Colectivo Lunasol: 30 años de militancia desde la infancia. Wallis América Paz y Miño
1.El origen: un canto en la selva
Lunasol nace en 1996 en medio de la selva de Jatun Sacha. Nace de la forma más pura posible: escuchando la voz de las infancias. Mis sobrinos me pedían cuentos y yo les preguntaba si los querían de muñecos o de animalitos; según su respuesta, la ficción cobraba vida. Así nacieron nuestros primeros relatos: Colmillos del tigrillo, Manuel, el muñeco que quería volar y Garabato la Muñeca de trapo, misma que luego se convertiría en nuestra primera obra escénica. Así fue que en medio de la selva y con un coro de grillos detrás, canté por primera vez un tema que, luego sería coreado desde México hasta la Patagonia.
Garabato hace un trato.Tanya Benítez
En esa primera etapa (1996-2001), nuestras propuestas eran íntimas y sumamente personales. Obras como Garabato, Teki, La historia de un payaso y Travesuría marcaron el inicio de una dramaturgia propia. Fue también una época donde la precarización laboral nos empujó al reciclaje de elementos para la escenografía. Lo que empezó como una necesidad económica se transformó, con el tiempo, en uno de nuestros sellos de identidad y en una postura política firme frente a un sistema ecocida que promueve el consumo indiscriminado.
Cuentos para pocas flores. América Paz y Miño (2002)
Tras un periodo en solitario con la obra Cuentos para pocas flores, donde reafirmé la dramaturgia propia, incorporé la narración oral y empezó la indagación de teatrinos diversos, hasta ese entonces, ya habían sido paraguas, maletas y libros. En 2002, el colectivo se preparaba para dar un salto fundamental.
2.De la vivencia íntima a la praxis política: la gestión cultural como trinchera
La expedición del solitario Jorge. María Fernanda López (2005)
El año 2003 marcó un hito con la incorporación de María Fernanda López Jaramillo. Con ella, la gestión cultural y la conceptualización de proyectos se convirtieron en prácticas habituales. Las historias íntimas que seguíamos creando, como Tris Tris Extraterrestre o La expedición del solitario Jorge, se anclaron definitivamente a un contexto sociohistórico y cultural y empezamos a identificar problemáticas como la migración, el concepto de género, el cuidado ambiental, entre otras que, orgánicamente se alineaban a nuestro trabajo. Ahí surgió un concepto que nos acompañó años que fue el “eje transversal” de cada una de nuestras obras. En este período, dejamos de vernos como seres individuales contando vivencias personales a sentirnos vinculadas y profundamente relacionadas con la comunidad y la sociedad. De esta manera, la gestión cultural se erigió como un pilar fundamental para incidir, desde el arte, en la sociedad.
Bajo el lema acuñado por Fernanda, "Nuestra militancia desde la infancia", la dramaturgia propia y el reciclaje (ya no desde la precariedad, sino desde la convicción ecológica) se unieron a la investigación y la gestión.
Quito Chiquito
Esta madurez dio vida a nuestro proyecto de gestión más emblemático: el Quito Chiquito, Encuentro Multidisciplinario de Artes para Niños y Niñas (2007-2014). A través de este encuentro, aproximadamente 120,000 niños y niñas de sectores periféricos de Quito y Tena — estudiantes de escuelas fiscales y fiscomisionales— ejercieron plenamente sus derechos culturales. Quito Chiquito logró algo único: que músicos, cineastas, artistas urbanos, visuales y escénicos se acercaran a las infancias y crearan arte especialmente para ellas. El proyecto se detuvo en 2014 debido a la falta de compromiso del sector público para sostener procesos que vinculaban arte y comunidad. Esto sumado al desgaste de remar contracorriente en la búsqueda de fondos hizo que el Quito Chiquito parara, no obstante, su huella quedó marcada para siempre no solo en los y las adultos que estuvimos involucrados, sino principalmente en niños, niñas y adolescentes que conocieron el arte a través del Encuentro.
3.Tres pilares, academia y el tejido comunitario
La historia de un niño llamado Enrique. Daniel Badillo y Solange Cuvi (2019)
En 2014 se sumó Solange Cuvi, artista escénica y música que inyectó interdisciplinariedad al colectivo, fusionando lo escénico con las artes plásticas, la música y el videoarte.
El primer cuento de Polifonía. Solange Cuvi, y América Paz y Miño (2016)
Sol fue un pilar en la alianza que Lunasol mantuvo entre 2010 y 2020 con la Fundación FACES, un proyecto de formación artística no formal destinado a niños, niñas y adolescentes de las periferias de Quito. Para muchos de ellos, este era su único espacio de acceso al arte, y les cambió la vida. Es vital comprender que estos proyectos en territorio fueron el escenario real donde se pudieron poner en práctica los conceptos políticos del Quito Chiquito, aquellos relacionados con la toma de decisiones y la búsqueda de consensos desde las infancias. El Quito Chiquito colocaba a los niños y niñas en el centro, rodeados por un triángulo de soporte integrado por artistas, familias y docentes. Sin embargo, al ser un evento masivo y anual, el proceso sostenido con cada hogar era inalcanzable. En la Fundación FACES, en cambio, la constancia del proceso permitió activar ese triángulo y trabajar de la mano con padres y madres de familia (aunque el vínculo con los docentes siempre resultó complejo).
La historia de un niño llamado Enrique
Así, la Fundación FACES demostró que la conceptualización y la “utopía” del Quito Chiquito SÍ ERAN POSIBLES para generar un cambio social real a través del arte, siempre y cuando existiera un proceso sostenido y el compromiso de creadoras como Sol, Sofía y Fernanda Medina, quien, aunque nunca fue parte de Lunasol, se erigió como un pilar fundamental en la ejecución y sostén de estos proyectos. Esta valiosa experiencia está rigurosamente sistematizada en la tesis de maestría de FLACSO: “Nosotros los artistas: identificación, autorepresentación y prácticas artísticas de adolescentes”. Hoy, muchos de esos niños son adultos jóvenes que siguen considerando al arte como un eje fundamental en sus vidas.
Dando y dando pajarito volando. Zaydum Choez América Paz y Miño y Geovanny Pangol
En 2016, mis propios estudios de posgrado en FLACSO marcaron otra vuelta de tuerca para Lunasol, impulsando la investigación y la memoria como ejes de creación. Esta etapa, que continúa hasta la fecha, ha parido obras como La historia de un niño llamado Enrique, Historias Cimarronas y Sabores de la memoria, todas ellas premiadas a nivel nacional e internacional, demostrando la potencia que aporta la academia cuando se vincula a la conceptualización artística. En este mismo periodo de definieron conceptualmente los tres pilares fundamentales que habían acompañado, desde sus inicios, a las creaciones de Lunasol:
Sabores de la memoria. Beatriz Martínez Sofía Domínguez y América Paz y Miño (2024 )
La dramaturgia propia: Nuestra voz y nuestra postura humana y política en el mundo.
El reciclaje: Nuestra militancia ecológica y estética.
La música original: El alma sonora del colectivo.
El tercer pilar no existiría sin el gran compositor Lenin Guillo Estrella, una pieza fundamental en la historia de Lunasol. Su genialidad y comprensión del lenguaje escénico han permitido que la música no sea un mero acompañamiento, sino parte orgánica de las obras. Guillo ha transitado con maestría desde el rock hasta el San Juan y los alabados esmeraldeños, firmando la música original del 80% de nuestras producciones.
4.El presente: habitar la horizontalidad en y fuera de escena
Hoy en día, el camino continúa junto a Sofía Domínguez, incorporada en 2023, quien, durante seis años, también fue docente de la Fundación FACES. Hoy nos encontramos en un proceso de adaptación, buscando nuevas formas creativas y lenguajes para comunicar esta nueva era.
A lo largo de estas tres décadas, hemos colaborado con organismos internacionales como el Grupo
Concierto de música en San Juan de Calderon llegaron 1000 guaguas,
Faro, la GTZ alemana (llevando El carro nuevo de la bruja a Latacunga y Ambato) y el PNUD, que en 2024 otorgó a nuestra obra Manuela y el CC un reconocimiento mundial como uno de los cuatro proyectos más importantes del planeta para concientizar sobre el cambio climático. Asimismo, nuestro trabajo ha sido respaldado a nivel nacional por fondos del Ministerio de Cultura, el IFAIC y el IFCI, e internacionalmente por Iberescena, abarcando la gestión y la investigación cultural; así como la creación y la producción escénica.
Triste tris la extraterrestre. María Fernanda López (2007)
En estos 30 años de trayectoria, Lunasol ha creado 25 producciones artísticas. De ellas, solo dos Anónima (2012) y Sabores de la memoria (2024) han sido para todo público. Las otras 23 obras, al igual que todos nuestros proyectos de gestión, han sido creadas exclusivamente por y para las infancias.
Para nosotros, la comunidad no es una palabra de moda ni un concepto vacío, desde hace más de 20 años, colocamos a los niños y niñas en la centralidad de nuestra praxis, siempre desde una mirada NO adultocéntrica y estableciendo relaciones horizontales donde su voz decide.
Historias Cimarronas (2026) Foto Archivo El Apuntador
Hoy podemos incorporar tecnología y video mapping en grandes teatros, o presentar obras de batalla en la cancha de una escuela comunitaria. El formato puede cambiar, pero el compromiso se mantiene intacto: ofrecer la altísima calidad que las infancias merecen, siendo fieles a nuestros corazones y plenamente conscientes del entramado social que habitamos. El impulso sigue siendo el mismo que inició en medio de la selva hace 30 años: escuchar la voz de nuestros interlocutores e interlocutoras y, si bien no les preguntamos directamente si desean escuchar una historio de muñecos o animalitos, si escuchamos su voz y les respondemos, como siempre lo hemos hecho, desde el arte y la creatividad, con el más profundo respeto y con el corazón en la mano.
Gracias por estos 30 años, sin los niños y niñas, Lunasol no existiría.
Fotos cortesía América Paz y Miño
