Listos para volver a fracasar l Carmen Elena Jijón
Después de ver La Anacoreta, el monólogo escrito e interpretado por Sofía Zapata, es posible sentirse renovado por la experiencia de quien se recoge en sí mismo, cuando la vida le obliga, nuevamente, a madurar. Como un anacoreta, quien asiste entra en una caja pintada de negro, un no lugar, donde pronto un personaje está por mostrarnos y recrear su universo sensible, como un espejo del espectador.
Ver a Clavija contarnos su historia, puede (en alguna medida) recordar Al guardián del centeno (sí, Holden, el protagonista de la novela de J. D. Salinger), un personaje necio frente al mundo sin gracia que repudia. También, evoca a otro ser que se viste tan raro como esta clown, un personaje que usa una cazadora verde y que se niega a trabajar (ese, Ignatius J. Rally, en La conjura de los necios de Jhon Kennedy Toole). Clavija permite recordar a los que sufren los embates de la vida y del amor, cuando recién se los conoce (es decir, a todos), como en una micro novela con nombre de árbol, como los apasionados seres que se reproducen y no, mientras las nubes los alejan del sol.
Anacoreta. Sofía Zapata
Los alemanes tienen para estas historias una palabra que comprime educación y libro; los anglosajones, también concisos, como un desborde, usan cuatro palabras, Comming of age novels, para anunciar el advenimiento de lo inevitable. Mientras, los franceses dicen que son novelas de aprendizaje y los italianos, de formación. En tres palabras, el español las entiende como novelas de iniciación; con la crueldad y la necedad del amor, en Bonsái (la novela corta con nombre de árbol) de Alejandro Zambra, o en Conquistar el cielo, de Paolo Giordano (italiano).
En estos relatos conviven momentos de necedad absoluta, pasiones obstinadas, renuncias inaceptables y sabiduría juvenil, que se niega a desaparecer.
Anacoreta. Sofía Zapata
Al observar a Clavija, durante algo más de una hora, es posible reírse de los pesos literalmente acumulados en su espalda, verla alejarse de los otros, resentir la soledad, beber, cantar, jurar lealtad y cuidado eterno, recordar a sus seres amados mientras abre cada una de sus maletas. El espectador se pregunta sobre todas las ocasiones en las que la vida le seguirá (a golpes) pidiendo algo, entender de la ligereza de las plumas, liberar compartimentos y valijas; mientras escucha aún con orejas de burro (como efectivamente pasa en la obra). Así, hasta desgastadamente aceptar algo que la razón se niega a ver, aunque los regaños hayan estado ahí, desde el inicio.
Anacoreta. Sofía Zapata
Clavija, es conectar, pero una anacoreta se aísla. La obra plantea ese mismo proceso para conectar entonces con el cuerpo que pesa, la protagonista llega a escena doblada, bajo su enorme equipaje agarrado en amarras. Visualmente se presenta el costal en su espalda, que la mantiene rígida por todo lo que guarda. Las palabras del ensayo La risa de Henri Bergson se dibujan con nariz, desde que ella pone un pie en el escenario, con las tensiones del peso a cuestas. Soledades y derrotas varias disfrazadas de fiestas y alcohol, acompañan a un barco, un pez y un pájaro que reciben promesas de amor. Todas esas historias y unas cuantas más llegan a la caja negra a cuestas sobre la espalda de la protagonista. Su apariencia desde que se enciende la luz es físicamente cómica e instala sobre su torso metáforas que doblan un cuerpo que no se adapta al mundo, que nos saca una sonrisa al descomponer convenciones (siguiendo a Bergson). Un personaje que directamente admira una pluma que cae, su liviandad, la ausencia de rigidez. Una mujer que viaja por capítulos de su vida, mostrando lo cruel y risible de su existencia y, así, se permite cantar y volver coro a los espectadores.
Clavija es el espejo, a la manera de Bergson, en el que miramos para reír de lo que incomoda, aísla o duele. El personaje aprende que, tras las pérdidas que matan algo en ella, también se puede respirar. Su clown permite recordar que somos un animal que no ha perdido la capacidad de reír, pese a que es el único que sabe de la muerte y carga con tantos lutos. Que soltar una carcajada a solas es valiente, como invitar a todo un auditorio a soltarlas, porque el teatro desde siempre ayuda a exhalar memorias y miedos.
Anacoreta. Sofía Zapata
Como en Bergson, busca el humor más allá de la risa, la broma se adentra con la palabra en situaciones precisas que tensa y descomprime.
Los asistentes bien pueden ser Holden, Ignatius J. Rally, Julio, Teresa, pero también Emilia y Bern, preguntándose cuantas veces más la vida les exigirá bruscamente crecer y cuándo la risa los volverá a habitar o no, mientras Clavija se conecta con ellos para hacerlos al menos sonreír.
Es la historia de una clown que desde hace 8 años viaja por el mundo, ya no solo por el tiempo, con una historia que se alimenta del encuentro con cada espectador; pues, el tic tac que habita su organismo de pies a cabeza, impetuosamente, se aproxima a las butacas.
Si quieres conversar más con la obra, puedes visitar estas referencias ;)
La risa: ensayo sobre el significado de lo cómico, Henri Bergson
El guardián del centeno, J.D. Salinger
La conjura de los necios, Jhon Kennedy Toole
Bonsái, Alejandro Zambra
Conquistar el cielo, Paolo Giordano
Ficha ténica
Studio Theater – Aso. Humboldt
Obra: Anacoreta
Dirección y dramaturgia Sofía Zapata
Actuación Sofía Zapata
Asistencia de dirección Kike Mediavilla y Fernando Acosta
Dirección de arte Sozapato
2, 13, 14 / 19, 20, 21 de marzo
📸 El Apuntador
