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De cómo se consiguió e ingenió un espacio para Muégano Teatro / Una charla con Santiago Roldós

De cómo se consiguió e ingenió un espacio para Muégano Teatro / Una charla con Santiago Roldós

Llegamos al callejón Magallanes, avanzamos por esa calle sin salida y, al final, encontramos la flamante Casa, con un acogedor patio, con sus mesas y sombrillas, sus puertas abiertas, y ahí vemos al mismísimo Santiago Roldós, junto a Bárbara Aranda, inmersos en la tarea de limpieza. Son como las cinco de la tarde y es hora de alistar la casa para recibir a sus invitados, esa noche en escenario Yanet Gómez y su obra Amore.

Santiago Roldós. Fotos Silvia Echevarria El Apuntador

Santiago Roldós. Fotos Silvia Echevarria El Apuntador

Con la amabilidad que caracteriza a Santiago nos dice, “denme un minuto que voy a cambiarme, deja su camiseta de trabajo y aparece listo para la charla. Nuestro anfitrión es un gran conversador y a la primera pregunta de cómo lograron conseguir el espacio nos dice :

 “Larga historia, han sido 10 años de trámites, papeles, y mucha paciencia…”

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El Municipio de Guayaquil, en la administración de Nebot, decidió donar varias propiedades patrimoniales que estaban abandonadas, restaurarlas y entregarlas en comodato a distintos grupos de artistas de la ciudad. 

Roldós, enterado de la posibilidad, busca apoyo en su amigo Florencio Comte, un arquitecto muy reconocido por su labor de preservación del patrimonio de la ciudad, quien junto a Jhon Dun y Ricardo Borges, transitan junto a él en el larguísimo trámite de volver realidad esta posibilidad. Porque, a pesar de la voluntad del burgo maestre, había que torear la horrenda burocracia.

Venturosamente la tarea no desembocó kafkiana, claro que tuvo sus períodos oscuros en los que se pensaba que ya la gestión se paralizaba, largo tiempo de “pendejómetro”, como dice  Santiago, entre risas; tanto que en un momento pensaron que ya no iba más y alquilaron un espacio para Muégano. No obstante, un día de esos, lo vuelven a contactar y se reaviva el empeño.

La lista del patrimonio disponible era amplia, entonces ‘escoger’ s­­­e convierte en una suerte de lotería avisad, pero que no siempre puede ser cobrada, pues había que ser realistas en cuanto al innegociable tema de la sostenibilidad. La primera sugerencia era ocupar una casa gigantesca, que para Muégano resultaba imposible sostenerla. De modo que sugieren que se asigne la como una casa para las Artes Escénicas, una fantasía compartida, en ese momento, con Jorge Parra y Bertha Díaz, pensaban en un departamento de investigación, y no sé cuantos sueños más.

Luego se pensó en una edificación muy antigua que estaba destruyéndose, de hecho, se cayó en mitad del trámite (más tarde ese espacio fue donado a Zonaescena y ahí está construyéndose su sede). 

“Nosotras, Pilar y yo, en el 2004 habíamos visto este callejón y decíamos ¡ese lugar es mágico! porque esto era un solar abandonado, no era el callejón de Magallanes si no el estero de Magallanes, este es el último estero que salía al río directamente. 

El esquema era sencillito, la ciudad nos da un local y los grupos le devolvemos a la ciudad nuestro quehacer, todos ganamos y, la ciudad no interviene en la programación, eso era muy importante, es un arreglo mixto independientes y autónomo. (Santiago remata la idea del pacto con una de esas carcajadas muy suyas). Por fortuna esto era un solar municipal de los bomberos, nos lo adjudicaban y había que diseñarlo, Valentina Brevi fue quien se hizo cargo esta tarea”.

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 Una vez adjudicado, la realización del proyecto tomó alrededor de tres años, en el 2018 les entregaron, esos tres años implicaron negociar con su propio quehacer, porque mucha energía la gastaron “subiendo y bajando la escalera municipal”, invirtiendo también su tiempo en todo el tema de diseño del espacio y más; los viajes, como Muégano, tuvieron su receso, la creatividad estuvo represada, sin embargo, produjeron algunos monólogos y sostuvieron su tarea teatral.

 -       ¿Cómo manejan el tema de sostenibilidad?

S.R.Estamos aprendiendo en esta dimensión, porque en la otra dimensión más pequeña ya lo aprendimos, ya sabíamos cómo hacerlo, pero sí, acá la cosa cambia porque es un espacio re-grande, a veces pienso ¡puta madre! tendría que haber sido mas pequeño, pero por otro lado digo, está bien, lo que pasa es que hay que encontrarle el swing, y bueno, hay muchas estrategias que todo el tiempo nos estamos cuestionando. Yo empiezo a tener las cosas claras recién hasta ahora, hoy mismo en la mañana, pude escribir por primera vez, tenemos que lograr que no haya dicotomía entre el grupo y el espacio, porque de alguna manera lo mas difícil es eso. Me lo dijo Nathalie Elghoul hace tiempo, que tener un espacio implica, entre otras, que la gente cree que tienes que darle todo, y yo lo veía, todavía, desde el otro lado de la barrera, ahora sé que es complejo.  

-      Me parece que hay un círculo de carencias…además de la complejidad en el ámbito burocrático para permisos y todas esas formalidades

S.R. Efectivamente,en una sociedad como esta es complejísimo, todo lo que implica a nivel de permiso municipales. Eso lo viví ya en los prolegómenos de la asignación, los dos últimos años estaba desesperado,  no sé cómo no me dio un ataque, porque era pasar tiempo con  funcionarios, ser parte de las reuniones donde estaba el delegado del Malecón 2000, delegado del Siglo XXI, delegado de la constructora, contratista delegado de la fiscalización y delegado del gobierno municipal, y yo, asistiendo como invitado, aunque no tenía vela en el entierro, pero tenía que aprobarse el proyecto que mi grupo había diseñado, y lo habíamos pagado, pero nada era nuestro hasta que no se de el ‘ok’. Tocaba escuchar eso de “mandaste la carta, sí, pero no la han recibido… mándala otra vez… y a la siguiente semana … lo mismo”, y yo me decía por qué no tener aquí una impresora y de una imprimir cartas y firmarlas (jajaja), ¡para todo es trámite, hasta para cambiar un foco!. 

Ha sido muy difícil, y una vez que hemos empezado a operar, ¡claro! La cosa también es complicada porque somos un teatro autónomo, no somos el Sánchez Aguilar, ni el Centro de Arte y, aunque antes que nosotros ha existido Sarao, hay que trabajar y convencer con la idea de que una sala de sesenta espectadores está bien para un teatro de este tipo, eso es lo normal, la desproporción es tener teatros para mil gentes, eso es del siglo anterior; lo que hacemos corresponde a estos tiempos. Es un teatro, la sede de un grupo, un espacio para experimentar, investigar para perdernos. Queremos hacer escuela, laboratorio y ofrecer talleres.  Tenemos una sala que, obviamente, abre las puertas para otra gente.  

-      Pero también necesitan sostenerse, ¿cómo lo hacen? 

S.R.  El sostenimiento tiene que ser doble de doble vía, por lo que se genere aquí y conseguir auspicios privados y públicos, sin duda. Solamente con taquilla no se puede. 

-      Creo que el lado flaco del teatro autónomo es la producción, históricamente ha sufrido por eso 

-      Producir, ¿te refieres a la creación la poética?

-      No, no, a producir comercialmente, lograr fondos para producir la obra, mercadearla, etc., en nuestro medio casi que no hay la figura del productor. Hay gente que dentro de los grupos hace la tarea, pero el productor es el que pone el billete, el que arriesga y por eso se encarga de que la obra tenga éxito, económicamente hablando.  

S. R. Pero bueno, ahí estás hablando de una forma de producción, nosotras apostamos por otra forma de producción. Y vamos a ver si nuestro paradigma, en crisis, aunque  llevamos 20, 30 años de paradigmas en crisis, pero digamos el paradigma lo aprendí viendo a los grupos mayores, esos que lograron sustentar espacios, y es que los grupos siempre se  auto subvencionanMalayerba, Teatro de los Andes, etc.

-      Pero siempre había gente trabajando fuera

S.R. Sí, viajando, vendiendo sus obras en un mercado, en unos circuitos 

-      Claro 

S.R.  Si quieres, en un término más amable, no en circuitos probables, hay que intentar arriesgarse en otros. Es decir, por ejemplo, ahora mismo nosotras, en este año no somos para nada sede de Fragmentos de junio,para mí es todo un tema porque Jorge pedía algunos requerimientos, como piso de madera que no lo tenemos y eso es un problema. 

También hay un punto importante que debemos cuidar y es la selección de obras, a veces es desigual y no atrae al público, como sucedió el año anterior, que la muestra nacional estuvo muy democrática, y no es que esto sea un criterio empresarial, o tal vez sí, pero para mí es importante que lo que viene sea coherente con el perfil del espacio.  

Santiago Roldós/Genoveva Mora/Noel Bonilla

Santiago Roldós/Genoveva Mora/Noel Bonilla

Orgánicamente este es un lugar para que venga Zonaescena, Fragmentos, El festival de Artes Escénicas de Guayaquil; para que estén los EDOC, Ángela Arboleda, Manolo Larrea,  o sea, para gente comprometida con un trabajo de búsqueda, experimental y digamos ya sostenidamente. También es importante que lleguen propuestas con poéticas nuevas, como cuando vino la Gaby Ponce y la Casa Mitómana, con una obra que requería una transformación del espacio, era muy jodido, traían millones de tierra y no sé qué, a un espacio recién terminado… y dije, bueno, tienen que venir porque es un trabajo inusual en nuestro medio, es una teatralidad que hay que verla en Guayaquil. Es decir, nosotras tenemos que ser la sede de este tipo de propuestas, que por cierto tuvo salas llenas, gente que se quedó sin verla. Igual ha sucedido con las funciones de Cine, hay algunas emblemáticas, como Mamá Vudú, que fue genial, es un tesoro, hay imágenes que son oro, y yo que no conocía nada de ese grupo.

-      Y luego de un año de Muégano y su nueva vida, ¿cómo te sientes?

S.R.Hace dos meses decía ¿cómo sería la vida si yo dejara ‘el’ Muégano? porque estaba tan cansado, tan harto, te lo juro, que se lo dije a mis compañeras, por eso lo digo en público; me dije ya está el espacio, ya está todo, qué pasa si desaparezco; quería hacer otras cosas, quería dirigir, escribir, pero eso fue solo un desfogue del cansancio. Si llegué hasta aquí, me dije, no será buena idea irme…

 -      No te fuisteni a volver’

S.R. Lo que pasa es que el espacio, este año, nos ha hecho sentir como extranjeros, nos has tocado solamente trabajar para el espacio, y me digo, cómo hacemos que el espacio trabaje para el grupo, pero, al mismo tiempo me digo no hay dicotomía, el espacio es el grupo, este es el nuevo estadio del grupo y entonces hay que reinventarse. Ahora mismo, para tener más tiempo para lo nuestro, hemos contratado una persona para la oficina, es la única que cobra un sueldo. Nosotras trabajaremos en lo que sabemos. A veces tenemos la ‘opinión’ de afuera, de por qué no hacemos publicidad, y yo le digo ‘aceptamos donaciones’ jajaja.

Al día de hoy, como dicen en España, llevo un rato feliz y emocionado.  Cumplimos un año, obviamente estamos hecho trizas por todo lo que significó la gestión, pero este lugar es un privilegio.  Tenemos que reinventarnos como artistas, como grupo que gira en tormo a este lugar, y sí lo hemos hecho, hemos conseguido revivir la vieja práctica del trueque y eso nos ha sostenido, incluso internamente.  

 

 

 

 

Ernesto Ortiz, entre el placer y la obligación / Genoveva Mora Toral

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Estudio Paulsen,  Un espacio para el teatro

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