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ALGO MAS PARA APLAUDIR

ALGO MAS PARA APLAUDIR

María Luisa González

Estos días me he sentido profundamente premiada con dos lecturas importantes que llegaron a mis manos, ojos, mente, corazón y que coincidentemente vienen no solo desde el entorno  de la academia, sino del ejercicio del pensar la danza como extensión de la experiencia coreográfica en el marco de la docencia  creativa.

Estoy hablando de “Improvisación e interacción en tiempo escénico”- Consideraciones sobre la metodología de trabajo de Talvez Danza Contemporánea, artículo minucioso de Marcela Correa- Gabriela Piñeiros   publicado en la serie monográfica Post (s) de la Universidad San Francisco (diciembre 2017). Y “El cuerpo como laboratorio”, de Ernesto Ortiz, publicado en el libro Repensar el Arte, Reflexiones sobre arte, política e investigación de la Universidad de las Artes- ( UArtes Ediciones –octubre 2017)

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En el lanzamiento del libro Repensar el arte… en Quito (Universidad Central – Diciembre 2017), Jorge Gómez Rendón, editor del libro y  Ramiro Noriega, rector de la Uartes, de manera coloquial y erudita a la vez, nos ubican a los posibles lectores de la obra, como parte de  la complicidad política  de la reflexión  que lleva el vértigo del desaprendizaje, para buscar no una respuesta, sino múltiples preguntas  en la práctica comunitaria del sentir.

El camino de la experiencia por el que transita Ernesto Ortiz, es sin duda un  aporte sustancial para la danza en nuestro país, que se concreta en enseñanzas-búsquedas y encuentros con las nuevas generaciones dancísticas; y hay algo que coincide con la propuesta de Marcela Correa, la preocupación de ubicar al público no como simple consumidor de danza, sino como sujeto-ser que tiene la posibilidad de vivir la experiencia de una manera distinta, diferente, activando sus sentidos para hacer otras lecturas de cuerpos , movimientos ,sonoridades y espacios no solo desde la contemplación sino y también a partir de la movilidad física y mental en tiempo real.

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Marcela Correa, como ella afirma y lo demuestra, apuesta a la improvisación como método de trabajo, pero también como proceso y resultado, en donde los  cuerpos cambiantes están abiertos, atentos ( en relaciones líquidas) y apela a la sorpresa, como capacidad de la escucha del otro y lo otro coreográfico. De esta manera la grata lectura, nos lleva necesariamente a buscar las referencias bibliográficas de las que hace  Marcela, porque el aprendizaje en el accionar de la danza, está ahora también en el placer del saber teórico, aunque hay puntos en los que no estoy completamente de acuerdo, me aporta en el interés de la reflexión.

Si entramos al campo del debate, que no es precisamente el de ahora, me haría falta tener otras referencias estéticas que me conmuevan, me convoquen y que interpelen también el dogma de los nuevos paradigmas del arte contemporáneo, como es el caso de la postura de  Avelina Lésper, o si quisiera indagar por el camino de la crisis de la modernidad, podría también buscar la necesidad de no perder el efecto aurático del arte, único e irrepetible, del que habla Benjamín y traspasarlo necesariamente  a la danza. Lo importante resulta ser, que desde la danza y la academia (Universidad) empezamos ya a recibir resultados de vital importancia en la sistematización, investigación y reflexión de procesos que se sustentan en la praxis y en la solvencia, como es el caso de Ernesto y Marcela, trazos de un camino a seguir.

Tejiendo los hilos del pensamiento con movimiento, vamos encontrando el placer de sentir, hacer y pensar gracias a Ernesto, Marcela, a los editores y mentores de las publicaciones mencionadas por este ‘regalo’ de fin de año.

 

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