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Preguntas que quedaron en el aire

Tres historias del mar, Salomé Velasco, Carolina Pérez y Carla Yépez. Foto Silvia Echevarría El Apuntador 

Preguntas que quedaron en el aire

Tres historias del mar

 Lorena Cevallos Herdoíza

Salomé Velasco, Carla Yépez y Carolina Pérez son las encargadas de contar, en Tres historias del mar, un episodio de la vida de Vania, Josefina y Ananú, tres mujeres que, al morir su madre, se encuentran para enfrentarse a una fuerte noticia: son hermanas que nunca se conocieron. La encargada de develar el secreto es Ananú, la más joven de ellas, y lo hace en la casa de la playa en la que todas estuvieron en algún momento de su vida, antes de que su madre las abandonara. A partir del encuentro las hermanas deben enfrentar sus miedos, el recuerdo doloroso de la ausencia materna y las cicatrices que esta dejó.

¿Acaso el designio más importante de la mujer es ser madre? ¿Por qué una mujer debe sacrificar su necesidad de amor, su proyecto de vida o sus ilusiones por sus hijos? ¿Por qué cuando un hombre lo hace se le puede justificar pero cuando se trata de una mujer, es irremediablemente condenada por la sociedad? Y, al otro extremo, ¿es necesario negar la femineidad y el impulso maternal para forjar la imagen de una nueva mujer, independiente y competitiva? Estas fueron las preguntas que me hice al empezar a escribir Tres historias del mar, preguntas que como no sabía responder convoqué a tres personajes que rondaban por mi cabeza, tres mujeres extremas y complementarias a la vez, las convertí en hermanas y las reuní durante toda una noche para que trataran de resolver juntas la gran pregunta de su vida: ¿por qué nos abandonó nuestra madre?”[1], se plantea Mariana de Althaus, dramaturga de la obra.

Sin embargo, todas estas preguntas -además de un interesante texto- quedan empañadas por ciertas carencias o, mejor dicho, elementos que resultan poco satisfactorios a nivel de la puesta en escena. La dulzura y el toque nostálgico del texto se ven desfavorecidos por ejemplo, por la participación bastante sobre actuada de Salomé Velasco, que incluso llega a cambiar su voz a un tono poco verosímil para interpretar a su personaje.

Salomé Velasco Carolina Pérez y Carla Yépez. Foto El Apuntador

Salomé Velasco Carolina Pérez y Carla Yépez. Foto El Apuntador

De este modo, desde un inicio, la figura de Vania resulta poco creíble, con lo cual es casi imposible sentir empatía por este personaje que, si bien por momentos resulta gracioso, la mayor parte del tiempo llama la atención por la ausencia de naturalidad. Naturalidad que sí vemos en el caso de Carolina Pérez (Ananú), quien trae un aire fresco a escena, se desplaza con libertad y habla con espontaneidad. Por su parte, el personaje interpretado por Carla Yépez se encuentra en un extraño intermedio. Es como si por momentos se dejase ir con mayor franqueza y luego recordara que está ejerciendo un papel y justamente allí radica el quiebre que resulta, por lo menos, incómodo. Esta sensación de impostación va in crescendo a medida que avanza la obra y los personajes, producto del consumo de alcohol, se vuelven más estridentes.

El resultado es poco favorable y genera que la obra no llegue realmente a conmover, al contrario, al finalizar nos quedamos con el sentimiento de que algo faltó y mucho sobró. Sobró especialmente la cantidad de impasses que Martha Ormaza, directora de la obra, eligió para construirla. Los múltiples cortes de escena a partir de luces que se encienden y se apagan, si bien marcan los momentos en que aparece el fantasma de la madre y dan un toque onírico al episodio, pueden también generar poca fluidezy una continuidad restringida a la obra, además de volverla predecible.

Es precisamente este ‘fantasma‘ de la madre otro de los elementos que devienen en algo poco necesario. El problema no es la presencia de la madre, sino el modo en que esta aparece. Resulta un personaje vacío, que se limita a decir un par de frases que realmente no tienen relevancia a la hora de interpretar los sucesos. Además, el hecho de que aparezca rodeada de tules no refuerza su presencia sino que, al contrario, la vuelve más lejana y menos estética.

Los temas de la consanguinidad, de si esta es suficiente para acercarnos al otro, el olvido, el perdón, el miedo y el dolor se disuelven o, al menos, quedan bastante minimizados. Tres historias del mar pudo ser mucho más. Más profunda, más sutil, más poética y esto no tiene que ver con el texto sino con la interpretación, el manejo de los tiempos y de los recursos teatrales.

Ficha técnica:

Nombre de la obra: Tres historias del mar

Dramaturgia: Mariana de Althaus

Dirección: Martha Ormaza

Actuación: Salomé Velasco, Carla Yépez y Carolina Pérez

Estreno. 13 de julio de 2017

  

 

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