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Sobre la economía doméstica de la creación / Viviana Sánchez

Sobre la economía doméstica de la creación / Viviana Sánchez

Asumir un proceso creativo es generar estrategias de acción. 8 cuerpos es un trabajo sobre habitar-nos escénicamente, sin dejar de lado una postura política hacia el trabajo productivo y reproductivo donde nos desenvolvemos2. Se busca una re-apropiación constante del cuerpo, formas de subvertir las relaciones jerárquicas3 tradicionales en la producción coreográfica con el fin de no renunciar al ejercicio artístico, a través, del manejo de las emergencias y lo emergente.

En el entretejer labores domésticas y artísticas para re-significar el entorno familiar se plantea un trabajo semi-presencial en dos momentos: uno de investigación individual y otro colectivo a des-tiempo y de re-encuentros para analizar cómo se abarca el movimiento con el soporte de un diario de trabajo.

Esa decisión enfrenta la utopía con la realidad, el cansancio constante y la falta de energía son el resultado de preguntarnos por el cuerpo que queremos re- apropiar o re-configurar. Es difícil aceptar el cuerpo real, el cuerpo agotado. Toda esa lucha permanente por re-asumir el cuerpo y re-configurar los espacios de casa, muestra un cuerpo que está cansado todo el tiempo y con una emergencia permanente por regresar a casa. Es un cuerpo que ha forjado un tipo de resistencia muy diferente a la de un entrenamiento corporal común, es un cuerpo que activa y conecta todos los sentidos posibles sin anular la intranquilidad.

(Ortiz, 2007) (Cabnal, 2012) (Bauman, 2005)

1 Miembro del Colectivo Bruma Acción Reflexión en Movimiento en conjunto con Denise Neira, Natalia Buñay y Nadyehzda Loza
2 Recalcaremos nuestra postura las veces que sean necesarias, tanto cuando lo hablamos como cuando lo escribimos.

3 No necesariamente entendemos la jerarquía como una característica negativa, al contrario, reconocemos el liderazgo cuando alguien propone un trabajo a desarrollar. Es la forma en que se consolidan esas jerarquías lo que interpelamos

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Introducción

8 cuerpos es una propuesta de investigación y creación escénica desde el borde entre el movimiento y el performance. Es un proyecto que busca indagar desde adentro, problematizando la concepción de la corporalidad y abordar esa subjetividad desde donde queremos habitar nuestros cuerpos artísticos, pero sobre todo nuestros cuerpos de mujeres. Esta investigación se elabora desde la reflexión de cuatro bailarinas que se preguntan ¿cuál de todos los sentires y entrecruces filosóficos y políticos realmente han formado un cuerpo que me interesa asumir, explorar y mover?, pero lo más importante, ¿cómo se mueve ese cuerpo?

Entendemos que, el cuerpo debe ser una elección y no una imposición, a la danza contemporánea como una expresión artística que dependiendo la forma en que se asume y trabaja puede convertirse en un lenguaje cifrado que define y estigmatiza cuerpos, o, una herramienta que permite desplegar la capacidad creativa, siendo la segunda por la que apostamos. Desde ese lugar es que buscamos romper y/o doblegar ese posicionamiento, convertirnos en sujetos creativos con el fin construir una movilidad propia que se alimente de toda la información, que de distintas fuentes, ahora forman parte del cuerpo que somos y no viceversa.

Nos preguntamos cómo todas esas estructuras sociales han definido el cuerpo que habitamos y cómo a través del trabajo dancístico pueden cambiarse esas estructuras, ese el objetivo principal. Buscamos un cuerpo propio que habitar y mover con sus limitaciones y particularidades, este detalle fundamental suma al trabajo artístico un activismo, un posicionamiento que nos interpela sobre la forma en que los lenguajes técnicos, como herramientas eficientes, pueden aportar para trabajar la creatividad. Lenguajes que en su mayoría han sido desarrollados para uniformar, regular e instaurar imaginarios que llegan a violentar la diversidad de cuerpos y la concepción estética que desarrollamos sobre ellos. Renunciar a los virtuosismos físicos en búsqueda de una expresividad más orgánica y verdadera, convierte a quien lo asume en auto- marginales en el medio dancístico, es un tipo de exilio por enfrentar ideales

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corporales que perviven en nombre de la tradición, pero, un reto para cuestionar y sospechar bases de cualquier trabajo artístico e indagatorio (Cabnal, 2012).

Territorios, espacio y ciudad

Empezar por el territorio es que nos rodea sitúa nuestros contextos y lugres de enunciación. Las ciudades del siglo XXI son la materialización del pensamiento de una sociedad diseñada bajo una mirada masculina heteronormada y occidental, que define y disciplina los cuerpos de diversas maneras; precisa su accionar en ámbitos público y privado, en su concepción corporal, en las nuevas formas de pensar y profesionalizarse, incluso en las líneas irruptoras que se enfrentan al orden establecido. Parecería que nada escapa del control de esta gran estructura hegemónica hacia lo que se califica una vida decente (Bauman, 2005), en medio de este espacio urbano donde todo está situado, la práctica de las artes no escapan a su vigilancia y mediación.

En este medio social, los cuerpos femeninos y feminizados son los más controlados, mediados y violentados para mantener el orden. Son personas cuerpos, más que sujetos, que asumen otras labores a parte de su trabajo profesional, así que sus actividades artísticas –muchas veces no tan productivas en términos económicos– están intervenidas por actividades de reproducción (Ortiz, 2007) por las que no reciben réditos monetarios. Transitar la ciudad en un cuerpo asignado como vulnerable es una experiencia de zozobra que se vuelve cotidiana.

Creación bajo la economía doméstica4

Qué nos mueve a una propuesta de esta naturaleza

Asumir un proceso creativo para un bailarín independiente no es fácil, la inestabilidad laboral y económica, la falta de un espacio para ensayo y entrenamiento, son determinantes que cambian el sentido del tiempo productivo para el trabajo artístico. Realidad que se vuelve más compleja, si además nos

4 La economía doméstica de creación, es una propuesta metodológica de trabajo artístico que busca transformar en fortalezas las dificultades que enfrenta el Colectivo Bruma acción/reflexión en movimiento (al que pertenezco) al momento de sostener un proceso de construcción escénica

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referimos a una bailarina, quien como mujer generalmente tiene alguien más a su cuidado. Entonces se produce una constante pugna entre el trabajo creativo y el del cuidado, para ella entonces hablar de danza y hablar de cuerpo, paradójicamente no solamente es hablar de su cuerpo, que simultáneamente está en un trabajo de reapropiación constante; su corporalidad, humanidad y accionar se extienden hacia otros/as que dependen de ella, bajo este enfoque el trabajo creativo carga con un valor productivo y reproductivo que ante todo debe ser eficiente (Ortiz, 2007).

La situación social y económica, sobre todo la última, hace que en la persistencia por hacer danza -o necedad- y sostenerse en escena, se busque o genere estrategias para desafiar una cotidianidad que se vuelve abrumadora. Esta reflexión se desarrolla sobre variables que generalmente no son tomadas en cuenta, menos aún valoradas al momento de establecer procesos creativos, categorías como género y situación económica son invisibilizadas. Dejar fuera aquellos “detalles” domésticos vacía el gran esfuerzo –físico, emocional, incluso espiritual– que conlleva algunos momentos bailar. Es esencial valorizar aquellas acciones cotidianas que al ser dadas por hecho son minimizadas; lejos de hacer una victimización sobre una situación normalizada, exponer lo que cuerpos femeninos o feminizados ocultan y naturalizan con el objetivo de seguir bailando es necesario, no panfletario.

Sobre la economía doméstica

Como una estrategia de acción, enmarcada en concepciones alternativas de trabajo, está la economía doméstica de creación (el énfasis es mío), una forma de entretejer las labores del hogar, cuidado, entrenamiento y creación de cuatro mujeres para emplear de manera distinta su entorno y limitaciones con el fin de sostener un proceso creativo. Para lo que se parte del enfoque económico sobre el arte que se “centra en el hecho de que siempre existe escasez de recursos, de capital y trabajo, de recursos naturales y medioambientales, de tiempo y de potencial físico y psíquico de las personas” (Frey, 2001) y comprender al ámbito doméstico por aquel espacio donde se habita y se realizan las actividades cotidianas de convivencia (individual o de diversos tipos de familia).

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Bajo estas premisas emprender un trabajo en equipo de manera semi- presencial, es una metodología que convierte a una debilidad, como la falta de tiempo y espacio para trabajar en conjunto, en una fortaleza que combina una manera de abarcar el oficio de la danza de manera individual y en colectivo en des-tiempos. A esta manera de encontrarnos y re-encontrarnos, con el fin de elaborar un material base para la indagación en movimiento es lo que se califica como economía doméstica de creación.

Un reto de este tipo no puede hacerse de manera solitaria, pues, para subvertir las relaciones jerárquicas que se implantan de manera tradicional en el trabajo coreográfico y performático se necesita de confianza, respeto, solidaridad, comprensión, responsabilidad, acompañamiento y consciencia. Nuevas formas de acuerparnos como señala Lorena Cabnal (2012), estrategias para re- significar los espacios de casa y las acciones cotidianas para generar un encuentro con el cuerpo, pero con el cuerpo de mujer, que permita desplegar la capacidad creativa e imaginación y reivindicar esa cotidianidad del cuidado como parte de la vida.

Espacio Cuerpo

El imaginario de la sociedad traza el cuerpo de la mujer como débil y frágil, de formas redondeadas que le brindan cierta cadencia. En ese mismo imaginario, el cuerpo de una bailarina se presenta extremadamente delgado y delicado. Así, el cuerpo de una bailarina es doblemente estigmatizado bajo estos supuestos que socialmente norman su estructura y accionar; frágil, delicado, delgado y débil, el cuerpo se convierte en un signo definido y se lo anula como el lugar desde donde se despliega y ejerce el trabajo creativo, para toda mujer el cuerpo es su primer territorio en disputa (Cabnal 2012).

Reconocer al cuerpo como espacio desde donde se ejerce el trabajo creativo en medio de un diario trajín de cuidado es un acto de resistencia, por lo tanto, conlleva un posicionamiento político. Abordar así un proceso creativo, colectivo e individual, es un riesgo, además intentar re-construir y re-apropiarse de su espacio cuerpo de manera íntima, busca subvertir las relaciones de poder que se instalan en él y transformarlo de un objeto, bajo la dirección de un superior, a un sujeto productor de nuevos materiales simbólicos desde su corporalidad e

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intimidad, puede ser un camino de re-conocimiento del cuerpo de mujeres artistas, urbanas, cuidadoras que concretan un lugar de enunciación para ejercer su ejercicio artístico con un fin liberador.

Preguntarse como todas esas estructuras sociales han definido el cuerpo que habitamos y cómo a través del trabajo dancístico pueden cambiarse esas estructuras es el objetivo principal. Buscar un cuerpo propio que habitar y mover, son sus limitaciones y particularidades son formas de sumar al trabajo artístico un activismo, un posicionamiento sobre la forma en que los lenguajes técnicos, como herramientas eficientes, pueden aportar para trabajar la creatividad. Lenguajes que en su mayoría han sido desarrollados para uniformar, regular e instaurar imaginarios no latinoamericanos que violentan la diversidad de cuerpos y la concepción estética que desarrollamos sobre ellos. Renunciar a los virtuosismos físicos en búsqueda de una expresividad más orgánica y verdadera, convierte a quien lo asume en auto-marginal en el medio dancístico, un tipo de exilio por enfrentar ideales corporales que perviven en nombre de la tradición, desarrollamos la capacidad de cuestionar y sospechar (Cabnal, 2012).

Luchar por un cuerpo con propia expresividad es convertirlo de un espacio vacío a uno en el que se decide estar, es hacerlo un lugar de encuentro y no desencuentro (Bauman, 2005). Esa decisión enfrenta en la realidad el cansancio constante y la falta de energía suficiente para realizar las actividades que deben hacerse, las que se quieren y las que se asumen; a pesar de preguntarse por el cuerpo que se quiere re-apropiar o re-configurar, está el que nos sostiene, finalmente se cambia un ideal por otro y cuesta aceptar el cuerpo agotado.

Espacios de casa, de danza y ciudad

Transformar un espacio de casa, un terreno doméstico, en área de entrenamiento y creación es re-significar un espacio privado destinado a tareas de reproducción (Ortiz 2007), sobre todo porque se lo hace de manera deliberada y consciente para desarrollar un trabajo de indagación que tiene como mayor enemigo el tiempo y paradójicamente la no privacidad. Trabajar en casa, para toda mujer que asume el cuidado de alguien más, significa que las demás

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necesidades del hogar estén cubiertas –al menos por unos momentos–, por lo tanto, es un espacio donde está presente en cuerpo pero que vive en desencuentro (Bauman 2005) .

Proponemos re-definir el espacio, re-configurarlo cuando se realiza el entrenamiento en horas de la mañana o de la noche y las demás personas están dormidas; cuando para leer, escribir o improvisar se tiene que esperar que no haya nadie en casa, o, cuando las demás –sujetas irruptoras, compañeras de rebeldía- llegan a transformar el espacio con su trabajo y su presencia. Es también en casa donde las mujeres somos absorbidas totalmente por otras acciones, por más artista, ingeniera u otra profesión que ejerza, las actividades nos sobrepasan; los pañales deben ser cambiados, las macotas deben ser cuidadas y la comida debe servirse, etc. Tareas que en teoría todas las personas realizan en casa día a día, nosotras las transfiguramos en un tipo de entrenamiento y ejercicio de desarrollo de material creativo y mutan a ese espacio de casa.

Realizar todas esas actividades con otra concentración es una estrategia para elaborar otro tipo de escucha, alerta y tono en el cuerpo, incluir en la inteligencia física del bailarín, la atención del cuidado, brinda al cuerpo y al movimiento un estado diferente y una nueva manera de relacionarse con el entorno y con otros cuerpos, cambios que buscamos reflejar en la puesta en escena.

Con toda esa carga de lucha permanente por re-asumir el cuerpo y re-configurar los espacios de casa, ese cuerpo persona que se asumimos como sujeta –más que sujeto– debe transitar por los espacios de la ciudad. Es muy complicado cruzar la ciudad, así no sean distancias grandes, con un cuerpo que está cansado todo el tiempo y con una emergencia permanente por regresar a casa, no solamente por las tareas pendientes, sino por la utopía del descanso (Bauman 2005). En la ciudad camina un cuerpo que ha generado un tipo de resistencia muy diferente a la de un entrenamiento corporal común. Ensayar cuando se siente cansancio, dolor por lesiones físicas propias del oficio, o más aún, cuando se deja a quien se cuida enfermo/a, hace que la sensibilidad y el corazón se coloquen en la piel y se sienta de verdad. ¿Dónde está ahí el espacio vacío? Tal vez en la persona, en nosotras mismas, pues el transitar se convierte en una

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acción automática, desconectada; durante el ensayo se activan y conectan todos los sentidos posibles sin anular la intranquilidad. La ciudad pierde sentido al convertirse en un espacio extraño y frio.

De la imaginación a la realización

El proceso de creación bajo la propuesta de economía doméstica se propone en dos momentos: uno colectivo de entrenamiento y acompañamiento a formas de abarcar el movimiento y un segundo que propone un tiempo de trabajo personal y solitario con el fin de elaborar reflexiones críticas sobre el proceso de apropiamiento del cuerpo. Es una forma de producción alternativa que se adapta a tiempos de ensayo flexibles, pero sobre todo, a transformar los espacios domésticos y cotidianos como lugares de creación con el fin de responder a la situación de madres/cuidadoras.

Esta metodología de trabajo y producción escénica tiene como fin principal no renunciar al ejercicio artístico, marcada por la posición política de mujeres frente al trabajo creativo, doméstico y cotidiano donde debemos desenvolvernos se basa en la disciplina y el compromiso, el diálogo, el manejo de las emergencias y lo emergente. Es un acercamiento a una propuesta de construcción no solo de un territorio cuerpo sino de una manera de habitarlo en compañía con otras mujeres que hilan sus concepciones de manera parecida, que entretejen juntas y se asumen creadoras también de significados (Cabnal, 2012), es una propuesta colectiva.

¿Cómo empezamos?

Asumir la creación es aprender a sentir y escuchar, mirar y redescubrir en los momentos más cotidianos la intimidad y la universalidad. Percibir lejos del ego y el juicio los momentos donde esa vida cotidiana despierta el deseo de re- significar y magnificar los detalles que a través de esas minucias nos van construyendo, los dramas y melodramas, los enfrentamientos y decepciones, que a veces se pueden comprender por medio de la participación de otro/a. Es

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permitirse a, percibir y facilitar encuentros al abrir los canales de esa intuición, mostrarnos esa dimensión poética de las pequeñas acciones, aceptar que hay otras formas de comprender la realidad que no solamente cruzan por la racionalidad, que la vida no se aprende sino que se aprehende y que lo poco que se queda reside en el cuerpo, que muchas veces es mejor comprender antes que entender (Neef, 1991)

En propuestas explorativas como esta no hay camino incuestionable, no hay receta a seguir, por lo tanto, abandonar el juicio es lo más importante, pero lo más difícil de trabajar. En ese proceso también hemos recibido del apoyo de otras personas que de distinta manera han alimentado nuestro proceso, a todas ellas les agradecemos infinitamente. Este proceso de investigación es un peldaño más en nuestro trabajo que tiene una profunda implicación política, creemos y pugnamos por el reconocimiento de cuerpos y corporalidades diversas, por valorizar la reflexión que acompaña a cada una de las aventuras danzadas que impulsan nuestras dudas, creemos en el compartir y sobre todo creemos en el seguir.

Una cosa es segura, aunque la comodidad nos persiga continuaremos abrazando la incertidumbre, renunciando al juicio y poniendo piso a nuestras dudas, esa será la única forma en que podamos arribar en algún momento a una verdad –igual de efímera-, que siendo persistentes nos llevará a otras cavilaciones y esperamos que a seguir bailando (Sánchez, 2018).

Bibliografía

Bauman, Z. (2005). Modernidad Líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Buñay, N. (2018). El cuerpo creativo. 8 cuerpos. Bruma acción reflexión en movimiento, Quito.

Cabnal, L. (2012). Acercamiento a la construcción de la propuesta de pensamiento epistémico de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala. En L. Cabnal, Feminismos diversos: el feminismo comunitario. .

Frey, B. (2001). La economía del Arte. Barcelona: La Caixa.

Loza, N. (2018). El cuerpo que vive y muere. 8 cuerpos. Bruma acción reflexión en movimiento, Quito.

Neef, M. M. (1991). La incertidumbre de la certeza y las posiblidades de lo incierto. Primer Congreso Internacional de Creatividad. Bogotá.

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Neira, D. (2018). Sedimento. 8 cuerpos. Bruma acción reflexión en movimiento, Quito.

Ortiz, A. (2007). Hacia una ciudad no sexista. Territorios, 11-28.

Sánchez, V. (2018). Metodología del cuerpo mestizo. 8 cuerpos. Bruma acción reflexion en movimiento, Quito.

 A propósito de unas  pláticas  mantenidas entre bailarines  en Quito /Josie Cáceres García  

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Apuntes sobre  una  a-puesta en escena /María Beatriz Vergara   

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