Una puerta: Entre ilusión y realidad. Santiago Ribadeneira Aguirre
Una puerta –coreografía de Jorge Alcolea estrenada en 2009 con la Compañía Nacional de Danza, institución que está cumpliendo 50 años– es una obra que ahora vuelve sobre el ‘espacio de la representación’ para cuestionar el valor estético y axiológico en el proceso de su propia perplejidad; y que construye con agudeza e imaginación una perspectiva de subjetividad a través de varios momentos hilvanados entre sucesivas tajaduras y ángulos de teatralidad.
Las consabidas ‘normas de la subjetividad’ determinadas por la racionalidad, son fantásticamente subvertidas –como ocurrió en la conmovedora versión de hace 17 años y que Alcolea retoma ahora con un elenco de trece bailarines independientes– construyendo un compromiso distinto de sensibilidad, de plenitud, de contrastes ‘molestos’ con la recelada percepción (pasiva) del espectador, mediante un intercambio discontinuo e insistente de ‘puntos de vista’, entre ilusión y realidad.
Una Puerta
¿El enigma de la representación, otra vez, como indicio del desocultamiento/desvelamiento (del ser y del arte) como movimiento, como gesto de una experiencia fabulizada de la realidad (Vattimo)? Digamos que Una puerta obliga a pensar en el devenir, en el acontecer de la espera y la escucha que abre, por tanto, una invitación libre a extraviarse en el juego compartido de la creación poética.
A lo que ya dijimos en julio de 2009 sobre la propuesta coreográfica de la CND (EL Apuntador No. 40 https://www.elapuntador.net/revistas/el-apuntador-n40), hay que añadir un elemento significativo: la participación en un contexto social y artístico diferentes de nuevos intérpretes ‘seleccionados mediante audiciones nacionales abiertas convocadas por la CND en Quito, Guayaquil y Cuenca’, que provienen de distintas vertientes y espacios formativos.
Una Puerta
La visión poética del lenguaje dancístico se inscribe en la reconstrucción actual del significado original a través de metáforas visuales (la video proyección desdobla la autonomía del espectáculo) de universos engrandecidos por el lenguaje corporal, donde aparecen seres sin dimensiones precisas, que además presupone una intensa experiencia nutriéndose siempre del asombro en un pasaje cultural, histórico y filosófico afectado por acontecimientos contradictorios.
Los propósitos simbólicos de la obra se reencuentran, una y otra vez, en el traspaso de ‘una puerta’ que se abre y se cierra para que la espontaneidad deje de ser un simple usufructo de los sentidos. Los cuerpos hacen un registro de sus espacialidades, en la inmediatez peculiar del instante irrepetible y fugaz del movimiento, que es el preludio de otros encuentros. El punto de referencia de Una puerta es el cuerpo. No el cuerpo fáustico sino un percepto distinto de percepciones y sensaciones que han tenido ya un largo y memorioso recorrido.
Una Puerta
Una puerta es el adentro-afuera singular, donde se concentra la intensidad y espacialidad de un suceder impredecible, para que operen las confrontaciones de la escritura escénica con la realidad gestándose, esta vez a cargo de un grupo de bailarines sorprendentes que han leído las emociones, interpretadas en ese transcurrir constante y pertinaz del aparecer, que se despliega en un cuadro de aconteceres repetidos como apariciones visuales sensibles, indeterminables e irreductibles del cuerpo.
Ficha técnica:
Concepto y Dirección: Jorge Alcolea
Intérpretes: Sebastián Barros, Franklin González, Tamia Loya, Abraham Méndez, Alexis Montoya, Jefferson Muñoz, Gardenia Muñoz, Gabriela Pauta, Dana Romero, Néstor Roque, Tomás Sandoval, Wendy Urdaneta y Noemí Villena.
Diseño de Vestuario: Pepe Rosales
Diseño Escenográfico: Víctor Hoyos
Diseño de Iluminación: Santiago Vergara
Video proyección: Camila Encalada y David Padilla
Música: Brian Eno & David Byrne, Rene Aubry, Hugues Le Bars, Balkan Beat Box, RYU, Villa Musica Ensemble, Tasmin Little.
Dirección Titular: Jossy Cáceres
Dirección Ejecutiva: Andrés Delgado
Producción: Compañía Nacional de Danza – 2026
NOTA:
Una Puerta: Remontaje 2026 Compañía Nacional de Danza del Ecuador. La obra ha recibido premios y circulado en festivales, temporadas y giras nacionales. En el ámbito internacional destaca su participación en el Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López (México), donde tuvo una recepción destacada.
La apuesta institucional por reponer esta obra con intérpretes del sector independiente, convierte el proyecto en un proceso de formación, entrenamiento y circulación para artistas que habitualmente trabajan fuera de las estructuras públicas de producción. El proceso contempla dos meses de entrenamiento y montaje escénico bajo la dirección de la CND, seguidos de una temporada de circulación.
