La vuelta al mundo en ochenta títeres. Santiago Ribadeneira Aguirre
El teatro de títeres (de marionetas o de muñecos, etc.) es una provocación que comienza cuando asume la forma de sospecha. Y de riesgo. En apariencia, el teatro de títeres se hace lengua (o lenguaje) para trazar un recorrido de experiencia iniciadora que pretende afectar a todos, sin discernimientos o prudencias. Demanda estar en los extremos del mundo, lejos de los espacios mitigados (los del orden, por ejemplo) para dar nuevos sentidos a lo excluido como posibilidad de una realidad que se extiende convertida en plenitud, a la que se oponen, sin pruebas, los predicadores del saber único.
Los títeres de Ana Mariza Escobar -con los que intenta ahora dar la vuelta al mundo, tomando como expediente la novela de Julio Verne- son expresiones de muchas huellas para hablar tangencialmente de la desmesura y también de la esperanza de que ya no haya más seres humanos (niños y adultos) postergados por esa lógica destemplada del poder, los extravíos morales autoritarios o las desgarraduras provocadas por la guerra y la violencia.
El metódico Phileas Fogg, su asistente personal Passepartout y Aurora (personajes de la novela La vuelta al mundo en ochenta días de Julio Verne) irrumpen en escena con la consigna de recorrer el ancho y ajeno mundo en estrictos ochenta días y alcanzar el ´reconocimiento de lo distante’: El giro optimista que se ve en la obra de Ana Mariza Escobar del grupo Rama de Plata, La vuelta al mundo en ochenta títeres, tiene un acorde sutil que se anida en el retozo visual, casi táctil, desplegado por la urgencia de descifrar la diversidad cultural y descubrir otras formas de contar historias a través de los títeres que los viajeros descubren en la imaginativa travesía alrededor del globo terráqueo.
Es la imagen del mundo lo que verdaderamente importa y las huellas como el principio de una ‘dramaturgia de la existencia’ que los viajantes hallan en los muñecos de cada región: Asia, África, Europa, América como el registro vital de lo experimentado por los seres humanos, para no olvidar los orígenes culturales y sus enlaces directos con la memoria colectiva pensante. Está en el radar perceptivo del espectador esa exploración, en las figuradas disyunciones geográficas que las presencias desigualan en favor de una dinámica de reconciliación, en los relatos y las historias sobre las cuales se despliega la energía del conocimiento.
La vuelta al mundo en ochenta títeres. Ana Mariza Escobar Vizcarra
Las potencias de esas narraciones que se hacen a través de los títeres, permiten reconstruir el territorio de la sensibilidad, emancipado de los falsos credos que segregan los valores del estímulo artístico que se expresa en los trabajos creativos de cada cultura. Y lo que los personajes dicen o cuentan sobre las formas de ‘habitar el mundo’, muy próximo a la experiencia de los detalles (Mínima moralia / Adorno) que están en el cuerpo, las costumbres, las relaciones sociales (incluyendo el amor) y en la fuerza de lo cotidiano.
La vuelta al mundo en ochenta títeres. Ana Mariza Escobar Vizcarra
El teatro de títeres (y el arte en general) es un resguardo de la vida y de lo viviente. Ana Mariza y su trabajo constante, se estremecen en un espacio que abre otros mundos posibles, a los que los espectadores, niños y adultos, puedan acercarse bajo el estímulo de viajes reales o imaginarios.
La vuelta al mundo en ochenta títeres. Ana Mariza Escobar Vizcarra
Vuelta al mundo en ochenta títeres supone (es la riqueza del espectáculo del grupo Rama de Plata) un envite emancipado, un movimiento sin contenciones preestablecidas, orientados a darle fines y propósitos al ser viviente de cualquier parte del mundo, porque la representación de lo verdadero es la inclusión permanente del ser humano en el arte y en el juego. Las sensaciones y percepciones también se hacen mundo a través de los títeres.
Ficha técnica
Obra: La vuelta al mundo en ochenta títeres
Dirección general: Ana Mariza Escobar Vizcarra
DIRECCIÓN ESCÉNICA: Ciro Gómez Acevedo
Actriz y titiritera: Ana escobar Vizcarra
Asistencia de dirección : Christian Vásquez
Composición musical: Darcila Aguirre
Diseño gráfico: Erick Lara E.
Audiovisuales: Jaime Eduardo Lara y Walter Carrillo
Ilustraciones: Tomás Cevallos
Escenografía ,títeres y vestuario : Christian Vásquez, Ana Escobar y Taller La Pirueta
Dramaturgia: Ciro Gómez Acevedo y Ana Escobar Vizcarra
Lugar : Teatro Prometeo / 2026
Auspicio: IFAIC
