Festival de Artes Vivas

Fecha: 17 de noviembre de 2018, 19:00



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