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15 AÑOS DE FRAGMENTOS DE JUNIO, Más allá de la resistencia

El señor de los 3 mundos,Observadores Nocturnos, Jorge Parra. Foto Arqtracto Studio 

 

15 AÑOS DE FRAGMENTOS DE JUNIO, Más allá de la resistencia

Miguel Palacios 

Es inevitable pensar en todo el recorrido que ha realizado Fragmentos de Junio desde que lo conocí por primera vez hace cinco años. El panorama, de alguna manera, se ve algo diferente. Y es que el festival de danza ha encontrado la manera de autogestionarse, adaptarse, resistir y persistir frente a una ciudad cuyas formas de producción y gestión en relación a las artes escénicas se ve en constantes transformaciones, las cuales no han sido siempre favorecedoras.

Hoy, celebrando su quinceavo aniversario, puedo constatar que los espacios y agrupaciones desde donde se gestiona la creación escénica no son los mismos y los cuerpos de creadoras y creadores guayaquileñxs tampoco, además de constatar la proliferación de propuestas, advertimos una mayor consciencia y madurez en relación al quehacer escénico. Los espacios de entrenamiento, sumados al intercambio sostenido a través de encuentros de danza, han producido un acercamiento a técnicas investigadas aquí, en otras partes del Ecuador, Latinoamérica y Europa y han dejado su huella a través de laboratorios de creación donde se ha indagado en torno al cuerpo y espacio, que si bien en algunos aspectos han favorecido, no han logrado generar poéticas independientes ni colectivos estables, salvo pocas excepciones que, junto a grupos y bailarines ya instituidos, trabajan particularmente en sus propios lenguajes. Fragmentos de Junio, sin embargo, ha encontrado la manera de acoger esta heterogeneidad de posibilidades y sumándolas a su recorrido, ha continuado su labor como gestor del movimiento. De esta manera, aunque Guayaquil cambie constantemente y celebre cada tanto un nuevo “boom” para la escena local o desviva por lo contrario, Fragmentos de Junio se mantiene en pie, sostenido por algunas manos, que hacen de él uno de los referentes más importantes para nuestro país y nuestra ciudad.

  Ona, Grupo Suizo Linga. Foto Jeffeson Castro

Ona,Grupo Suizo Linga. Foto Jeffeson Castro

No puedo decir que quince años son mucho o poco tiempo, pero puedo decir que este aniversario celebra con una energía renovada. Probablemente se trata de una de sus ediciones más grandes, no solamente por el número de participantes y su diversidad, sino también porque creadores, espectadores, talleristas, directores, investigadores y demás han coincidido en una calidad técnica, artística y humana, destacable en relación a anteriores ediciones. Después de todo ¿Qué es un festival sino un lugar de intercambio? Por esta razón pienso como uno de los ejes más importantes de esta edición al grupo de residencias artísticas que tuvieron lugar en sedes como el salón de danza de la Universidad de las Artes (ex ITAE), El Altillo, La Fábrica y Estudio Paulsen.

Gilsamara Moura, del grupo Gestus de Brasil, inició esta primera fase del festival con suDiálogo Mestizo, un taller en donde se evidenció esta potencia que guarda la danza como una herramienta política para independizarnos frente al sistema, para reconciliarnos con nuestros cuerpos y para entablar nuevas formas de relacionarnos con otros y otras. Gilsamara guarda en sí misma una dualidad entre la bravura anti golpista brasileña y la sensibilidad de una mujer que estudia el movimiento. Estrenó en el mini teatro de la UA su nuevo trabajo Ninho: Casa(h)era, obra que también indaga en torno a la identidad frente al ser social e introduce de manera lúdica al espectador en la escena.

 Martin Piliponsky. Foto Jeffeson Castro

Martin Piliponsky. Foto Jeffeson Castro

Desde Argentina llegó Martin Piliponsky con La escucha profunda y el fluir creativo, un taller dividido en dos partes: la primera semana junto a él introduciéndonos a su práctica y la segunda semana acompañado por Matias Mahmud Ortalá (músico argentino) y Kirstie Simson (bailarina de Reino Unido), con quienes desarrolló y compartió al resto el ejercicio de la escucha en la creación. El trabajo de/con/junto a Martin Piliponsky nos dejó afectados a más de uno, su capacidad de activar en/a través de nuestros cuerpos una potencia enterrada bajo capas de prejuicios, pensamientos, distanciamientos y bloqueos, implantó incisivamente un cuestionamiento directo frente a nuestras formas de relacionarnos con nosotros mismos, los otros, el movimiento y el espacio. Sus presentaciones, tanto en solitario como junto a sus otros dos compañeros, son de lo más destacado en el festival por su poética afectiva y honesta, además de una técnica coherente y en permanente escucha con sus pulsiones y su alrededor.

Los otros tres talleres estuvieron a cargo de Cortocinesis de Colombia, quienes trabajaron con la técnica de Arquitectura Móvil; Moviente de México, con Resonancias del cuerpo; y Anne Marie Van de Francia, que impartió clases de baile Krumpp.

Sobre lo acontecido, lo perdido y lo vivido

El Teatro Sánchez Aguilar volvió a ser sede del festival después de un año de ausencia, en su sala principal se realizó la apertura de la segunda fase de Fragmentos de Junio. Zona Escena, grupo organizador del evento, inició el ciclo de presentaciones con Observadores Nocturnos, obra que abordó diferentes lenguajes a partir del estudio de culturas ancestrales, entrando en diálogo con otras herramientas como el uso de mapping y danza aérea. En la misma sala se presentó, al día siguiente, Linga de Suiza con su obra Ona, donde seis mujeres en escena ponían en juegocódigos masculinos y femeninos a través del movimiento. Por otro lado, en la sala Zaruma, se dieron lugar a exponentes nacionales como María Luisa Gonzáles, en La ciudad invisible y a Wilson Pico, quien trajo Los materiales de la ira y el amor, coreógrafo que recibió de parte del festival un reconocimiento por sus cincuenta años de trayectoria artística. LosDedae, agrupación española dirigida por Chevy Muraday, nos trajo uno de sus últimos espectáculos Black Apple y los párpados sellados. en donde el bailarín comparte escena junto a la potentísima creadora Paloma Sainz-Aja.

Parecería que Fragmentos dedicó este aniversario a la construcción de la memoria, junto a agrupaciones que, si bien han estado presentes en otras ediciones, muestran un trabajo en permanente investigación sobre el quehacer dancístico desde sus respectivas necesidades; el festival se convierte de esta manera en el lugar al que podemos acudir para saborear hacia dónde dirigen su mirada los grupos consagrados.

   Un Chejo  v , Grupo Cotocinesis Colombia. Foto Jeffeson Castro

 Un Chejov, Grupo Cotocinesis Colombia. Foto Jeffeson Castro

La clausura del festival se vivió en dos partes, primero en el TSA con La consagración de la primavera de la Compañía Nacional de Danza, una obra que, aunque suscrita a formas que dentro de la danza contemporánea pueden resultar cada vez más convencionales, nos mantuvo de principio a fin cautivados por la energía dúctil de sus bailarines y la belleza de las imágenes que emergían de una tensión entre el orden y el caos. Posteriormente, en el Altillo, aconteció un Chéjov, del grupo colombiano Cortocinesis, una propuesta experimental que indaga el uso del espacio ‘no convencional’ como punto de partida para la re-creación del texto Sobre el daño que hace el tabaco, de Anton Chéjov. A través de un proceso de intervención en el Altillo, este monólogo no solo tomó carne en cuerpos que eran uno y trino, sino que generó toda una estructura coreográfica in situ, a partir del movimiento interlocutado entre intérpretes, creadores y  espectadores, que acompañaban a los primeros a través de toda la edificación, accionando sus cuerpos para adaptarse a los espacios y situaciones.

Al escribir este texto caigo en la cuenta de la cantidad inmensa de cosas que acontecieron en Fragmentos… de las cuales deseo mencionar un par más, por su singularidad. Una de estas es el retorno de la muestra de viodeodanza, un lenguaje que se suma a las investigaciones en torno a la relación entre arte, movimiento y tecnología. Este año la muestra fue moderada por el investigador en artes escénicas cubano Noel Bonilla-Chongo y contó también con la intervención escénica de la bailarina cubana Sandra Ramy con Mi trabajo es usted. El pasaje Illingworth de la Universidad de las Artes volvió a ser un espacio de intercambio para la danza con la participación de Sandra Gómez, de Cuenca, y del guayaquileño Julio Huayamave, cuyo performance Distopía se viralizó a través en redes sociales (llegando casi a las 70000 vistas) y generó todo un discurso sobre el uso del espacio público y el abuso de los medios de seguridad en una institución tan politizada como la UA. La intervención de Huayamave se volvió un blanco de críticas y elogios por cientos de usuarios que no quedaron indiferentes ante lo sucedido -irónicamente- desde la virtualidad.

¿Qué hay más allá de la resistencia?

Este año Fragmentos de Junio logró algo que deseaba sentir Guayaquil desde hace algún tiempo, la activación de múltiples espacios en torno a una sola celebración, que ya no es solo el festival sino la festividad de la danza, la que merece tener mucho más exposición y consideración en nuestro contexto. Y aunque podría desanimarme frente a la variable disposición de la gente a la hora de mirar danza (pocas funciones llenas en su totalidad en salas experimentales; salas principales mayormente vacías),  prefiero pensar que sus gestores han encontrado la manera de adaptarse y bordear los procesos de producción y consumo porque sencillamente necesitamos que las cosas pasen. Parece que al final de cuentas no somos nosotros quienes hacemos la danza, sino que es la danza quien nos hace a nosotros.  Ante esta realidad, la gestión de Zona Escena y específicamente de Jorge Parra ha trascendido la idea de resistencia: desde el hacer danza, y desde la persistencia de sostener un evento, muchas veces con recursos casi inexistentes.  

Fragmentos deJunio es un accionador, sus fuerzas ya no están destinadas a empujar una piedra cuesta arriba,  pero sí están en disposición de pasar a través, por encima y alrededor de ella. Es un festival que es consciente de sí mismo y se sabe necesario ¿Qué hay más allá de la resistencia? Quizás, la urgencia vital por la supervivencia. Con quince años en su haber, Fragmentos lleva una vida propia y en este recorrido ha encontrado la manera de subsistir a condiciones permanentemente cambiantes. La adaptabilidad es un reflejo de su circunstancia como ente/entidad independiente. Un festival que es a su vez un grupo nómada, un grupo humano que desde su principio de in-estabilidad, es movimiento. 

REFLEXIONES ACERCA DEL ARTE DEL MOVIMIENTO

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FRAGILIDAD

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