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Fragmentos de Junio,   Una mirada fragmentada / Genoveva Mora Toral   Lo nuestro

Anfisbena: Klever Viera /Nicol Reina. Foto Silvia Echevarria El Apuntador

Fragmentos de Junio,  Una mirada fragmentada / Genoveva Mora Toral Lo nuestro

Decir ‘danza ecuatoriana’, ya lo sabemos, es dar un gentilicio homogeneizador inapropiado, viene a cuento solamente para puntualizar que las obras de etiqueta ‘nacional’, fueron el plato fuerte de este Festival.  

Compañía Nacional de Danza del Ecuador: Foto Javier Paz

Compañía Nacional de Danza del Ecuador: Foto Javier Paz

El trabajo de la Compañía Nacional de Danza del Ecuador (cuya lectura está en un artículo separado) abrió la fiesta, y dio paso a una serie de propuestas de artistas visitantes. 

Entre medio, tuvo lugar el concurso de danza ‘Nuevos coreógrafos’, propiciado por el Festival, del que resultó única ganadora, así lo habíamos decidido el jurado: David Guasgua, Noel Bonilla y quien suscribe, la obra No otro, coreografía de Génesis Morán, con sonido de Jorge Arias e interpretación de Ronny Tabango, Ronal Mejía y Milena Constante; un trabajo que cumplió con la premisa de evidenciar un lenguaje contemporáneo. No existió ‘mención especial’, como lo señalaba algún medio (probablemente el equívoco se dio porque Noel Bonilla públicamente emitió su criterio frente al esfuerzo del trabajo grupal del grupo de Manta).  Creo que los cuatro grupos participantes asumieron su reto y trabajaron con mucha entrega. 

No otro,   coreografía de Génesis Morán

No otro, coreografía de Génesis Morán

Si bien los premios muchas veces son tomados como circunstanciales, sesgados, irrelevantes, etc. etc., no podemos negarlo, le sientan muy bien a cualquier carpeta, tal como la crítica. Pero, más allá de la opinión, me parece que a nuestro país le vendría muy bien instituir algunos concursos, en dramaturgia, danza (en sus distintas líneas), teatro, música. Han existido propuestas, como en su momento la tuvo el Teatro Sucre y su convocatoria para dramaturgia y co-produción de la obra escénica ganadora; antes fue con ‘La noche boca arriba’, por nombrar un par, llamadas que establecían una perspectiva, y principalmente impulsaban a la creación. Es sano tener un objetivo, una meta, un sueño. Mas, desafortunadamente creo que la institucionalidad en este país es la pata más floja, razón por la que todo se vuelve fugaz, temporal y personal. Sería fantástico que el Ministerio de Cultura, su ministro, pensara en esto, además de aguzar su mirada para reconocer la orfandad del artista escénico en este país, la falta de espacios para trabajar y producir, y tantos más en la lista de deseos, que para el MC, son obligaciones.

Precisamente en este ámbito he de resaltar la labor (lenta sí, el trámite llevó largos años) de la Alcandía de Guayaquil que entregó en comodato varias casas y espacios municipales para convertirse en Teatros/laboratorios; algunos de ellos ya están funcionando, y otros se encuentran en construcción. ¿Cuántos espacios posibles tiene la Capital? Piénselo Señor Alcalde. 

 Lugar, situación o estado anterior me lleva a pensar, en primer lugar, en ese deseo que aparece de saber las motivaciones de la creación, apetito que impulsa a entrar en el juego escénico, que no es otra cosa que la ficción, donde dependiendo de los modos de enlazar acción, objetos, música etc. en un tiempo y espacio determinado, tiene como resultado un lenguaje. Es ‘modo’ es la mirada desde la que se traduce las ideas y los conceptos al lenguaje del cuerpo.

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Lorena Delgado y Oscar Santana -coreógrafxs e intérpretes- han enlazado sus miradas, sus maneras de transcribir el deseo de mirar juntos hacia atrás para constatar que las historias no se detienen, que hay un transcurrir inevitable del tiempo que a su paso transforma, agrieta y también convierte en vestigios aquello que en algún momento desbordó. Esta forma de transcripción lo han instalado en el cuerpo, en cuerpos que se encuentran caminando juntos, agotados por esa gran carga, sacos repletos de ropa que de a poco van perdiendo el significado convencional y dejan de ser prendas que cubren, disfrazan o adornan, para convertirse en objetos que tienen un peso en las vidas, materia que hay que trabajarla y ubicarla, reubicarla en determinado territorio, negociar con ella. 

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Oscar y Lorena bosquejan personajes que hablan un mismo idioma, dos cuerpos que habitan y deslizan sus posiciones mediante un lúdico diálogo, un juego con el silencio y la mirada, sintaxis que por momentos se intensifica acompañada de la percusión -en vivo- de Bryan Hidalgo quien en esos momentos cuenta como una tercera mirada que acota e interviene en el ritmo de la acción.

Todo lo que sucede en escena es sugerente, el gesto que se desliza y conquista, el desafío de un acercamiento que no culmina, la rendición frente a la circunstancia indefinida; gesto que habla a través del movimiento. Lugar, situación…coloca frente al espectadxr una posibilidad, un camino, una propuesta en código dancístico abierta a seguirse construyendo.  

 Frágil

Un potente haz de luz enfoca al personaje de la música -Federico Valdez- mientras toca la flauta y la sonoridad amplificada y la mixtura de su música se toma la escena que, transmuta en espacio azul por el que atraviesan tres cuerpos.

Federico Valdez

Federico Valdez

Un cambio en la iluminación lanza a una mujer a escena, ella inicia una suerte de reconocimiento/descubrimiento de su propio cuerpo, de su ser cuerpo, porque no es lo mismo preguntarse por el cuerpo que hacerlo simultáneamente por el ser, ese inasible que nos sostiene y alerta, entre tantas, sobre la fragilidad de existir.

Vanessa Pérez

Vanessa Pérez

Frágiles un poema escrito con el cuerpo, aliteración es la figura dominante, sus voces y su gesto reiteran en la necesidad de constatar(se), saber que un pie, la mano, cadera, empeine están ahí, seguir nombrando(se) es la posibilidad de sobrevivir al espejismo de la multiplicación. Ser una y tres a la vez,  ecuación que transmuta en poesía y subterfugio para existir en el tiempo también frágil y precario de la escena.

Lorena Delgado:

Lorena Delgado:

Ella -Lorena Delgado- despliega ante nosotros el primer verso de un poema que juega entre la repetición y la fuga (los videos); entre la luz y la sombra. Su mirada es el inicio de un trazo que se detiene en la cabeza y va dibujándose a través del cuerpo; su ser en escena habla de un gesto adquirido, preciso y seguro, asumido para responder a la premisa dada.  

Talía Falconi

Talía Falconi

Ella -Talía Falconi- insiste en las secuencias, en las preguntas y las fijaciones de su cuerpo ‘otra’, recorre los mismos espacios, despliega iguales objetos, nombra, se nombra y su cuerpo vibra cuando el sonido se intensifica y su imagen se triplica (con Vanessa Pérez). Ellas sus ‘otras’ yo se juntan y al unísono entran en el solemnidad de vestir/sentir el cuerpo, una mano recorre el trayecto que precisa la cotidiana actividad, aunque su mente se debata en el vacío y se reproduzca en la esquizofrenia de existir. Situaciones/sensaciones que gracias al diseño de luces se tornan muy potentes, esconden y sugieren. Precisamente es en este momento cuando la obra alcanza su clímax, su belleza intensa en imágenes/acción que triplicada en la energía de sus cuerpos gesticulan en lenguaje idéntico y distinto; voces que nombran, mientras el video en blanco y negro ( el único que, aporta en la escena), mientras ellas un trío de voces en registros diferentes se imponen en la escena y nos remiten a un poético absurdo, dan paso al juego colorido de las cintas y, otra vez al silencio de las voces y de cuerpos que en estática posición permiten el paso de un video, para luego volver al intento de ser una y tres al mismo tiempo, danzando movidas por la voz y música de Valdez, que ciertamente cumple un papel primordial en esta creación.

Talía Falconi / Lorena Delgado /Vanessa Pérez. Foto Silvia Echevarria el Apuntador

Talía Falconi / Lorena Delgado /Vanessa Pérez. Foto Silvia Echevarria el Apuntador

Frágil es una propuesta de Talía Falconi, construida desde una variedad de recursos, a ratos diría que excesivos, principalmente sucede con la insistencia en los videos que, desde mi lectura, funcionan como distractores, rompen con el pacto teatral y dancístico y fuerzan nuestra mirada hacia escenas distantes, ajenas a la atmósfera construida, a este espacio donde sonido, música y voces convergen armónicamente, y solamente se alteran por esta imposición tecnológica. Precisamente, el paroxismo de la escena final tendría mucha más contundencia si no estuviera atrapada entre dos proyecciones que, desafortunadamente, no es posible ignorarlas, no es posible recurrir a la detonante frase que da sentido a este potente trabajo, extrapolarla y murmurar “la cabeza lo tranquilizó diciendo, eso solo estuvo tu cabeza…”

Los fragmentos de Kléver Viera

El Prioste  Klever Viera: Foto Silvia Echevarría El Apuntador

El Prioste Klever Viera: Foto Silvia Echevarría El Apuntador

“Hablaban en el puente, antepecho fálico de donde partió mucha historia de guerreros, tal vez de viajes, de qué otra cosa se habla en los puentes…”[1]

Al hablar de este creador, coreógrafo y bailarín viene a mi mente esa palabra, muchas veces usada para alagar y otorgar estatus inmerecido: ‘maestro’, creo que Viera es ya un maestro, en muchos sentidos, empezando por su honestidad a la hora de ocupar la escena, por todo su trayectoria coreográfica, sus propuestas metodológicas y su incansable trabajo como pedagogo, él es, posiblemente, el maestro que más alumnxs ha tenido, y sobre todo, es quien ha dado el impulso a una importante número de bailarinxs ecuatorianxs (en su mayoría quiteñxs).

Su presencia en el Fragmentos de Junio confirmó su estatus, no importa que hayamos visto, no sé cuántas veces, su danza siempre conmociona. Sus unipersonales son una amalgama entre rito y creación. Si bien éstas son obras antiguas, no siempre son las mismas, por ejemplo, El Prioste (1989), hoy, tiene una vestimenta hecha de capas, es el mismo prioste a primera vista, su sombrero y su camisa, los capillos y el palio y, más adentro, como si abriera el alma, descubrimos su forraje de curiquingue con indicios de anfisbena. Su danza rotunda y afectada por esas texturas capta la atención, cuestiona y provoca todo un sinnúmero de fabulaciones que van más allá de la escena. 

Nicol Reina

Nicol Reina

Anfisbena, la obra que dio a luz en el noventa y seis, en un momento de quiebre profundo en el que, respondiendo a la tradición de Viera, hizo también de esa experiencia vital un pretexto para remover lo íntimo, transformarlo en metáfora de vida y resurrección. Anfisbena alude a esa condición de animal ciego, habitante del submundo, capaz de desplazarse en dirección de su cola o de la cabeza, de ahí la imagen: danza dual que vemos en escena, dos fuerzas que compiten, se atraen y repelen, hasta que un momento dado, sucumben. Seres andróginos celebran en intenso rito el despojo y la posibilidad de rena‘ser’.  Anfisbena ha re-nacido, Viera ha celebrado otro ‘traspaso’, el espacio delimitado de la escena se ha vuelto, una vez más, útero, contenedor y dador, Ella -Nicol Reina- ha recibido una vida otra.

Klever Viera

Klever Viera

El cuerpo que escribe, traza el imperativo poema dicho por la voz propia voz del autor, de él toma el bailarín su ritmo y su cadencia; traza también ‘su puente’ entre el referente y su cuerpo danza “¿de qué otra cosas se habla en la danza?”.

[1]Jorge Enrique Adoum, Obras Completas, 1. Poesía, “Pequeño Drama Noh”,p.360. Edit CCE, 2005.

Diversidad creativa caracterizó al 20 Encuentro Internacional Manta por la Danza / Reseña: Nixón García

Diversidad creativa caracterizó al 20 Encuentro Internacional Manta por la Danza / Reseña: Nixón García

FRAGMENTOS DE JUNIO, XVII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE DANZA / Una mirada fragmentada / Genoveva Mora Toral

FRAGMENTOS DE JUNIO, XVII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE DANZA / Una mirada fragmentada / Genoveva Mora Toral