Biritute: El secuestro de la lluvia l Santiago Ribadeneira Aguirre
Biritute, un monolito sagrado de 2.35 metros, tallado en piedra por integrantes de la cultura Huancavilca, una civilización precolombina, está ubicado en el pueblo de Sacachún, península de Santa Elena. Elevado a la condición de Santo por los milagros concedidos a los pobladores y al entorno: hacedor de lluvia, amor y fecundación, ese desplazamiento al terreno de lo simbólico y de los hechos se convierte en un principio práctico que regula la existencia de la comunidad, determinando las elementales condiciones de su existencia.
Biritute, el secuestro de la lluvia. Colectivo Atávico. Foto Ana lucía Zapata FNTS
Sería, en rigor, el auténtico suceso que la leyenda (o la historia) registra como ‘fundacional’ de un acontecimiento superpuesto en la vida pública de la ruralidad ecuatoriana, que cohesiona y articula la existencia material y espiritual de la gente. El monolito sagrado es el componente de una forma de ver el mundo de la vida y de una cierta lógica estructural en las relaciones sociales, culturales y económicas de esa región costanera del Ecuador que ha permanecido olvidada por la centralidad administrativa.
Biritute, el secuestro de la lluvia. Colectivo Atávico. Foto Ana lucía Zapata FNTS
El Colectivo Atávico, conformado por estudiantes de la carrera de Creación Teatral de la Universidad de las Artes de Guayaquil de la asignatura Montaje del octavo semestre, con la dirección del artista y docente Matías Belmar (Círculo Artes Escénicas de Quito) inicia un proceso de investigación en territorio sobre la figura ancestral de Biritute, sus implicancias sociales, religiosas y culturales y la estricta relación con sus habitantes.
Biritute, el secuestro de la lluvia, que se presentó en el Teatro de la Facultad de Artes de la Universidad Central como parte de la muestra Nacional de la Fiesta Escénica, va más allá de plantear o quedarse en el simbolismo del ritual totémico y el conflicto creado cuando militares y autoridades municipales de Guayaquil, en 1949, deciden secuestrar al monolito por exigencia de la Iglesia, como si lo único que le debería preocupar a la imaginación popular estuviera en esa necedad de cerrar el supuesto ‘juicio originario’ sobre el cual recae el riesgo de que los pueblos se refunden a sí mismos, una y otra vez. Biritute permaneció invisibilizado más de veinte años, hasta que las autoridades municipales guayaquileñas le ubicaron en el Museo de la institución en 1992.
Biritute, el secuestro de la lluvia. Colectivo Atávico. Foto Ana lucía Zapata FNTS
La puesta en escena de la obra se sostiene en una recreación muy profunda y abierta, para construir sentido; es decir, contar la historia con todos los recursos del teatro, interesado en universalizar y particularizar esos dos momentos de la reflexión colectiva que, a través de Biritute, explican las razones por las cuales el pueblo dejó de ‘soñar con la esfinge’ (Borges) para encontrar su identidad perdida; y ahora sueña con su propia identidad a través de la misma esfinge, como una construcción política de una nueva decisión fundacional que cuestiona el ‘estado de naturaleza’ y el poder constituido.
El simbolismo del ritual totémico que vemos en el espectáculo del Colectivo Atávico de la UArtes, grupo instituido en el año 2023 en la ciudad de Guayaquil, es un canto a la tolerancia, a la diferencia, a la semejanza y a la proximidad. Así como está planteada la leyenda de San Biritute, la consigna artística es definitiva: el pueblo de Sacachún, la región y el país, demandan la contención de todas las formas de violencia, las veces que sean necesarias. De esa manera, la simbolicidad que renace, sin estar exenta de controversias, apela a un imaginario más inclusivo y directo.
Biritute, el secuestro de la lluvia. Colectivo Atávico. Foto Ana lucía Zapata FNTS
La obra –ahí están el trabajo de investigación y la dirección consistentes– se abre a la participación del público que ‘rescata’ (o actualiza) el sentido amplio y simbólico del ritual, del enigma de lo sagrado que aún prevalece en la sensibilidad de la comunidad, decidida siempre a volver a la participación política y cuestionar con vehemencia el ‘laicismo’ poco claro del Estado que se precia de ocultar las verdades fundacionales de la historia. Biritute, por último, hace un señalamiento a la militarización de la política y del Estado, ahora sin una rutina institucional coherente.
Biritute, el secuestro de la lluvia. Colectivo Atávico. Foto Ana lucía Zapata FNTS
El monolito está ubicado en una plaza del pueblo de Sacachún, después que fuera reintegrado a la comunidad en 2011. Ese hecho, amplio y desprendido, no es solo una decisión autofundada, que plantee la derivación entre el lugar vacío (el secuestro de Biritute por el poder cívico y religioso) y una suerte de hermenéutica legal. El fundamento de la memoria histórica –subraya la obra– está en la potencia de la multitud que la obra presenta a través del juego, el canto, el movimiento corporal que dejan fuera la espontaneidad para alejarse de la horrible trampa del formalismo, que en ocasiones desvirtúa al teatro contemporáneo.
Colectivo Atávico. Foto Ana lucía Zapata FNTS
Ficha técnica
FIESTAS ESCÉNICA / TEATRO NACIONAL SUCRE 2026
Lugar: TEATRO DE LA FACULTAD DE ARTES / U. CENTRAL
“El Colectivo Atávico es una agrupación escénica que fusiona teatro de vanguardia con disciplinas mixtas. Su trabajo promueve la crítica social y trabaja la ancestralidad en diálogo con la contemporaneidad. Explora, además, temas sociales, históricos y de actualidad, buscando generar un impacto y revalorizar diversas formas de conocimiento”.
Elenco (integrado por 9 actores, actrices, músicos y acróbatas):
María de los Ángeles Aspiazu Gonzales – Interprete
Anthony Fernando Piguave Herrera – Interprete
Jesús Xavier López Otero – Interprete
María de los Ángeles Beltrán Ávila – Interprete
Patricio Alejandro Borja Centeno – Interprete
Katherine Nahomi Ramos Robalino – Interprete
Josefa Isabel Palma Vera – Interprete
Carlos André Albán Intriago – Interprete
Bryan Israel Calderón Villacis – Interprete
Matías Belmar
“Fundador y director de Circulo Artes Escénicas, se caracteriza por tener una carrera que impulsa espectáculos fusionando: teatro, circo contemporáneo, música, danza, clown y acrobacia. Su trabajo abarca tanto la creación artística como la formación pedagógica, desarrollando procesos que integran investigación, producción y trabajo comunitario, y convirtiéndose en una figura clave en la expansión y diversificación de las artes escénicas en Ecuador. Como director y creador, ha liderado obras que han logrado notables y memorables reconocimiento y lo han consolidado como una de las voces más influyentes del teatro y circo contemporáneo ecuatoriano”.
(Referencias tomadas de Internet)
