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El circo de las Emociones / Santiago Rivadeneira

Juan Lautaro Veneziale /Cristian Sartori /Tamiana Naranjo. Fotos: Silvia Echevarria El Apuntador

El circo de las Emociones / Santiago Rivadeneira

¿Puede existir –como lo propuso y supuso Sartre, una teoría de las emociones, muy cercana a la conciencia y al miedo? Y como conjetura Martin Giner, uno de los dramaturgos y directores argentinos más importantes de la actualidad, las emociones, como el amor, no pueden ser solo un mero accidente. Sin embargo, siendo una teoría, había que demostrar el axioma o el punto de vista, construyendo una perspectiva sobre el ser y sus contingencias en un espectáculo que el dramaturgo llamó Freak Show o el circo de las emociones humanas.

Y como siempre ocurre en el caso de las contingencias y de los accidentes venturosos, la obra sirvió de pretexto para conformar un equipo de trabajo binacional entre Argentina y Ecuador, integrado por Carlos Gallegos (Teatro de la Vuelta), Tamiana Naranjo, (Lukoreta Teatro) codirectores de la obra; y Juan Lautaro Veneziale y Cristian Sartori, actores argentinos. En la técnica Jorge Gutiérrez Durán y Hernán Pirato. La música fue compuesta por Claudio Veneziale.  La emoción significa el ‘todo de la conciencia’ y, de alguna manera, ‘el todo de la realidad humana’. (“La emoción…es ante todo aprehensión de relaciones y exigencias nuevas” Sartre) Sin embargo, cómo entender ese mundo de las emociones, en ocasiones extraño o raro, que pretende hablar del ser (un hombre y una mujer) y sus albures, cuando el escenario es un circo, con el Presentador Hans Vursegovick (Cristian Sartori) que anuncia cada vez los giros de un accidentado encuentro entre Cecilio (Juan Lautaro Veneziale) un especialista en insectos aquejado por una maldición por la cual no puede enamorarse, y Josefina (Tamiana Naranjo) despreocupada mujer con pomposos gestos de grandeza. 

Lo que el Presentador intenta es ‘ordenar’ esas contingencias. Y este quehacer comienza desde la penumbra o la oscuridad o las sombras. Y ordenar las casualidades de acuerdo a una lógica que nunca toma en cuenta las esencias y las particularidades de la mujer y del hombre, como si antes solo se hubiese previsto que Cecilio y Josefina estaban destinados a ser ‘el uno para el otro’. En el extremo de las exacerbaciones que el Presentador anuncia, surgen las ‘vivencias intencionales’ que pueden ir de un lado a otro, conforme el escenario del circo se vuelve el espacio para un continuo ‘bosquejo de las emociones’ (Sartre). 

El circo de las emociones  . Fotos: Silvia Echevarría El Apuntador

El circo de las emociones . Fotos: Silvia Echevarría El Apuntador

¿Preocuparse por los hechos y no por las esencias? Lo que ocurre es que está de por medio el juego de las emociones, con personajes que entran y salen de su propia ficción, para acercarse a la esencia del freak  show o espectáculo de fenómenos’, que son las estacas para afianzar las rarezas que se alojan en la carpa del circo de las emociones.

(Nota: Los 'Freak Show' eran un tipo de espectáculo de variedades cuyas primeras rarezas  pueden ser localizadas en Inglaterra del siglo XIII, presentándose en plazas públicas como ‘espectáculos viajeros donde se exhibían personas con enfermedades, rarezas biológicas o capacidades sobrehumanas que sorprendían por su carácter inusual y a la que presentaban sabiendo realizar algún arte circense como cantar, hacer malabares, trapecio, etc.’)

El circo de las emociones :juan Lautaro Veneziale / Cristian Sartori

El circo de las emociones:juan Lautaro Veneziale / Cristian Sartori

¿Dónde y cómo se materializan las rarezas del inusual ‘freak show’ que el colectivo Lukoreta Teatro ha llevado a escena? En una entrevista para un diario de Salta en Tucumán, Giner dice que el abordaje del humor (¿y del amor?) puede ser un ‘ejercicio de inteligencia’. Pero eso consiste además en “jugar con la inteligencia del espectador, el gajstiene un mecanismo, no es que decís una palabra y ya funciona o recurrís a un estereotipo: tiene todo un mecanismo. Consiste en jugar con la inteligencia del espectador”. (http://salta21.com/Made-in-Tucuman-Martin-Giner-en.htm)

Tamiana Naranjo /Cristian Sartori

Tamiana Naranjo /Cristian Sartori

Y de ahí a la circularidad hay un paso. A la circularidad y a la repetición que son las constantes del espectáculo y de la idea de puesta en escena que se asienta en el humor y los excelentes niveles de actuación de los actores y la actriz para acercarnos a las ‘singularidades de cada personaje’ que se han dejado manipular todo el tiempo por el Presentador. Gallegos y Naranjo, acentuaron estos elementos, los de la circularidad y la repetición, para quebrar el tiempo y jugar con las distintas temporalidades que prevaricaban sobre los símbolos (del amor y sus proyecciones) y la simbolización (el matrimonio). 

¿El objeto emocionado y el objeto emocionante siempre terminan unidos? Cecilio y Josefina nacieron para estar juntos. Solo que nunca se conocieron. El Presentador debe forjar el encuentro de los futuros amantes que son conducidos con falacias hasta el famoso restaurante parisino Bistró, como el lugar del inicio casual. Y la casualidad sirve de conjuro a lo largo de la historia de ambos personajes.

El circo de las emociones.  Tamiana Naranjo /Juan Lautaro Veneziale

El circo de las emociones. Tamiana Naranjo /Juan Lautaro Veneziale

Dice Martin Giner, en la misma entrevista, que “la idea de que nada se termina y de que todo vuelve y que el camino no es línea recta, es bastante optimista. Por otro lado, la idea del encierro, de que estamos condenados a hacer lo mismo, de que no podemos cambiar lo que se viene a pesar de lo que hemos hecho, es bastante pesimista. La mezcla de esas dos cosas, da ese resultado”. 

El Presentador nos deja una proposición para que podamos reflexionarla como pregunta: ¿el amor es un acto (raro) de creencia o de fe? La emoción (respecto de ese amor) es padecida. Y el acto de padecerla significa que la conciencia crea y transforma el mundo. Esta es la trampa final: los amantes creen vivir en un mundo que ellos mismos se han inventado y para sostenerle, deben volver al pasado y repetir hasta el infinito el mismo acto de contemplación y asedio. Con eso la rareza del amor  o el amor como rareza tiene un final trágico. La absurdidad del fatalismo.  

Ficha técnica

Texto: Martin Giner

Actúan: Juan Lautaro Veneziale (Cecilio)

 Cristian Sartori (Hans Vursegovick)

 Tamiana Naranjo (Josefina)

 Codirección: Carlos Gallegos (Teatro de la Vuelta)/Tamiana Naranjo (Lukoreta Teatro)

Iluminación: Jorge Gutiérrez Durán

Gráfica: Hernán Pirato Mazza

Lugar: Asociación Humboldt




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