Última Edición

¡Bienvenidos a la revista de artes escénicas, El Apuntador!

0.png
Dead Hamlet

Dead Hamlet

Genoveva Mora Toral

No es vano señalar que para ‘poner’ Shakespeare en escena ha de hacerse un viaje al corazón de su dramaturgia, que tantos trabajos ha impuesto a sus traductores, y tanto desafío implica a quienes deciden llevar sus textos al escenario.

 Dead Hamlet. Foto Silvia Echevarria El Apuntador

Dead Hamlet. Foto Silvia Echevarria El Apuntador

Los clásicos están vigentes, pero las lecturas activan su presencia y su palabra. Hamlet es un texto vivo porque, entre otras, su enjundia está adobada de poder y corrupción, porque su historia se repite día a día, de familia en familia, de estado en estado. Por eso nos conmueve y, aunque el príncipe de la lejana Dinamarca es símbolo de rebelión, quedarse en la fábula original podría tener el efecto de una tragedia antigua; vuélvese pues importante traerla al mundo actual, tal como acertadamente lo hace Sennsa Teatro, el grupo español que se fundó en 2006 y tiene su sede en Sevilla.

 ¿Por qué Dead Hamlet? Si su espíritu vibra, o,  ¿queda tan poco de él que su sombra ya no espanta, o, los corruptos de esta época la ignoran y aquellos que la miran, tal vez… han perdido la voz, o… se han vuelto sordos los culpables?.

Lo cierto es que para esto está el teatro, (el buen teatro) para molestarnos, para desacomodarnos. Empezando por su propio desacomodo que, al tiempo, se traduce en desafío, en este caso con la clara intención de hablar, principalmente, desde el cuerpo, cuestión que otorga gran potencia a la puesta en escena pero también la pone en jaque, porque en contados momentos se siente que hay que ‘marcar’ la coreografía, que para colmo de la exigencia tiene que ir a tiempo o a contratono de la voz.

 Dead Hamlet son cuerpos que no solamente hablan, sino que confieren profundidad y agrandan un discurso que bien vale escucharlo así de ampliado, en estos tiempos en que atropellar al otro, o matar cuesta tan poco. No obstante, más allá del tema, vuelvo al cuerpo y a la voz; al acontecimiento teatral, que es una decisión de signos, y en esta versión, su director J.M.Mudarra, que ya lo ha hecho en con otras obras, ha optado por el teatro físico y la danza para amalgamarlos en lenguaje, y para ello cuenta con un elenco que entiende y asume la consigna de “ser o no ser”  en escena, pero también de evidenciar la preocupación por el ‘ser’,  por entrar en el cuestionamiento filosófico de Hamlet, materializarlo en esos cuerpos tan agrandados como su gesto; en personajes cuyo vestuario y maquillaje otorgan profundo significado: seres en conflicto, siempre a la sombra, oscuros y al tiempo portentosos, que se mueven con un propósito y con la precisión de un verdugo; no hay dulzura alguna porque la tragedia los ha atravesado. Sus voces, que a ratos nos agobian, porque a partir del minuto primero ya estamos adentro de la obra, escuchando su audacia, sus jadeos, sus murmullos, o sus gritos, pero también su canto, momento de descanso en medio del torbelllino de pasiones y palabras dichas con acento exagerado, con inflexiones que atentan al oído y dejan rastro en el pensamiento.

  Dead Hamlet, Ofelia.  Foto S.E.D. El Apuntador

Dead Hamlet, Ofelia. Foto S.E.D. El Apuntador

La elección de la música, en algunos segmentos, ahonda en la provocación, beat me -The tiger lillies-  por ejemplo, anota el ritmo amoroso de un piano que acompaña a la ironía del verso y al quebranto de la voz, confrontamiento que se traduce también en las escenas de Hamlet y Ofelia, quienes crecen el símbolo de estos amores desbordados. En general la música es un contrapunto con las acciones de los personajes, o es la hipérbole de la representación,  como sucede cuando las voces cantan “the king is dead, long live the king.  Prince Hamlet  is stricken with grief, Prince Hamlet heart is broke. His mother copulates with new King while her husband’s corpse is still warm…” y ellos, todos, danzan la orgía del dolor y la gloria, en un juego perpetuo con los objetos – especie de bancas/escaleras y las sillas- que en escena adquieren categoría de actantes.

Dead Hamlet es, sin duda, una trabajo para verlo más de una vez, para adentrarse en la minucia, en el detalle del gesto, en la hechura de cada personaje, que de hecho, aquí se me escapa; porque si bien Hamlet, por lógica, nos seduce, todos los demás están trazados con pulso seguro y su ser en escena está logrado.

Esta obra es un trabajo que impacta en muchos sentidos, y nos recuerda que el teatro es rigor, es oficio y es la decisión de sumergirse en un mundo donde no todo lo que importa es el lenguaje, porque más allá de los signos, el teatro debe ser un viaje, una  pretensión de respuesta a las grandes preguntas del ser en relación con el mundo.

  Dead Hamlet. Foto S.E.D. El Apuntador

Dead Hamlet.Foto S.E.D. El Apuntador

Ficha Técnica.
Espacio escénico, versión y dirección: J.M.Mudarra
Actrices y actores: Sandra Pozo, Fernando Lahoz, Thais N. Izquierdo, Adrián A. B, Blanca García de Arboleya, Rebeca García, Beatriz Arias, Conso Muñoz, Renata Edison, A. Cornejo
Vestuario: Carmen de Giles
Escenografía y atrezzo: Fau Nadal
Maquillaje y peluquería: Marta Flores de Giles
Espacio Sonoro y cantos: Marga Reyes
Coreografías de danza: Irene de Bruguera
Sonido: Nacho Pujol
Gestoría: Tabacasol 2010 SL.
Diseño Gráfico: Enrique Obrero
Fotografía: Mara León y Curro Casillas
Vídeo: Sergio Tallafet
Regidor: José Manuel Calvo
Asesoramiento artístico: Evaristo Romero
Ayudante de dirección: Sergio Martín
Producción y distribución: Rafael Herrera / Hiperbólicas producciones

 

La mirada como traductora para procesos creativos y de investigación en  artes escénicas / Synnove Urgilez Maldonado

La mirada como traductora para procesos creativos y de investigación en artes escénicas / Synnove Urgilez Maldonado

Microscopia

Microscopia