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Línea y contorno de un abismo, anotaciones y trazos de la obra de Palacio / Genoveva Mora Toral

Línea y contorno de un abismo. Foto José Toral

Línea y contorno de un abismo, anotaciones y trazos de la obra de Palacio / Genoveva Mora Toral

No porque, algo, conozcamos de la compejidad de Pablo Palacio, en su vida y en su obra, resulta fácil ponerlo en palabras -las mías- , más compejo aún trasladar a códigos de danza y teatro lo que el escritor sí logró a plenitud, y de modo tan poco convencional, con una prosa hecha de material poroso, colacado en las páginas para ser descifrado, interpretado;  amén de que su temática, su obsesión -por decirlo menos, su incomodidad con el mundo- sostenga integramente su literatura. 

La propuesta de Laura Aris es ambiciosa en cuanto pretende abarcar el universo palaciano, teniendo claro que el título de la obra anticipa de un trazo, un acercamiento al abismo de Palacio.

Línea y contorno de un abismo.  Foto José Toral

Línea y contorno de un abismo. Foto José Toral

Una escenografía simple, pero simbólicamente potente, contiene el universo fragmentado que constituye al autor. Un gran caja sobre la que aparece la figura de la Madre, personaje enigmático que abre la obra , la atraviesa con su voz, con sus huesos, de manera casi fantasmal, como podríamos imaginarla en la mente de Palacio. En tanto que el músico/creador, el protagonista -Palacio- de este discurrir de escenas repletas de figuras, personajes y sensaciones que pueblan la mente y la ficción, el hombre y sus instrumentos…en este caso el potente violonchelo y un contrabajo, elegidos con acierto que, en manos de un músico como Rodrigo Becerra,consigue profundizar la fuerza del contrabajao, así también confirmar, gracias a su interpretación, que el chelo es ciertamente el instrumento que semeja a la voz humana. Instrumentos e intérprete marcan el tempo y el tono de una puesta en escena que se construye, por momentos, desde una teatralidad delirante. 

Línea y contorno de un abismo.  Foto Gonzalo Guaña

Línea y contorno de un abismo. Foto Gonzalo Guaña

“qué llora bebé, dime qué te duele…porqué se murió mi madre, no tengo quien me consuele…”canta la Madre y enseguidaescuchamos la gravedad del contrabajo, advertimos el desfile de personajes burdos, marginales, que empiezan a circular de manera monótona, caracterizados por singulares vestimentas; anónimos, sin rostros, en claro símbolo de lo que implica el imperfecto e inequitativo reparto social. Todo esto como preámbulo que traza esa línea abismal marcada por una sociedad estanco. 

De aquí en adelante veremos desfilar escenas y personajes que nacieron de la pluma de Palacio: La vida del ahorcado, poderosa imagen que alcanza a retratar la ironía de texto: “Vos compatriota obeso, vos compatriota esmirriado, vos nariz de salchicha… No tengo memoria, yo tengo libros, mi padre y mi madre son mis enemigos primero”. Así también La doble y única mujer, que en esta lectura aparece(n) enlazadas por la boca, desnudas, girando por el mundo.

La propuesta de Aris y el elenco de la CNDE da cuenta de un lenguaje singular donde danza y teatro se afianzan en una caligrafía muy significativa de cuerpos que escriben mediante una apropiación profunda de los textos, anotando que, tampoco se trata de una representación, sino de una escritura paralela; se trata de poner en escena esa desestructura que caracterizó a la narrativa de Palacio; de manera que, podría decirse que la única línea que conduce es precisamente la ausencia secuencial, se apuesta por una construcción escénica que reclama trabajo del espectadxr, tal como ocurre en la lectura de este autor; en la escena hay todo un trabajo simbólico traducido al cuerpo, y se revela, sobre todo, un elenco consolidado, que de hecho se aprecia en trabajos como este en el que todos son creadores e intérpretes, no hay estrellas ni primeras figuras.  Se afianza una dramaturgia corporal y escénica, apoyada en la precisión de la luz, el acierto del vestuario, y la capacidad de integración de sus intérpretes.

No es una danza para el deleite, es una puesta que trashuma dolor, sarcasmo, como lo vemos en la escena de El antropófago, que acto seguido da paso a la de las “niñas de amarillo”llenas de angustia ante la omnipresencia del señor alcalde, “…satisfecho, pequeñito, con las manos en la espalda y la barriguita redonda bajo la cadena de oro del reloj…”[1]

Línea y contorno de un abismo . Foto Gabriela Piñeiro

Línea y contorno de un abismo. Foto Gabriela Piñeiro

Desde lo teatral se percibe un trabajo gestual, que a momentos nos remite al brecthianogesto social, principalmente en las escenas de grupo, donde aquellos hombres al unísono y jorobados bailan su infortunio, su pobreza; al igual que la multitud que ajusticia y lincha; mientras en los cubículos los ‘otros’ continúan su rutina. 

Toda esta dramaturgia se reafirma con una serie de frases tomadas de la obra del autor que aparecen iluminadas y van acentuando la escritura corporal. Asimismo, se dan momentos de interacción con el público, como con aquellos de las cintas repletas de escritura que son entregadas a la gente de las butacas, o el insólito ‘chiste’ del buque y el soldado alemán que, dicho sea de paso, funciona muy bien, porque logra ‘descolocar’ al interlocutor, como muy bien sabía hacerlo Palacio.

Es memorable y supremamente fuerte la larga escena final en la que Palacio se enfrenta a sus personajes, y en un momento dado ellos lo acogen para entregarlo en brazos de su madre, que en imagen de Piedad lo recibe, momentáneamente, para echarlo nuevamente a su mundo, e irónicamente empieza la música y  “todo el mundo se levanta a jugar el carnaval”, es decir,  la vida es un juego, a veces macabro donde no es posible eludir nuestros demonios; y más aún, todo aquello que ha sido creado por el genio, esos seres que lo han sostenido, lo acosan, porque al final de cuentas, el creador es víctima de sus criaturas, de su locura, que es al mismo tiempo, su salvación.

FICHA ARTÍSTICA:

Obra: Línea y contorno de un abismo

Concepto y dirección: Laura Aris

Creación e interpretación: Darwin Alarcón, Luis Miguel Cajiao, Luis Cifuentes, Vilmedis Cobas, Fernando Cruz, Camila Enríquez, Franklin Mena, Sisa Madrid, María José Núñez, Lizeth Samaniego, Yulia Vidal, Catalina Villagomez Y Eliana Zambrano.

Diseño de escenografía: Alicia Herrera Y Laura Aris

Diseño de vestuario: Lila Penagos

Diseño de iluminación: Gerson Guerra

Creación e intrepretación musical: Rodrigo Becerra

Asistente de dirección: Cristina Baquerizo

Dramaturgia: Laura Aris

Co- producción: Fiavl 2018, Laura Arias Y Compañía Nacional De Danza | España -Ecuador

Lugar: Teatro Benjamín Carrión (Loja) – III FIAVL

 

[1]Palacio Pablo, La vida del ahorcado, pg. 46. Editorial El Conejo. 198

Víctor Hugo Gallegos ‘La Vena artística y la utopía me tenian obnubilado’ / Santiago Rivadeneira Aguirre

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Frankenstein: 200 años y una pregunta /Juan Manuel Granja

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