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Tebas Land: Teatro y realidad. Santiago Ribadeneira Aguirre

Tebas Land. Foto Tamia Oviedo

Tebas Land: Teatro y realidad. Santiago Ribadeneira Aguirre

Tebas Land, la obra del dramaturgo francouruguayo Sergio Blanco dirigida por Ivannia Michelena, se trocó en una extraña decisión en el marco de un esbozo escénico para exhortar al espectador a despojarse de sus simulacros (ideológicos, artísticos, estéticos) y enfrentarse a un envite crucial: escoger entre el teatro y la realidad. Una aparente dicotomía para pensar el famoso argumento de la perplejidad o la vacilación que junta los tiempos de la incertidumbre.

Tebas Land. Foto Ana Lucía Zapata FNTS

Esa es la ‘extraña decisión’ que plantea Tebas Land (estrenada en el contexto de la Fiesta Escénica de Quito de la Fundación Teatro Nacional Sucre) poniendo en juego una disyuntiva en términos de la ‘experiencia propiamente teatral’ (o artística) y la construcción de una certeza, tal vez pretextada de que hay un sentimiento (un deseo) que descubre el ‘magma emotivo de una conciencia’ (J. C. Abad). Además, hay que destacar de la puesta en escena (la escenografía, la iluminación, los apoyos técnicos, la espacialización) aspectos tremendamente significativos: la dirección penetrante y profunda de Ivannia Michelena y las actuaciones concluyentes de Diego Cerda (Martín y el Actor) y Carlos Páez Santi (el Dramaturgo) que se enfrentan al texto y a los personajes premunidos de un gran convencimiento actoral.

Tebas Land. Foto Ana Lucía Zapata FNTS

El resultado está a la vista: un espectáculo de factura artística y estética que sacude la sensibilidad y le obliga al público a construir una reflexión sobre la realidad, la culpa y el duelo, desprendiéndose del peligro siempre latente del ‘éxtasis mimético’ y la nada de un pensamiento impersonal y vacío. Los personajes de Tebas Land, Martín, una persona privada de libertad (PPL) sentenciada por parricidio y un dramaturgo que investiga el caso para escribir y montar la obra, son los epónimos de Job y Edipo como expresiones directas de una humanidad sin horizontes claros, mutilada por el sistema y el poder económico.

Tebas Land. Foto Ana Lucía Zapata FNTS

En la visión de Michelena y del equipo creativo, la obra de Blanco tensa el   enfrentamiento entre la experiencia escritural/testimonial y la ficción que sitúa un principio de ambigüedad, necesario para el desentrañamiento de un conflicto que involucra el contenido autoficcional, como la veracidad del convicto Martín, expresión de la violencia doméstica y la violencia estructural, extrema del sistema de rehabilitación social.

El joven parricida es un ser solitario, insomne, que nunca cesa de invocar la relación conflictiva con su padre, que ya no es capaz de encontrar un principio de identidad (juega básquet todas las tardes en uno de los patios de la penitenciaria), capturado en la persona ficta en que ahora se ha convertido. El dramaturgo intenta descifrar o entender la experiencia y la soberanía del sujeto investigado que necesita encontrar la verdad escondida. Y, su propia verdad, una suerte de abyección creativa que le despierta más titubeos que convicciones sobre la condición humana.

Tebas Land. Foto Tamia Oviedo

También es un ‘intercambio’ (los actos de reciprocidad se hacen evidentes a través de la música, citas de libros y autores) de puntos de vista sobre la vida y la muerte, bajo la postura de una imaginaria heroicidad postergada.  Martín es el ‘héroe postrágico’ que se ve a sí mismo hipostasiado por las circunstancias, que se perfeccionará en la recreación de una historia todavía no contada, y porque él, su autor y el actor, han aceptado el signo de una ‘unción sacrificial’ que derivará en situaciones a la vez irrisorias e enigmáticas. 

De esa manera surge una continuidad elíptica entre el dramaturgo y el parricida; y entre el dramaturgo y el actor que va a encarnar a Martín. El lenguaje establece sus propias vertientes de comunicación, para que esos acercamientos rompan el exceso de una posible locuacidad caprichosa que está en los ensayos de la obra o en los encuentros con Martín en la cancha de básquet.

Tebas Land. Foto Ana Lucía Zapata FNTS

Es un modo de ser para producir un centro primordial de voces que se cruzan y se intersecan, porque también son modos de pensar. Martín, como en Job, le descubre al escritor que hubiera preferido no haber nacido. Y, además, asume la culpa por la muerte inesperada de su madre: “¿Por qué no morí al salir del seno y no expiré al salir del vientre?” (Job, 3.3 La sagrada familia). Los personajes de Martín, el actor y el dramaturgo, saben que nunca podrán arribar al convencimiento de nada: la definición de ‘ser humano’ está atravesada por los principios y las creencias de cada uno que, sin embargo, terminan sometiéndose al vaciamiento de toda certidumbre, incluso de la de ‘ser o no ser’, existencias que se encuentran en los excesos de una ficción que les desestabiliza en el espacio de la indecisión.

El deseo acuciante del dramaturgo ya no es terminar la obra para mostrarle al público (y al parricida), sino dejar que en el imaginario del espectador regrese o se instale la sordidez de una realidad que debe ser descifrada desde la ‘contemplación y la escucha’ (Beckett). Los puntos de carencia son los renglones de la representación que se pierden, empujados por una disyuntiva última, que los observadores de afuera tendrán que descifrar: estar en el arte, como protagonistas, constructores de sentido o ‘regresar’ a la realidad y accionar la vieja mecánica de las contradicciones.

Martín, el parricida, aspira a visitar la tumba de su padre con el permiso y autorización de la autoridad pertinente, y ese acto singular, solo puede ser entendido como el gran milagro de vida que va más allá de cualquier arqueo biográfico o semblanza individual.

Ficha técnica 

Dirección: Ivannia Michelena Ordóñez

Dramaturgia: Sergio Blanco

Asistencia de Dirección: Indira Reinoso Elenco: Carlos Paez Santi y Diego Cerda

Diseño de escenografía: Carla Puente

Diseño de iluminación: Santiago Vergara

Diseño de vestuario: Karla Garzón

Creación sonora: Juan Benítez

Creación audiovisual: Paula Paez

Fotografía y vídeo: Duvver Kirchenbug

Producción general: Andres Viera

Asistente de producción: Efraín Raza

Comunicación: Gabriel Caicedo

Diseño grafico: Micaela Mogro

Community Mánager: David Saltos Vaca

Prácticas culinarias de desamor. Carmen Elena Jijón

Prácticas culinarias de desamor. Carmen Elena Jijón