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El cuento de la criada: Una experiencia de libertad. Santiago Ribadeneira Aguirre

El cuento de la criada. Fotografía: Mateo Moreno

El cuento de la criada: Una experiencia de libertad. Santiago Ribadeneira Aguirre

Deroy es la criada que debe cumplir el rol ejemplar que el sistema totalitario instalado en el país acaba de establecer, como instrumento político para disciplinar a las mujeres en el cumplimiento de su único deber como parte de la catexis afectiva de la futura estructura social que el régimen impone: procrear y equilibrar los instintos originales del ser humano.

Deroy (Lucía López) vestida de rojo con una cofia blanca, es parte de la  conciencia moral de la tiranía que debe castigar a los/las desobedientes de la ley. La culpa es lo que define el territorio sinuoso de la transgresión que El cuento de la criada, la novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta que el grupo Distópico Teatro toma para quitarle la máscara a la instrumentalización del poder que busca el dominio y la destrucción sistemática de la sociedad.  

El cuento de la criada.Fotografía: Mateo Moreno

Ubicarse en el futuro para establecer las dimensiones de una época particular, improbable, sin fechas y referentes directos, es el signo de un ‘nomadismo temporal’ (lo esencialmente distópico y transhistórico) que en El cuento de la criada –versión y dirección para teatro de Eduardo Hinojosa Director de Distópico Teatro que cumple 10 años de trabajo fecundo con obras importantes como 1984 y El Holocausto de las letras)- empujan al espectador/lector a sospechar de la legitimidad de la autoridad.

No se trata de simples premoniciones o presentimientos expuestos en la trama, sino de pensar una estructura de poder que convierte el cuerpo de la mujer en un instrumento de la biopolítica, que lo corporeiza para afianzarse en una estrategia ominosa y perversa de una espuria sobrevivencia de la sociedad. Está, además, en la contundente versión teatral del grupo el intento ideológico de poner en evidencia una definición biológica de la vida humana (J. Copjec), inmersa en una estructura del poder que degrada la existencia de la vida misma.

El cuento de la criada.Fotografía: Mateo Moreno

La república totalitaria o la dictadura implacable, ejerce su hegemonía sin apegos emocionales directos, cimentada en el cuerpo de la mujer que representa la conservación de la especie. Para decirlo de otra manera, se ‘organiza’ aquella lógica fantasmática que abjura de cualquier imposibilidad estructural, con el uso de la violencia y la represión sobre los cuerpos vivientes. El poder, amparándose en un dios todopoderoso y la religión, se acoge a un ‘estado de emergencia permanente’, de guerra interna para crear las condiciones (sociales, políticas, culturales) de una esclavitud que termina politizando la muerte. 

Hay de por medio en El Cuento de la criada, (que es ficción especulativa, no ciencia ficción, de manera específica, (que) considero es un ejemplo de la forma negativa de la literatura utópica que ha llegado a ser conocida como distopía, tal cual dice la propia autora)[i] un discurso fanático híper nacionalista, de simulados juegos de identificaciones y de motivaciones racionalistas que cuestionan y prohíben con dureza los posibles lazos libidinales para despojarle a la mujer y al cuerpo de la mujer de la pasión, los afectos y el deseo naturales. La finitud y la domesticación del cuerpo es una idea transformada del poder, que especula respecto de la presumida incompletud del ser humano que se resiste a la dominación obscena del gobierno totalitario representado por el comandante Roy Gilbert (Patrick Valembois).

La tía Lidia (Fernanda Corral) un personaje oscuro y abyecto que viste un traje gris, es la encargada de la educación contumaz de las mujeres para que no hablen, expresen sus ideas, lean libros o cuestionen a la autoridad. Adiestradas para ser violadas por los tiranuelos de turno, se establece así un invariable ‘terror burocrático y disciplinario’ para acusarlas de transgresiones contra los códigos que, además, nadie conoce.

Nivia (Luciana Zambrano) la esposa del comandante, traiciona sus propios principios y fenomenaliza la situación de las mujeres para ayudar al tirano bajo el argumento de que es preferible un ‘mal positivo’ a la desmesura y la concupiscencia de las mujeres. Gael (David Noboa) es un excedente social que se mueve entre un hosco anonimato que le permite cierta invisibilidad y el hecho particular de estar cerca de la criada Deroy a quien consuela y aconseja, hasta que ella decide irse a ninguna parte en el intento de salirse del ‘mal radical’ por un acto de subrepción, igualmente improbable, como el  final de una experiencia de libertad que nunca conoció ni podrá conocer.

 Ficha técnica

Obra: El cuento de la criada novela escrita por Margaret Atwood - 1980

Dirección, dramaturgia y adaptación: Eduardo Hinojosa

Grupo: Distópico Teatro fundado hace diez años por el dramaturgo y director Eduardo Hinojosa. Obras: 1984; El holocausto de las letras; El bufón y su rey en co-producción con el Teatro Estudio de Quito.  

Reparto:

Deroy: Lucía López

Roy Gilbert: Patrick Valembois.

Nivia Gilbert: Luciana Zambrano

Gael: David Noboa

Tía Libia: Fernanda Corral

Escenografía: Distópico Teatro

Vestuario: Anita Cobagango

Fotografía: Mateo Moreno

Iluminación: Patrick Valembois

Diseño Gráfico: Verónica Avilés

Lugar: Patio de Comedias, temporada octubre 2026

[i] https://eternacadencia.com.ar/blog/margaret-atwood-como-escribi-el-cuento-de-la-criada?srsltid=AU7gw4UHpYt7nFUQZLpBiCUlIunseC595JQ-UX5J8DaWseXqmMtrtK0T

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