Sabes, aprendí a respirar. Reflexion a partir de la obra Alén. Pablo Roldán
Iris Murdoch sostenía que su imaginación habitaba junto al mar y bajo su superficie. No en la orilla de lo visible, sino en las profundidades. Allí donde la percepción pierde certezas, donde la claridad se vuelve difusa, los sonidos adquieren otra textura y el cuerpo deja de afirmarse como una forma estable para convertirse en una corriente.
Algo de esa experiencia parece atravesar ALÉN, obra del colectivo Glovo. Como si la pieza comprendiera que, dentro del agua, las lógicas que organizan la vida cotidiana pierden vigencia. En Murdoch, el mar aparece como un territorio de apertura: un espacio donde la conciencia se expande en lugar de replegarse sobre sí misma.
Alén. Foto Ana Lucía Zapata FTNS
En la obra, el cuerpo es concebido como un territorio de experiencia y la presencia como un acontecimiento que se manifiesta en él y se despliega en relación con otros cuerpos. De este modo, la experiencia no se reduce a la percepción individual, sino que se construye en una trama de encuentros, resonancias y afectaciones compartidas.
Desde esta perspectiva, los intérpretes configuran una corporalidad permeable, capaz de alojar y poner en circulación memorias, impulsos, gestos, voces y vibraciones. El cuerpo deja de entenderse como una entidad cerrada para convertirse en un espacio de tránsito y transformación, atravesado por múltiples recorridos sensibles que nacen de la experiencia singular, pero que constantemente se extienden hacia otras materialidades y formas de existencia. En ese desplazamiento, la presencia se produce como una práctica de intercambio, exposición y relación con otros cuerpos, objetos y entornos que participan de un mismo acontecimiento.
Alén. Foto Ana Lucía Zapata FTNS
Quizás por eso el agua adquiere un lugar central dentro de la experiencia de ALÉN. En ella no existen espejos ni miradas capaces de dictarnos quiénes debemos ser. Allí, las imágenes que sostienen la identidad pierden nitidez y el cuerpo queda entregado a otras formas de percepción y recuerdo. Construir presencia en performance implica que los performers articulan, en el propio lugar, el acontecimiento de su acción. Es decir, captan fuerzas y producen presencia más allá de la lógica del espectáculo.
Tal vez la memoria del agua nos sobreviva porque conserva aquello que antecede a las palabras: el beat, las RPM —las revoluciones por minuto— y los movimientos que el cuerpo aprendió con tal profundidad que ni siquiera el deterioro de la memoria logra borrarlos. Como ocurre con la memoria procedimental, ciertos gestos permanecen inscritos más allá del relato que podemos construir sobre nosotros mismos. El cuerpo los recuerda incluso cuando la conciencia ya no puede nombrarlos.
Alén. Foto Ana Lucía Zapata FTNS
La danza tuvo que desprenderse de la literatura y de la pintura para encontrar aquello que le pertenece: el movimiento. Durante siglos, la escena estuvo dominada por la representación. Los cuerpos aparecían para mostrar algo distinto de sí mismos: personajes, relatos, símbolos o ficciones. En ALÉN, el movimiento no funciona como vehículo de representación, sino como un campo de experiencia donde el cuerpo se expone a sus propios procesos de transformación.
El término gallego alén remite a un "más allá", pero la obra no lo sitúa en otro mundo ni en un horizonte lejano. Ese más allá acontece en el propio cuerpo, en su capacidad de abandonar continuamente las formas que lo organizan y permanecer abierto a estados todavía indeterminados.
Alén. Foto Ana Lucía Zapata FTNS
Los intérpretes no construyen personajes ni sostienen identidades reconocibles. Habitan zonas de tránsito. Los movimientos aparecen, se suspenden y vuelven a reorganizarse como si cada gesto conservara la memoria de aquello que acaba de desaparecer. El cuerpo no se presenta como una unidad estable, sino como una configuración momentánea de fuerzas, tensiones y afectaciones. La escena no persigue una forma definitiva. Permanece dentro de la transformación.
Quizás allí resida una de las operaciones más precisas de ALÉN: desplazar nuestra atención desde lo que el cuerpo es hacia aquello que el cuerpo atraviesa. Lo común ya no surge de una identidad compartida, sino de una fragilidad compartida. Los cuerpos se encuentran, se sostienen y se separan. Nada permanece fijo. Todo está ocurriendo.
El "más allá" de ALÉN no es un lugar. Es el intervalo donde una forma pierde consistencia y otra todavía no encuentra nombre.
Ficha técnica
Dirección y autoría: Esther Latorre, Hugo Pereira
Coreografía: Esther Latorre
Asistente coreográfico: Hugo Pereira
Asistente de ensayo: Estefanía Gómez
Interpretación: Esther Latorre, Paula Urquijo / Estefanía Gómez, Xián Martínez y Marc Fernández
Asesoría de movimiento (danza tradicional): Iván Villar
Espacio sonoro: José Pablo Polo
Diseño de iluminación: Xacobo Castro
Vestuario: Adolfo Domínguez
Vídeo: Miguel PG – HARRIA PRODUCCIONES, Henrique Lamas
Fotografía: Sabela Eiriz
Producción: Hugo Pereira · Colectivo Glovo
Coproducción con: Centro Coreográfico Galego · Axencia Galega das Industrias Culturais · Xunta de Galicia · Colectivo Glovo · Teatro Ensalle · Concello de Lugo · Concello de Ames · Concello de Carballo · Seattle International Dance Festival · Teatro de Vila Real (Portugal) · Auditório Municipal de Macedo de Cavaleiros (Portugal) · El Palacio. Residencias Artísticas y Acción Cultural de Gijón
Alén explora el instante entre la ruptura y el renacer, cuando dejamos de ser quienes fuimos.
Pablo Roldán : Artista multidisciplinario, director teatral y docente.
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