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Archivistas. Santiago Ribadeneira Aguirre

Archivistas. Ramiro: David Noboa, Julián: Ángelo Molina. Foto Matt Moreno

Archivistas. Santiago Ribadeneira Aguirre

El presupuesto casual que guía el encuentro entre Ramiro, un viejo archivista y Julián el aprendiz, (Archivistas, dramaturgia y dirección de Eduardo Hinojosa, Distópico Teatro) es la memoria que cada uno va entendiendo conforme se rompe la incomunicación y se supera la barrera generacional para que ambos descubran una estrategia fáustica, amparada en la consigna de encontrar un punto alquímico para hacerle sitio a la experiencia.

Archivistas. Ramiro: David Noboa. foto Matt Moreno

Hay, sin embargo, un elemento de exageración: lo supuestamente diferente o lo distante con respecto a lo que ya está concluyentemente establecido. En la perentoria urgencia de preservar los archivos y documentos de ‘ese’ ministerio, Ramiro encarna al antiguo funcionario de carrera perdido en un cúmulo de papeles, carpetas y cajones que se guardan en el sótano del edificio, como un gesto del malditismo del sistema.

Archivistas: Julián: Ángelo Molina. foto Matt Moreno

La ambigüedad de la situación viene dada por lo austero (la expresión de decadencia); y lo absurdo de la gestión del funcionario empeñado en repetirse que la práctica acumulada puede ser otra forma de pesimismo. Julián, el joven aprendiz, llega al archivo institucional sin ningún valor de estímulo, más que el de haber aceptado el cargo por voluntad de una ‘palanca’ para probar ´suerte´. Enseguida afloran las fisuras y las grietas por los constantes cortocircuitos de la realidad que el imprevisto encuentro desata en el peor lugar de la institución: el sótano. Quisieran vengarse de sus excesos verbales sobre las respectivas representaciones del mundo, sin ninguna posibilidad de lo afirmativo, por eso cada uno expresa a su manera el caos y lo nuevo pero como un vacío.

Los archivistas –seres provistos de dones especiales, son quienes preservan y ordenan una buena parte de los documentos institucionales– están vinculados de manera irremediable a la memoria colectiva e individual para estimular la reflexión histórica, la búsqueda de identidad y la verdad de las gestas pasadas. La mentalidad epigónica de Ramiro frente hasta lo muy premeditado de Julián. Lo monótono y lo ambivalente que poco a poco deja salir el carácter proyectivo de lo que se avecina: la clausura del archivo, la jubilación anticipada del archivista y tal vez la desesperación frente al torbellino del presente incierto.

Archivistas.Ramiro: David Noboa, Julián: Ángelo Molina. Foto Matt Moreno

Porque lo que finalmente ocurrió en la obra Archivistas, es el encuentro generacional,  el aprendizaje  moral y ético entre el pensamiento de Ramiro y la sensibilidad de Julián, en medio de las contingencias tecnológicas y administrativas de una engañosa apariencia necesariamente melancólica que anticipaba las espejismos del presente.

Los archivistas construyen, a su ritmo, una dialéctica adherida  a la memoria como disonancia de un gesto desesperado por preservar el pasado que se vuelve amontonamientos materiales en forma de papeles, documentos y reseñas. Los dos son sobrevivientes del sistema que se han refugiado en algún sótano oscuro del ministerio (¿de cultura?). Cuando el poder de la memoria declina, los archivistas no permiten el antídoto del olvido, para que la voluntad de la memoria no se vuelva un hecho póstumo. Acosados por los avances tecnológicos y los cambios burocráticos, construyen el gran enumerado de que hay  una memoria pensante, como promesa.

Consideran los personajes que deben desentenderse de cualquier forma de desarraigo, para que se pueda construir una voluntad simultánea con  lo que es propio. En el sótano entienden la vida de las palabras, las promesas de amor de presidentes como Antonio Flores, Velasco Ibarra y el Mariscal Sucre y las vicisitudes históricas, puesto que el registro de lo experimentado puede convertirse, enseguida, en conocimiento. El archivo, como espacio de lo obsoleto, se convierte en el espacio de la negatividad, reductora de la plenitud de la memoria que expresa el declinar de una existencia táctil, impresionable. Al bailar el ´vals del archivista’ Ramiro y Julián no añoran una experiencia nueva sino distinta, integrada a lo posible y a la necesidad de expresarse con libertad.

 Ficha Técnica

Obra: Archivistas      

Dramaturgia y dirección: Eduardo Hinojosa

Estudio histórico: Doménica Sotomayor

Actuación:

Ramiro: David Noboa

Julián: Ángelo Molina

Lugar: Patio de Comedias

Temporada 2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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