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La movida teatral en Guayaquil / Cecilia Velasco

La movida teatral en Guayaquil / Cecilia Velasco

Llegué en abril de 2018 a esta populosa ciudad ecuatoriana y, en cuanto al espectáculo teatral, no he alcanzado a ver todo lo que habría deseado, así como he decidido dejar fuera mucho del micro teatro, un género que se ha expandido  en Guayaquil, que juega con situaciones picarescas mediante recursos elementales y lugares comunes, similares a los que pueden extraerse del teatro de la calle, protagonizado por actores que, instalados en el frecuentado Malecón Dos mil, hacen reír a carcajadas a la plebe: abunda un histrionismo exagerado que sirve para hacer mofa del cliché del afeminado o la mujer.

Me perdí, por ejemplo, la adaptación del cuento Un hombre muerto a puntapiés, en manos del actor Aaron Navia, de quien se escuchan solo buenos comentarios. Me perdí Rabia, llevada al teatro por Sebastián Cordero, en montaje en la Casa Cino Fabiani, aprovechada como escenario privilegiado. No me agencié con el afán suficiente de una entrada, porque me aburrió la película Rabia, de Sebastián Cordero.

Ubicada en el Callejón Magallanes, en plena zona rosa de Guayaquil, inaugurada en mayo de 2018, y regentada por el grupo de teatro Muégano, de Santiago Roldón y Pilar Aranda, la sala de teatro de idéntico nombre ha sido escenario de grandes estrenos.

Experiencias en Muégano

Foto tomada de la página de Facebook de Muégano Teatro

Foto tomada de la página de Facebook de Muégano Teatro

Asalto al centro comercial, escrita por Santiago Roldós, agotó las entradas en su estreno. Contó con la dirección actoral de Pilar Aranda y veintidós actores y actrices en escena, varios de ellos alumnos de la Universidad de las Artes. Profundamente política, sarcástica y crítica con el poder y las elites económicas y políticas, cautivó la atención de los espectadores por el gran nivel de actuación y el montaje: la escenografía, el vestuario y el entramado de las acciones -no obstante la dispersión que suele caracterizar al teatro de hoy en día- contribuyen a mantener al público en vilo. Como ocurre con el arte moderno, el teatro contemporáneo golpea e interpela, pero jamás aburre. El ingreso del público desde los exteriores estuvo flanqueado por la poderosa presencia juvenil, cuyos cuerpos y cuyas voces otorgan vigor y entusiasmo.

Tazas Rosas de Té

Foto archivo El Apuntador

Foto archivo El Apuntador

Allí mismo, en Muégano, vi Tazas Rosas de Té, de Gabriela Ponce: una pieza de resolución técnica impecable, que cuenta con escenografía, vestuario y puesta en escena que incluye audios y videos. Las acciones dramáticas se desarrollan en un ambiente funesto, roto momentáneamente por los diálogos tecnológicamente manipulados y aparentemente banales de dos mujeres que hablan de la muerte.

La obra contó con la actuación de María Josefina Viteri, Martha Lasso y María Dolores Ortiz, y recurrió a audios de testimonios reales de las víctimas de Aztra, facilitados por Pocho Álvarez, realizador cinematográfico. La idea central, unir la tragedia íntima de la pérdida de un hermano con las vidas que fueron arrebatadas tras la represión policial en el Ingenio Aztra (1977).

Padeció un problema insoslayable y fue la voz débil de la actriz principal, María Josefina Viteri, que impidió que el numeroso público asistente asimilara los contenidos básicos. Tazas Rosas de Té, de minuciosa construcción, tal vez fuerza el encuentro entre el doloroso duelo íntimo con un suceso histórico ocurrido hace más de cuarenta años.

Bárbara Aranda

Foto tomada de la página de Facebook

Foto tomada de la página de Facebook

Con la actuación y los textos de Bárbara Aranda tuvo una breve temporada Across de una Versus. En medio de las fiestas julianas, pocos asistentes pudimos aproximarnos al monólogo de la protagonista, que deja algo de su vida y su cuerpo en escena. El texto constituye una reflexión caótica sobre el dolor y la enfermedad, y especialmente sobre la artritis, hecha visible en los nudillos de los dedos de la actriz quien, al final de la representación, toma sus tiliches, como hacen los personajes femeninos de Pedro Páramo, y se va para otro lado. Across de una Versus, de modo similar a lo ocurrido en Asalto al centro comercial, logra penetrar en sujetos femeninos que padecen cansancio o dolor y que se quejan, contonean, bailan en escena. No puede decirse que sea de fácil acceso, pero puede asegurarse que, una vez dentro, el espectador curioso y empático entra y se queda.

Teatro La Bota

La actriz Luciana Grassi protagonizó un monólogo basado en el cuento Cumpleaños, de la guayaquileña Solange Rodríguez Pappe. Mantiene el ritmo de principio a fin de la historia de una mujer que, a partir del discurso de bienvenida a su fiesta de cumpleaños, evoca momentos de su vida, en los que se vislumbran dolores, frustraciones, complejos y miserias. Luciana Grassi se mantiene en pie durante la pieza y se permite tambaleantes movimientos mientras apura su trago. Elegantemente vestida, como una mujer madura emperifollada y algo chispa, hace sentir al auditorio como un invitado con vergüenza ajena en esta fiesta de cumpleaños cuya anfitriona pierde los papeles.

El escenario, el teatro La Bota, ubicado en las inmediaciones del Malecón del Salado.

Foto tomada de Internet

Foto tomada de Internet

Algunas de cal, algunas de arena

Tres obras de desigual factura pude mirar en la bonita e íntima sala del Estudio Paulsen, en la calle Numa Pompilio Llona. Empiezo por La casa del perro. El venezolano Julián Martínez montó en Ecuador esta pieza, con la que había ganado un premio internacional. Los personajes –una pareja que atraviesa por desencuentros- estuvo protagonizada por los actores mexicanos Benjamín Cortés y Michelle Zamudio. Elementos gratuitos, falta de concentración dramática, movimientos bruscos y una modulación de voz pretendidamente neutra estropean la experiencia.

Foto tomada de la página de Facebook , Estudio Paulsen

Foto tomada de la página de Facebook , Estudio Paulsen

Cuatro maneras de contar una historia, de José Miguel Flores, estudiante de creación teatral de la Universidad de la Artes, se hizo acreedora a un modesto premio monetario convocado por el Estudio Paulsen, cuya consigna había sido producir obras a partir de la figura de Antonio Neumane, quien había vivido en la Numa Pompilio Llona. Si bien esta ocasión el resultado no fue el mejor, hay que aplaudir la iniciativa de Estudio Paulsen y desear que la dramaturgia y puesta en escena tengan una calidad artística mayor. Sí hubo buenos resultados, en cambio, con Lodopatía, en la que se mostró el resultado de ocho meses de trabajo con la escuela de actores bajo la técnica Meisner. Dirigidos por el español Iñaki Moreno, los casi treinta jóvenes que quedaron de un grupo de más de cuarenta matriculados en Estudio Paulsen montaron una serie encadenada de varios sketches, tomados de una variadísima selección: García Lorca, Shakespeare, Williams, guiones de series de televisión o películas ¿El resultado? Veintitrés escenas que, mediante una puerta por donde entran y salen los actores que encarnan a los personajes, dejan en el espectador un buen sabor de boca.

Cucharas en el Sánchez Aguilar

Como obra de creación colectiva, el grupo portugués Do Chapito presentó una hilarante Electra en la sala Zaruma del Teatro Sánchez Aguilar, en el contexto del Festival Internacional de Artes Escénicas de Guayaquil, Fiartes. La interpretación fue protagonizada por Jorge Cruz, Nadia Santos y Tiago Viegas ante un público que, acallada cierta impertinencia, aplaudió de pie este montaje en el que uno de los recursos de escenografía y vestuario fueron las cucharas: cucharas como pendientes o armas que, arrojadas desde cierta altura, se convierten en el chorro de orina del que quiere hollar la tumba del enemigo. Electra, vuelta una tragicomedia, increpa a la familia como estructura que reproduce la lógica del poder en la interpretación de estos espectaculares actores y actriz.

Foto tomada de la página de Facebook de Cerrito de Cuentos

Foto tomada de la página de Facebook de Cerrito de Cuentos

La oralidad

Un poco al margen del teatro propiamente dicho, fue deliciosa experiencia la de escuchar a los cuenteros invitados por la talentosa gestora cultural Ángela Arboleda, de Corporación Imaginario, quien ha desarrollado durante años su “Cerrito de cuentos”. Pude divertirme con Celso Fernández Sanmartín (Galicia), Arnau Vilardebò ( Cataluña), Marco Flecha ( Paraguay), Virginia Imaz (Catalunya), que contaron a un público ávido las historias de sus pueblos, cargadas de humor y filosofía mediante recursos como la voz y ciertos gags del mundo del mimo y los payasos.

El teatro se mueve en Guayaquil, y hay que estar atentos a la movida. Existen varios escenarios pequeños en el centro de la ciudad, que me falta conocer y la programación de Muégano, Estudio Paulsen, la Bota, el Sánchez Aguilar, los montajes de la Universidad de las Artes, entre otros, es variada. Habrá que desplazarse de la zona de confort para apreciar los dones que nos regalan actores, actrices y cuenteros.










 

 



Paola Navarrete + Da Pawn: vínculos puntuales  / Juan Manuel Granja

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Billy Cowie, entre lo inevitable y lo posible/ Alejandra Aguirre Ordóñez

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