La comedia en el patio de una niña. Carmen Elena Jijón
En medio de la tragedia, Juana Guarderas irrumpe con la risa, labor a la que no da tregua. La comedia que en ella fluye entiende las tensiones entre vida y muerte que este género contrapone, desde los ritos dedicados a Dionisio en la antigua Grecia, hasta las contradicciones medulares de esta sociedad andina. Así, como cuando el sol se apaga para una niña en un jardín que es luminoso bajo la luna (sí, su patio de infancia). André Degain (1992), para explicar los orígenes del teatro, hace un resumen sobre su relación con el ciclo de las uvas, que abarcan el año entero: desde que nacen en primavera hasta que se secan y queman con el invierno. En el camino hacia la noche o frente a la muerte nace la comedia, cuando, según Conford (1914), la ironía se impone con humor frente a lo inevitable y entonces la vida vence.
La Venadita, inicialmente, fue una obra de Susana Pautazo, actriz argentina que vive y crea durante décadas en Ecuador y que, según cuenta Guarderas, desafía a los médicos y sus allegados para viajar a Quito y morir en esta ciudad. Con los años, la obra dejó de estar en el repertorio de Pautazo y, tiempo después, Juanita se convierte en la heredera de este montaje (como recuerda en el foro que siguió a la obra). Guarderas recibe de su amiga de tablas el rebozo y el bastón de mangle del personaje, sobre todo, el legado que permite que esta obra siga. Así, La Venadita en escena sabe que esa es la noche en la que probablemente muera y prepara su rito de partida, que prolonga a la espera de su nieta, “Asabel”. En la delicada línea de transición de este montaje, por fuera de las tablas también alguien más, en su momento, recibirá el bastón de madera gruesa, resistente al tiempo y al agua, y se cobijará bajo un manto antiguo que la cubra, para continuar con el legado.
La venadita. Juana Guarderas
El personaje habita una casa con piso de tierra, olor a carbón y palo santo, en medio de los ritos que las leyendas le heredaron. Se acompaña de su perro Oso, de los recuerdos de su marido: Pedro con sombrero y de sus hijos. Guarderas en el foro, luego cuenta al público que encontró por casualidad, en medio de otro montaje, a la familia de La Venadita. De esa feliz coincidencia vino una función para un público especial, que en ese caso viajó a verla incluso desde el Oriente; llegó a su Patio, se subió hasta al escenario, para llamarla “abuela”… emotivo y envidiable ejercicio de alquimia para la nostalgia.
Conversatorio. Carlina Derks Bustamante, Satia Durán , Juana Guarderas
Es una obra conmovedora, en el foro el público habla de Susana y de cómo al contemplarla no podían contener las lágrimas y, ahora, observan la marca de Juana. Ella, en medio de un ambiente estremecedor, se permite hacer reír a los asistentes, no en vano es el oficio que domina. Son momentos que resultan propios de Juana Guarderas, como cuando su personaje, en esta ocasión sentencia: “Yo me muero cuando yo quiera” y el auditorio revienta del llanto a la carcajada.
La venadita. Juana Guarderas
La función tiene un ambiente particular, abre la celebración por sus 45 años de trayectoria. Al pensar en las obras de Juana es imposible no sonreír. Quedan recuerdos en la memoria de miles, como son las veces que ha traído a Abrilia al escenario. Es fácil incluso recordar la tarde de domingo en que una familia (la mía) fue a ver La Marujita se ha muerto con leucemia, en un cine de la Avenia República, en los ochentas. Al salir, se tomó café, con las carcajadas que se extendían hasta la sobremesa mientras se les cambiaba el nombre a las choclotandas (recuerdo vívidamente esa tarde de domingo en casa de mi tía, yo tenía 10 años y fue la primera vez que me llevaron al teatro). Ahora, observo de nuevo a Abrilia, la cuencana que nació con La Marujita, ella que está ya cerca de morir y por fin busca lo que siempre se ha muerto de ganas de hacer en la sociedad curuchupa, machista y mojigata que la vio nacer y que la conserva doncella. Ha perdido las pocas formas que con los años guardaba y permite al público reír de sus propios miedos, se mofa de una sociedad que se alimenta de prejuicios mientras les permite burlarse de sí mismos. En Las Mariscalas, de igual manera, Juana contempla con cariño la cotidianidad, cosa que también le gusta hacer en sus obras. Pone los ojos en su barrio, que muchos pueden recordar vívidamente en su esplendor, con todas sus contradicciones, como la ciudad andina que somos y a la que Guarderas nos permite ver entre carcajadas.
La comedia, un trabajo de tensión, que explota la ironía de la risa, cuando la vida vence sobre lo lúgubre, desnuda miedos, lejos de los prejuicios; Juana Guarderas nos ha regalado una vida de carcajadas ¡Salud y gracias!
Carmen Elena Jijón: Cuenta con estudios en Literatura, Educación, Gestión Cultural y un doctorado en Artes: Investigación y Producción, otorgado por la Universidad Politécnica de Valencia, centrado en teatro y dramaturgia.
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Referencias: The Origin of Attic Comedy, F. M. Cornford, 1914.
Histoire du Theatre, André Dégaine, 1992.
